El tránsito del morbo a la nada
Diputación Crisis en el seno de UCOR
Los dos diputados provinciales de Unión Cordobesa, Rafael Gómez y Carlos Baquerín, ni siquiera se dirigieron la palabra ni cruzaron la mirada en una sesión plenaria tensa
El que esperara al empresario Rafael Gómez en estado puro ayer en la Diputación se equivocó de día. Había expectación por ver qué pasaba en el grupo provincial de Unión Cordobesa en el primer pleno en el que el propio Gómez se encontraría cara a cara con el portavoz de su grupo en la institución provincial, Carlos Baquerín, después de unos días de acusaciones y de reproches entre ambos que han sumido a UCOR en una crisis cuya solución parece casi imposible a día de hoy.
Como de costumbre, Baquerín acudió puntual a su cita con los periodistas previa al plenario y despachó como siempre, si bien precisó que para que se cumpla la petición de Gómez de relevarle a él en la portavocía de Unión Cordobesa en el Palacio de la Merced tendría que ocurrir que Baquerín aceptara esa solicitud, que llegara a un acuerdo con su compañero de formación o -lo dijo en tono irónico- que falleciera, si bien "no se dan ninguna de las tres", matizó.
Sin más, el diputado de UCOR se marchó de la sala de prensa y dio el relevo al portavoz de IU, Francisco Martínez, quien se encontró con la sorpresa de la irrupción de Gómez y un grupo de sus seguidores -incluidos los concejales del Ayuntamiento de Córdoba Aurora Aguilar y Juan Miguel Alburquerque- en la sala de prensa, pues creían que Baquerín aún estaba dentro. "¡Ah, ya ha terminado!", se escuchó, y de inmediato, el empresario de Cañero se dirigió hasta las dependencias de su grupo en el Palacio de la Merced, previo aviso de algunos de sus acompañantes de que el líder de UCOR hablaría con los medios después del Pleno.
Este gesto del empresario cordobés generó más expectación aún sobre cómo se desarrollaría la sesión plenaria de julio y de si haría uso de la palabra en la misma, algo que sólo ha ocurrido en una ocasión en lo que va de mandato. No obstante, antes de ocupar el salón de plenos, Gómez pasó por el despacho de la presidenta de la Diputación, María Luisa Ceballos, con quien mantuvo una conversación de la que poco ha trascendido, pero que se ve que tuvo su efecto, o al menos eso se presupone tras comprobar el comportamiento posterior del presidente de Unión Cordobesa, que siguió sin abrir la boca.
El de Cañero entró en el plenario antes que Baquerín y su nutrido grupo de acompañantes se fue acomodando en los asientos del público. Sólo unos minutos después llegó el portavoz de Unión Cordobesa. La expectación se tornó en silencio y el sonido de los flashes de los informadores gráficos comenzó a retumbar en la sala. Sin embargo, ni siquiera se miraron. Gómez y Baquerín ocuparon sus escaños y esperaron pacientemente que los fotógrafos tomaran una imagen tras otra. Sólo entonces el de Cañero rompió su silencio para decir a los reporteros que "sois maravillosos". Nada más.
Como de costumbre, Carlos Baquerín ejerció de portavoz en todas las intervenciones, cuidando mucho el lenguaje y recurriendo siempre al giro "nosotros pensamos" o "nosotros creemos".
En el gobierno del PP también había tensión, en este caso por el temor a que el enfrentamiento entre los dos diputados provinciales de Unión Cordobesa derivara hacia unos derroteros en los que se viera implicada la Diputación. De hecho, la petición del presidente de UCOR de relevar a su portavoz se trató en el punto referido a informes de la Presidencia, por lo que Ceballos despachó el asunto en sólo unos segundos. Fue visto y no visto
Así, sólo apuntó que será en el Pleno del 30 de julio cuando se aporte un informe de los servicios de Secretaría del Palacio de la Merced en torno a este tema. Asunto despachado. Se levantó la sesión y sus señorías dejaron sus escaños. Gómez se fue sin decir nada acompañado por sus seguidores y el Gobierno provincial respiró tranquilo. Al final, la expectación y el morbo quedó en nada, pero la sensación es que esto no ha hecho más que empezar. O eso parece.
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