Puerto del Calatraveño

Cuando el oro líquido se convierte en quincalla

  • El precio del aceite de oliva cae de manera alarmante sin que las administraciones o los partidos tengan en su agenda medidas ni propuestas concretas para revertir esta situación

Manifestación que tuvo lugar el viernes en el Bulevar Gran Capitán de la capital. Manifestación que tuvo lugar el viernes en el Bulevar Gran Capitán de la capital.

Manifestación que tuvo lugar el viernes en el Bulevar Gran Capitán de la capital. / Juan Ayala

Es el ingrediente clave de la dieta mediterránea, el sustento económico de la mayoría de municipios cordobeses, fuente de empleo, producto clave en la balanza comercial de la provincia, píldora de salud. Y, sin embargo, algo no se debe estar haciendo bien para que el precio del aceite de oliva haya caído a niveles que suponen, directamente, la ruina de los productores, como este viernes ha advertido la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) con un desayuno molinero protesta en el bulevar del Gran Capitán. El oro líquido transformado en quincalla, como el resultado de los trucos de un alquimista errático.

Allí, a dos pasos de la Junta de Andalucía, las principales instituciones económicas y a un paseo de la Subdelegación del Gobierno, medio centenar de olivicultores advirtieron de que el sistema actual no se sostiene pese a que no haya familia cordobesa que no guarde en su cocina una botella de buen aceite de oliva. La UPA repartió medio centenar de joyos en un momento en que los partidos políticos se encuentran en plena precampaña y concentran todos sus mensajes en las próximas citas con las urnas. Quitando las municipales, pues poco pueden hacer los ayuntamientos para regular este sector, las europeas y las generales pueden ser claves para el devenir del olivar.

Sobre todo las europeas, unas elecciones que muchos ciudadanos aún siguen viendo con distanciamiento y que los principales partidos parecen utilizar para poco más que situar a determinados representantes como premio a los servicios prestados. Sería clave conocer cuáles son sus propuestas concretas para el olivar andaluz y español, qué medidas quieren llevar a Bruselas para intentar controlar unos precios que ahora quedan al capricho de la gran distribución y de las cadenas de supermercados, qué propuestas tienen para que el trabajo del agricultor deje de ser una profesión de alto riesgo económico. Ya sabemos demasiado sobre lazos amarillos, es hora de salir a la calle y de plantear medidas que, de verdad, mejoren el día a día de los ciudadanos o, al menos, lo intenten.

Porque la situación es grave. El precio actual del litro de virgen extra en origen apenas supera los 2,40 euros; el virgen se paga a 2,20 euros, mientras que el lampante está por debajo de los dos euros. “Un precio medio de 2,30 euros el litro, que es el que hay ahora, es una ruina ya para el sector, que está soportando unos costes de producción de aproximadamente 2,70 euros”, en palabras del secretario general de la UPA en Córdoba y Andalucía, Miguel Cobos.

Una de las principales reivindicaciones apunta directamente a la Unión Europea, con competencia para regular los precios de desencadenamiento del almacenamiento privado de aceite. Los precios, sin embargo, son “obsoletos” en palabras de la UPA, pues se fijaron hace ya dos décadas: no se desencadena hasta llegar a tres semanas por debajo de 1,78 euros el litro en el caso del virgen extra. Lo que el sector define como una “ruina total”, sin paliativos.

La administración europea tampoco permite, por asuntos de competencia, que el propio sector se autorregule. UPA, no obstante, está pidiendo que, a través de la interprofesional del aceite de oliva, y por una extensión de norma de obligado cumplimiento en todo el sector, se pueda retirar del mercado una parte de la producción en campañas de gran volumen. La idea es sacarla al mercado en las campañas pequeñas para lograr la estabilización de los precios, lo que ahora tampoco se puede hacer.

Las otras patas del banco que los agricultores juzgan defectuosas son la distribución y la industria, al igual que ocurre en el caso del cítrico y de tantos otros cultivos. La Unión de Pequeños Agricultores interpreta que a la distribución y la industria les interesan los precios bajos. A la primera, para utilizarlo como gancho, como reclamo para el consumidor, para que llene la cesta de la compra con otros productos y ganar de esta manera. A la industria, más de lo mismo: envasa su aceite barato comprado en España y lo vende en otros países multiplicando el precio por diez. La ganancia, de esta manera, no repercute en el productor, sino en el intermediario, con todo lo que esto supone. Así, mientras algunos se hacen de oro con el aceite, otros apenas tienen para quincalla.

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