Subbética

Las Bodegas Víbora de Lucena: un patrimonio autóctono entre el apogeo y la recesión

  • El Ayuntamiento adquirió este edificio, en 2007, por 1,6 millones y, posteriormente, un proyecto de la escuela taller absorbió otros 1,2

  • La imagen actual de este edificio del siglo XIX combina ausencia de muros originales, deterioro creciente y deslucimiento general

  • La carencia de recursos económicos, en los tiempos más recientes, han impedido la rehabilitación de este complejo arquitectónico

Exterior de las Bodegas Víbora de Lucena Exterior de las Bodegas Víbora de Lucena

Exterior de las Bodegas Víbora de Lucena / M. González

17 millones de euros. Es el promedio anual de ingresos que percibía la desvanecida gerencia de Urbanismo de Lucena en los opulentos albores de la primera década de este siglo. Algo menos de la mitad del actual presupuesto global de la administración local. La frenética actividad empresarial e industrial reflejaba una pujanza desconocida en el aluvión de licencias y tributos engarzados a una construcción exacerbada.

En un contexto de optimismo desmedido y fervor económico –en algunos foros denominaban a Lucena como La Suiza del Sur-, el Ayuntamiento aprobó, por unanimidad, en el año 2001, un Plan General de Ordenación Urbana que confería una máxima protección a tres inmuebles del término municipal: un palacete barroco ubicado en la calle Condesa Carmen Pizarro; los alfolíes ducales del Paseo del Coso; y las antiguas Bodegas Víbora. Una catalogación excepcional que exigía al Consistorio adquirir los edificios sí así lo requerían sus propietarios.

La familia titular del complejo vinícola de la avenida del Parque solicitó, en 2003, su expropiación, dos años después de convalidarse el PGOU y el Ayuntamiento hubo de comprar esta edificación del siglo XIX, de “de alto valor arquitectónico y tecnológico”, de acuerdo a su calificación en la ficha correspondiente, por 1,6 millones de euros, cantidad estipulada en el justiprecio pertinente.

El desvanecimiento de las primeras intenciones municipales –habilitar dependencias administrativas o auspiciar iniciativas privadas de restauración, turísticas o comerciales- presagiaron la concatenación, aún imperante, de proyectos frustrados.

Aproximadamente un lustro después,  la consecución de financiación europea, encauzada a través de la Junta, propició la implementación una actuación formativa de una escuela taller finalizada de forma abrupta e infructuosa. La inversión alcanzó los 1,2 millones y el balance osciló entre la polémica política y el desencanto compartido.

La depresión económica impide su reconstrucción

Las recias restricciones económicas posteriores y los vaivenes sucesivos han derivado en una apariencia desoladora e impropia de un “magnífico ejemplar de la ingeniería industrial local”, como lo define el PGOU. El desplome de muros y paramentos, la pérdida de elementos estructurales y el avance incontrolado de vegetación y suciedad dibujan una instantánea lastimosa que observan con resignación las dos palmeras que anticipaban una nave central icónica.

Concejal de Obras y Urbanismo en el ciclo corporativo 2011-2015 y actual portavoz de IU, Miguel Villa opina que, “sin duda, ha habido una dejación pública”. Tanto en las oposiciones como en los equipos de gobiernos de consecutivos mandatos, asumiendo su propia responsabilidad, ha observado “un desinterés absoluto por recuperar las Bodegas Víbora”. Para Villa, ningún munícipe “situó esta reconstrucción como una actuación prioritaria por su coste elevado”.

Interior de las antiguas Bodegas Víbora Interior de las antiguas Bodegas Víbora

Interior de las antiguas Bodegas Víbora / M. González

La reconversión en un museo de la Semana Santa de Lucena continúa sobresaliendo como la opción preferente, en este emplazamiento, compuesto por cinco naves de pilares que soportan un artesonado, de José María-Morillo Velarde Seco de Herrera, edil y portavoz del PP, respectivamente, entre 2007 y 2015. Al rebobinar sobre los acontecimientos consumados, aprecia como “lo más grave” la permisividad en el permanente deterioro de la fachada, “que se supone que había que proteger”. Antes de acordar uso alguno, insiste en anteponer, como propósito preeminente,  “mantenerlo, respetarlo y restaurarlo”, conservando “lo esencial y su imagen exterior originaria”. En este sentido, apunta a la posible concurrencia de responsabilidades administrativas “por dejar que se esté deteriorando de la manera que está”. Recuerda que la escuela taller efectuó trabajos en la singular sacristía semicircular y en sus botas de vino, aunque “no llegaron a tocar nada de la nave principal”.

El acervo genuino que dimanaban vinos como La Barrera, Ana María o Los Donceles, desde una bodega con importante expansión exterior, se diluyó como otras tantas empresas de este sector de referencia, laboral y cultural, e indisociable de la historia reciente de Lucena.

El Ayuntamiento únicamente aborda actuaciones puntuales

La insuficiencia de recursos económicos es el único motivo que expresa José Cantizani, concejal de Hacienda y Obras y Urbanismo, entre otras áreas, en los últimos gobiernos socialistas, cuando argumenta el freno a cualquier propuesta. “Esperábamos contar con ella –subvención europea-, pero no hubo esa opción”. Sí resalta que, en el año 2016, una intervención afrontó la consolidación, conservación, limpieza y adecentamiento de la entrada y la puerta, así como la poda de árboles y limoneros. El peligro de derrumbe de un lateral precipitó esta actuación.

Cantizani calcula en unos dos o tres millones el móntate mínimo preciso para adecuar integralmente el edificio. “La idea era haber llevado allí la jefatura de la Policía Local y en estas dependencias, localizadas enfrente, construir un aparcamiento.

Los episodios más próximos narran el aplazamiento, al menos hasta el próximo año, por imposibilidad económica, del concurso de ideas planificado por el Ayuntamiento. Esta convocatoria determinaría el futuro de estas antiguas bodegas. El PP sigue abogando por el levantamiento de un centro de día de mayores y denuncia, cíclicamente, la presencia de roedores y los pestilentes olores que despide hacia los bloques contiguos. El equipo de gobierno reitera que, por la fisonomía del inmueble y su entorno, el riesgo es inexistente para los viandantes y anuncia otra intervención puntual y exclusivamente destinada a eliminar los problemas de salubridad y de estabilidad más acuciantes.

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