Los Pedroches

El grito de auxilio de Fuente La Lancha, el municipio más pequeño de Córdoba

  • El Ayuntamiento se queda sin recursos para pagar la factura del gasoil de la caldera del colegio

  • En 2020 no nacerá ningún bebé y la única oficina bancaria que había cerró en el mes de enero

  • El alcalde reconoce el abnegado trabajo de los lanchegos para que el municipio salga adelante 

  • Más información: A la venta la casa de Juan Palomo, mito del bandolerismo en Córdoba

Panorámica de Fuente La Lancha desde la torre de la iglesia de Santa Catalina. Panorámica de Fuente La Lancha desde la torre de la iglesia de Santa Catalina.

Panorámica de Fuente La Lancha desde la torre de la iglesia de Santa Catalina. / Sánchez Ruiz

Nacer en Fuente La Lancha es una anomalía. El municipio más pequeño de la provincia de Córdoba, con 351 habitantes a 1 de enero de 2020, sobrevive a orillas de la A-422, la carretera que lo conecta con Hinojosa del Duque y Pozoblanco, en el corazón de Los Pedroches, y le bombea algo de sangre. "En 2019 tuvimos dos nacimientos, pero 2020, si nadie lo remedia, terminará sin ningún bebé", advierte el alcalde, el socialista José Chaves. Dar a luz es ya un acontecimiento en la localidad, que agota los días a un ritmo demasiado plácido, casi mortecino. Porque lo que en otros municipios es rutina y cotidianidad, en Fuente La Lancha es una excepción.

Como tener un hijo. Como ir al banco. Como comprar pescado o ir a por el periódico. Como encender la caldera del pequeño colegio rural dedicado a Santa Catalina, donde los pocos niños que crecen en este rincón pedregoso del Norte de Córdoba conviven en un par de aulas. Son cosas que ya no se pueden hacer en Fuente La Lancha, que en 2020 cumple dos siglos de su independencia de Hinojosa del Duque y su nacimiento como villa. 

El fantasma de la despoblación, de la que tanto se habla estos días en los centros de poder, es aquí el vecino de al lado. Las casas que se vacían y se quedan en ruinas. Los mayores que fallecen sin que lleguen los jóvenes. No hay una generación Millennial en Fuente La Lancha. Y no habrá una generación Z. Aunque lo que más le preocupa estos días a Chaves, con urgencia, es revertir la situación financiera del Ayuntamiento, que hoy por hoy es el único motor económico del municipio: "Llegó el invierno y no teníamos dinero para el gasoil de la caldera del colegio. Y nos quedamos sin papel higiénico", confiesa en lo que es un grito de auxilio del vecindario al completo.

El Consistorio lanchego cuenta con un presupuesto municipal de 580.000 euros, el más bajo de toda la provincia de Córdoba, lo que en otros sitios apenas daría para arreglar un par de calles. En 2019, incumplió el techo de gasto: "A finales de año ingresamos una subvención, y este dinero pasa directamente al capítulo de gastos del Ayuntamiento pero no se computa como ingresos. Así que provoca un desnivel importantísimo", explica el alcalde. Fuente La Lancha, atenazado por la ley de estabilidad financiera aprobada años atrás con Mariano Rajoy en la Moncloa, se quedó sin poder facturar. Y no es que no haya dinero, aclara el alcalde: "En el banco tenemos 200.000 euros, pero no se pueden tocar".

"Cuando llegó el frío y fuimos a encender la caldera del colegio, nos encontramos con que no había gasoil. Y como no podíamos hacer facturas, no era posible comprarlo", dice; el gasto en combustible apenas suma mil euros pera las dos aulas. Por la noche, encendían la máquina de aire que en verano sirve para refrescar el centro con la idea de que, cuando los niños llegaran por la mañana, la temperatura fuese la adecuada. Ya en clase, conectaban la caldera. El 10 de diciembre el combustible se agotó.

El alcalde, segundo por la izquierda, conversa con unos vecinos. El alcalde, segundo por la izquierda, conversa con unos vecinos.

El alcalde, segundo por la izquierda, conversa con unos vecinos. / Sánchez Ruiz

También faltó el papel higiénico en el colegio, en el Ayuntamiento, en el centro Guadalinfo que es como una ventana al exterior. "La solución ha sido hablar con los comercios para que nos lo facturen en 2020", confiesa. Son apenas 300 euros, lo que en cualquier otras administración apenas serviría para unos regalos protocolarios y que aquí era imposible afrontar por una normativa que el alcalde considera "asfixiante". Así que el escaso presupuesto municipal se ha prorrogado en 2020, con la única esperanza de que la Diputación de Córdoba incluya a la localidad en la primera remesa de planes provinciales de este mandato, que supondrá un desembolso de 370.000 euros y que irán íntegros a las obras de la residencia de ancianos, en la que el primer edil confía como única esperanza para la subsistencia del municipio.

Porque Fuente La Lancha no es únicamente el municipio de menor población de la provincia. O el que cuenta con un presupuesto municipal más menguado. Sino que también es el más pequeño en términos de superficie, apenas siete kilómetros cuadrados aprisionados entre Villanueva del Duque e Hinojosa, resultado de una historia azarosa. "No pueden venir empresas porque no hay polígono industrial. No tengo Plan General de Ordenación Urbana. Las normas son iguales para todos los ayuntamientos, ya sea Fuente La Lancha, Lucena o Córdoba, y aprobar un PGOU nos obliga a hacer reservas de suelo para espacios verdes, dotacionales... No lo podemos asumir", lamenta el alcalde.

Los vecinos siguen viviendo de la agricultura y la ganadería, como lo han hecho históricamente, aunque el término es tan pequeño que las granjas y los campos de cultivo se encuentra en Hinojosa del Duque, explica el alcalde, quien reconoce la labor entregada de los lanchegos y las lanchegas para que el pueblo siga adelante.

La esperanza de la residencia de mayores

Las obras de la residencia son un proyecto faraónico que arrancaron en 1991, en plena burbuja económica. El Ayuntamiento invirtió durante ocho años seguidos, pero los cambios de normativa sobre la asistencia a mayores hicieron que, siendo solo un cascarón, el proyecto se quedara desfasado. La puntilla la dieron la crisis y el cambio de criterio de la Junta al negar el concierto de nuevas plazas, por lo que el Consistorio optó por aparcar la iniciativa. Los atisbos de recuperación y el interés mostrado por Prode insuflan ahora nuevos aires a la residencia y el Ayuntamiento ha entregado una memoria al Servicio de Arquitectura y Urbanismo (SAU) de la Diputación, que determinará qué trabajos quedan por hacer.

La factura del proyecto suma ya 2,5 millones de euros, y quedaría pendiente una inversión aproximada del 30% de lo gastado, es decir, el equivalente a dos veces lo que a Fuente La Lancha le corresponde del reparto de los Planes Provinciales. Ocho años como mínimo si se confía únicamente en la inversión de la Diputación. Luego habría que concertar alguna de las 42 plazas con la Junta de Andalucía. Y entonces se abrirían sus puertas.

Los días y las estaciones pasan mientras tanto en Fuente La Lancha. Los jóvenes buscan trabajo fuera y los parroquianos se reúnen en el bar del pensionista, el único que queda abierto -hace años, eran cuatro-. Todo el comercio puede enumerarse en realidad con los dedos de una mano (y sobran dedos): una farmacia y dos tiendas de comestibles. Los lanchegos se dividen entre quienes compran el pan en una de ellas, que lo trae de El Viso, y quienes prefieren el de la otra, que lo trae de Villanueva del Duque. El pescado llega solo los jueves. Y, en enero, Cajasur cerró su oficina de la plaza de Sotomayor y Zúñiga.

El pueblo lo vivió como una afrenta: "Queríamos hacer una propuesta, negociar. Pero se limitaron a poner un papel en la puerta anunciando el cierre y un día vino un camión y se lo llevó todo", relata "molesto" el alcalde, que es también vicepresidente de la Mancomunidad de Los Pedroches. Los vecinos tienen que desplazarse desde enero a Villanueva del Duque, a cinco kilómetros, para hacer sus gestiones. "La banca pública sería una buena solución", propone.

"Excepto la Diputación, las demás administraciones no se están involucrando nada para que estas cosas no pasen. Los pueblos pequeños estamos abandonados, nadie nos ayuda", se queja el alcalde, que apunta ahora al consultorio médico como otro de los servicios que -intuye- corre el riesgo de desaparecer. Porque el médico que revisa desde hace más de una década la salud de los lanchegos, Franscisco Javier Ruz, se jubila el próximo año. Vivir empieza a ser una anomalía en Fuente la Lancha.

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