Adamuz tras la tragedia: la vida que vuelve entre olivos y recuerdos

La localidad del Alto Guadalquivir regresa muy poco a poco a la normalidad tras una semana intensa presidida por vivencias que siempre quedarán en la memoria y de la que fue protagonista

Funeral por las víctimas del accidente de trenes de Adamuz: Cuando los ángeles lloran

Letras corpóreas de entrada a Adamuz con vecinos al fondo
Letras corpóreas de entrada a Adamuz con vecinos al fondo / Miguel Ángel Salas

Una semana ya de la tragedia y sigue totalmente presente lo ocurrido. El fatídico accidente ferroviario que en la tarde del pasado domingo 18 de enero implicó a dos trenes, un Iryo y un Alvia, sigue muy vivo en la memoria colectiva.

Pero Adamuz ha empezado a comprender, no le queda más remedio, que esos duros momentos vividos tienen que ser compatibles con seguir. Que la vida no pide permiso para continuar tras esa tragedia que ha dejado 45 personas muertas y esa humana e inmensa solidaridad de todo un pueblo que se volcó en ayudar a los heridos en un escenario tan dantesco que ha dejado secuelas.

"Es muy complicado recuperarse, muchos vecinos me insisten en mi tienda; algunos me dicen que la recuperación la están llevando mal, muy mal", indica Sebastián Jiménez, quien regenta un establecimiento de muebles en Adamuz.

"Muchos de los vecinos llegaron a la zona cero con la adrenalina totalmente subida, con el corazón dispuesto a ayudar y, después de ayudar, cuando en sus casas intentaban dormir, aparecían esas duras imágenes, muy duras. Eso es muy difícil quitárselo de la cabeza. Hay quien va a necesitar, tal como me han dicho, ayuda psicológica. En esta situación, en Adamuz intentamos ayudarnos unos a otros", refiere antes de entrar en la misa funeral que por las víctimas va a presidir el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, en la caseta municipal de la localidad, que tras el siniestro se convirtió en un hospital de campaña.

Desde hace unos días, en este municipio del Alto Gudalquivir las mañanas vuelven a parecerse a las de antes. En la cooperativa Nuestra Madre del Sol, la actividad es ya constante. El sonido de la maquinaria, el olor del aceite recién molturado, el ir y venir de remolques cargados de aceituna componen una escena reconocible en plena campaña olivarera. “Aquí el trabajo marca el tiempo. Y el tiempo estaba parado”, destaca Rafael, uno de los 900 socios de esa cooperativa, entidad que es uno de los motores económicos de Adamuz, una de las cunas del olivar de sierra.

La campaña de la aceituna ha devuelto al municipio un ritmo firme. En los olivares, los mantones se extienden bajo los árboles y las varas golpean las ramas con una cadencia que se repite desde hace generaciones. Se habla de kilos, de rendimiento, de si este año la aceituna viene más pequeña. Se habla de todo lo de siempre. Y, a ratos, también se habla de lo otro.

Porque ahora siempre se habla de lo otro, de lo que no se olvida ni, como relatan los vecinos, jamás se podrá olvidar nunca. "Se nos está haciendo muy difícil recuperar la normalidad; porque hay imágenes que no voy a olvidar en mi vida", refiere Gonzalo Sánchez, uno de esos héroes -"yo de héroe no tengo nada", quiere dejar claro- que en su caso ayudó a evacuar heridos desde la zona cero con su quad. Él ayudó a salvar la vida de 15 personas.

"Hoy estoy muy contento porque acabo de conocer a una familiar de una de las personas a las que subí en mi quad", insiste este vendedor de la ONCE. Esa familiar que estuvo presente en la misa funeral por las víctimas es Inmaculada González, la tía de José María González, quien aún permanece ingresado curándose de sus heridas en el Hospital Cruz Roja de Córdoba. "Poco a poco nos estamos recuperando, a la par que lo está haciendo él, porque lo hemos pasado fatal, sin saber dónde estaba José María; para los familiares como nosotros también está siendo muy difícil superar lo que ha ocurrido y jamás podremos olvidar esos momentos de tanta angustia con todos, en nuestro caso, por ejemplo, todos nuestros familiares en Huelva", refiere Inmaculada.

Vecinos de Adamuz
Vecinos de Adamuz / Miguel Ángel Salas

La normalidad se recompone a otro ritmo

En el casco urbano de Adamuz, la normalidad se recompone a otro ritmo. Los comercios han retomado su actividad habitual. Las panaderías vuelven a llenarse temprano, las tiendas abren con la rutina de siempre, los bares recuperan el murmullo de las mañanas, tardes y noches. Y los niños continúan preguntando en la escuela sobre el suceso. Al principio, hablar de cualquier otra cosa parecía algo así como una falta de respeto. Hoy, nadie lo vive así.

No obstante, aquellos primeros días posteriores al accidente siguen vivos en el relato común del pueblo. Cómo los vecinos acudieron sin pensarlo, cómo se abrieron casas incluso para hospedar a los damnificados, cómo se ayudó a las víctimas del Iryo y del Alvia sin preguntar nada. “Eso no se olvida”, dice José Manuel Sánchez. “Pero ahora lo recordamos con otra calma. Con orgullo también”, añade.

Recuerdos tan vivos como los de Emilia Boyero. "Es la segunda vez que vivo algo tan dramático. Mi hija viajaba en uno de los trenes que sufrieron los atentados del 11-M, se llama María Gallego, afortunadamente no le ocurrió nada, pero fueron momentos de un inmenso sufrimiento hasta que conseguí hablar con ella", cuenta. Emilia sostiene que, como en aquel entonces, ante situaciones vividas al límite, "una no se recupera nunca del todo. Es muy difícil, pero en mi caso soy muy creyente y me puse en las manos del Señor y poquito a poquito".

Y es que, a una semana vista, Adamuz no ha dejado atrás la tragedia del Iryo y el Alvia y sus vecinos defienden que jamás la dejarán. No ha olvidado a quienes sufrieron, ni aquellos días en los que el pueblo se volcó sin pedir nada a cambio. Pero ha comprendido algo esencial: la normalidad no consiste en borrar lo vivido, sino en aprender a caminar con ello. Entre aceitunas, trabajos cotidianos y gestos simples, el pueblo ha reaprendido a respirar, a hablar, a reír. Y en ese acto, silencioso y firme, reside la verdadera dignidad: seguir adelante sin olvidar.

Todo ello en una jornada en la que los últimos restos de los vagones del tren Alvia implicado en el accidente han sido retirados de las vías, después de que en la jornada del sábado los vagones del Iryo que no estaban afectados por la colisión fueran trasladados por la vía de alta velocidad en dirección Madrid.

Los restos de los tres vagones del Alvia que sufrieron el impacto con el Iryo han sido troceados en los últimos días, primero en la búsqueda de las víctimas y después para poder ser trasladados de las vías. Esa labor se ha llevado a cabo durante las últimas horas.

Bogie del Iryo precintado tras su recuperación.
Bogie del Iryo precintado tras su recuperación. / Salas / Efe

Durante la jornada del sábado, agentes de la Guardia Civil estuvieron recabando pruebas y haciendo fotografías en la zona, antes de dejar las vías sin restos del convoy. Por otra parte, los tres vagones del Iryo que descarrilaron se encuentran precintados por la Guardia Civil en las inmediaciones de la zona cero, al igual que el bogie que se encontró en un arroyo cercano, sin que hayan sido trasladados por el momento.

Una jornada este de domingo en la que el obispo de Córdoba ha destacado antes de la misa funeral que ha presidido que, “tanto la parroquia de Adamuz como todos los vecinos de este pueblo han hecho un despliegue impresionante y ahora es momento de abrazar a las familias, mirar al cielo con la memoria de los fallecidos y continuar. Para continuar necesitamos fe, comunión y fraternidad”, la misma humana fraternidad que han demostrado los adamuceños como ejemplos del buen samaritano bíblico del Nuevo Testamento.

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