La tribuna

Muñoz Molina, volver a Mágina

Muñoz Molina, volver a Mágina
Rosell

Periodista Y Escritor

Si la edad es la grapa del tiempo sobre la existencia de cada uno de nosotros, este 2026 es para el escritor Antonio Muñoz Molina (Úbeda, 1956) el año que pareciera incrustar su huella y su grapa en la larga andadura de la vida y la literatura. El pasado 10 de enero, en el ciclo íntimo del invierno, Muñoz Molina cumplió 70 años.

Este 2026 tiene mucho de heraldo celebratorio. A uno le agradaría pensar que así lo cree el propio autor si la veladura del ánimo no se lo impide. Se cumplen 40 años de la publicación –invierno de 1986– de Beatus Ille, su primera gran novela. También se cumplirán 35 años de la concesión del Premio Planeta por El jinete polaco y 20 de la aparición de El viento de la luna. Estas tres novelas, inspiradas en la vividura de los orígenes, forman parte del llamado ciclo de Mágina, espacio real y maqueta literaria de su Úbeda natal. Con no ser poco el festín de aniversarios, también en 2026 se cumplen otros 40 años de su libro de artículos Diario del Nautilus y 30 desde el ingreso de Muñoz Molina como joven académico en la RAE.

En el entretanto de los años, el escritor ha hablado y escrito acerca de Mágina como ámbito de recordación novelada, “ese espacio virtual que sirve para proyectar ficciones”. Primer editor antaño de aquella joven voz de provincias, habla Pere Gimferrer de Mágina como la “región de la metáfora”, más que como territorio concreto, descifrado por el callejero y la toponimia al uso. Con ser una maqueta, Mágina es más bien un relicario físico del tiempo y el espacio en la obra inicial del autor.

Decía Pablo Valdivia (con ocasión del 30º aniversario de Beatus Ille diez años atrás) que Mágina, en aquella su primera novela, no invitaba a pensar en un condado de ficción propia (Comala en Juan Rulfo, Macondo en García Márquez, Yoknapatawpha en Faulkner, Santa María en Onetti). Mágina, en el bosquejo de Beatus Ille (Dichoso aquel), sólo daba nombre a un hotel, al que Muñoz Molina, todavía virgen y desconfiado de sí, no sabía si darle siquiera rango de hotel o de simple hostal.

Beatus Ille, El jinete polaco y El viento de la luna formaron lo que uno llamaría como “el realismo mágino” en la obra de Muñoz Molina. Sobre todo en las dos primeras (en la última se recrea más la casa de la niñez y la adolescencia en el barrio de San Lorenzo), las referencias puntuales a Úbeda-Mágina, a veces citadas con rigor de catastro, otras como más desleídas en el manuscrito de la niebla, nos ayudan a trazar un recorrido ya conocido. Esa fachada de la Sacra Capilla de El Salvador (donde los míticos “juancaballos” de Sierra Mágina). Esas calles empedradas, esa iglesia desacralizada de San Lorenzo y esas huertas colindantes. Esa Torre del Reloj en la plaza del General Orduña (trasunto del general Leopoldo Saro, asesinado en el 36 por milicianos y cuya estatua –así se recrea en Beatus Ille– fue tiroteada por anarquistas). El mercado de abastos, que remite a su fragua al narrador de El jinete polaco, el hijo al cabo del hortelano. Los miradores de la muralla desde San Lorenzo con vistas al mar olivarero, el regalo montuoso de Cazorla y Sierra Mágina, el valle del río Guadalquivir cuyo surco, tan amenazante este invierno, se intuye sin ser visto, los cielos pictóricos y el calmo horizonte de la dádiva y la feracidad de la tierra híbrida entre castellanos y andaluces.

Beatus Ille es una tramoya de simulacros entre fingidores (el estudiante Minaya, el poeta republicano Jacinto Solana, el tío Manuel, Inés), que se curva hacia adentro con largo y cadencioso fraseo. En El jinete polaco no hay tanta autobiografía escindida como un volver a donde la memoranza y el remordimiento: Úbeda o dígase Mágina. En El viento de la luna se amalgama la ensoñación del espacio interestelar con el viaje fantasioso de un adolescente constreñido en un minúsculo punto provinciano pero bendito de Jaén. Si es por aniversarios este 2026, me he reencontrado ahora, veinte años después, con la dedicatoria que Muñoz Molina escribió en 2006 sobre el viejo ejemplar de El viento de la luna que ahora tengo sobre mi mesa.

También te puede interesar

Lo último

stats