El grito del campo

15 de febrero 2026 - 03:10

Los agricultores y ganaderos de Andalucía han vuelto a expresar esta semana con sonoras protestas su hartazgo por una situación que consideran límite para sus intereses y que se perpetúa en el tiempo sin que se adopten medidas que apunten hacia una solución. Estas protestas se suceden desde 2020 por motivos que son básicamente los mismos: altos costes de producción, precios por debajo del valor de los insumos, burocracia excesiva. Competencia desleal de terceros países y medidas que restan competitividad a sus explotaciones. A esta situación de partida hay que sumar los recortes a la Política Agraria Común que se contempla en la nueva orientación presupuestaria de la Unión Europea y la firma del acuerdo con Mercosur. El grito de desesperación del campo está plenamente justificado y exige que se pongan en marcha medidas que garanticen que dedicarse a la agricultura y la ganadería no es un pasaporte a la ruina y que conviertan el sector primario en una oportunidad laboral y de carrera atractiva para los jóvenes. Pero el campo forma parte del conjunto de la sociedad y no puede sustraerse a los cambios de todo tipo que se están produciendo en el mundo. En ese sentido, la reorientación de la PAC o la firma de acuerdos con Mercosur o con la India son necesidades de una UE que necesita recuperar músculo internacional y ser influyente en una situación geoestratégica que le es adversa. Lo que no puede hacer Bruselas es reorientar su política sobre los hombros de los agricultores y ganaderos o poner en riesgo la soberanía alimentaria de los países de la UE. Europa debe ser más fuerte, competitiva y dinámica, pero para conseguirlo necesita también que lo sean su agricultura y su ganadería. Lo que está haciendo ahora al ignorar las exigencias básicas de ese sector es tirar piedras contra su propio tejado.

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