Pilar Cernuda

A ver cómo se las arregla Sánchez

Crónica personal

No hace falta ser muy inteligente para adivinar que, a corto plazo, se producirán cambios en el Gobierno

22 de julio 2020 - 02:37

Pedro Sánchez expresó su satisfacción, tras cuatro días de negociación, por el acuerdo alcanzado en Bruselas la madrugada del martes. Luego matizó diciendo que estaba contento al 95%, lo que parece mucho para lo que supone que las ayudas de Bruselas a España a fondo perdido se reducen en 5.000 millones de euros respecto a la cifra prevista. A esa reducción en dinero contante y sonante se añade algo que, esta vez sí, puede quitar el sueño al presidente de Gobierno: la dureza de las condiciones que impondrá Bruselas a los países subvencionados, entre ellos, el nuestro.

Lo hemos repetido hasta la saciedad: el problema de España en Bruselas es que los dirigentes europeos sienten una profunda desconfianza hacia los populistas de izquierdas y de derechas, aunque algo mayor hacia los primeros que hacia los segundos. Y en España el Gobierno de coalición es con un partido populista de izquierdas, que ha obligado a nombrar 22 ministros -cifra insólita y peligrosamente cara-, y con un vicepresidente que no pierde ocasión en promover iniciativas que suponen la quiebra de un país ya en ruinas. Sobre todo desde que a las arcas vacías se ha sumado una pandemia devastadora desde el punto de vista sanitario, en lo económico y lo laboral.

Sánchez actúa como si el dinero que va a llegar no estuviera sujeto a condiciones e Iglesias va aún más lejos y, haciendo oídos sordos a lo que dice Bruselas, insiste en iniciativas que considera de obligado cumplimiento. Pero el Sánchez que hace como que las transferencias serán gratis total sabe perfectamente que, para que lleguen, aparte de facturas que demuestren que se destinan a lo que tienen que ir destinadas, llevan aparejadas medidas económicas y sociales que hay que tomar sí o sí.

Medidas que obligan a un recorte drástico del gasto púbico, y por tanto menos alegrías para mandar dinero a las autonomías que permiten a Sánchez salvar votaciones parlamentarias; suponen una revisión de las pensiones, reducción de salarios de funcionarios, de las ayudas sociales, la subida del IVA y mayores cargas impositivas. Eso, para abrir boca. Con una reducción importante de las inversiones en infraestructuras, fundamentales para mantener el empleo.

La UE puede provocar lo que menos desea Sánchez: que se incremente la confrontación con los miembros de Podemos del Consejo de Ministros, porque Iglesias se resistirá a renunciar al programa social que había pactado con Sánchez, en el que confía para presumir de su autoría para intentar recuperar los muchos votos perdidos.

No hace falta ser muy inteligente para adivinar que, a corto plazo, se producirán cambios en el Gobierno.

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