De secretos del poder

¿De cierto queremos saber la verdad de lo que pasa o, por el contrario, solo cuando nos favorece?

Hablando de ver y mirar el mundo, de atender, conocer y también gobernar lo que pasa ahí delante, cabría señalar, como asegura Daniel Innerarity, que en general el ser humano ha estado, a lo largo de la historia, en una completa asimetría que marcaba los límites entre los poderosos y los vasallos, los dominadores y los dominados. Asimetría o desigualdad que han marcado las diferencias, en demasiados casos demasiado enormes, entre unos y otros. Y es curioso que, siendo la información casi el mayor determinante del equilibrio de poderes, en el listado de aspectos en los que se da este desajuste entre unos y otros en pocas ocasiones hemos sugerido y analizado el mundo de la información y del conocimiento. No del saber científico, aunque algo también, sino de "la opacidad, el secreto, la información privilegiada y la ocultación que han sido las estrategias de las que se servía el control que ejercían los gobernantes, la dominación de los varones y la riqueza de los poderosos", manifiesta este autor.

Esta sencilla mención viene a cuento de que de un tiempo a esta parte la capacidad de la gente le ha permitido colarse cada vez con más eficacia en esos templos de la opacidad, del entresijo y del misterio, de manera que, a día de hoy, nuestro entorno noticiario dispone de mayor contenido íntimo del poder. Y no es que se hayan saltado sus últimos y arcanos dinteles de los escondrijos y sus disimulos, pero algo o bastante se va sabiendo, como cuando Prometeo robó a los dioses el secreto del fuego para dárnoslo a nosotros.

El busilis está, no obstante, en la legitimidad de eso que se va conociendo, en si eso que averiguamos o nos llega por vías que vaya usted a saber viene con el marchamo o la vitola del reconocimiento. Hablando precisamente de cómo discernir lo verdadero de lo falso, Montaigne viene a decir que a medida que el alma está más vacía y como sin contrapeso más fácilmente acoge la persuasión; que, si está más blanda y admite menos resistencia, resulta más fácil la impresión de un sello, una forma fina de asegurar que cuanto mayor es la ignorancia sobre algún asunto, más fácil es aceptar cualquier respuesta que nos llegue. Porque, ¿de cierto queremos saber la verdad de lo que pasa o, por el contrario, únicamente cuando nos favorece y beneficia nuestras inclinaciones y nuestros intereses? ¿O es más una ficción que un síntoma de la pureza del alma humana?

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