Tribuna
Fray Ricardo de Córdoba: el legado del capuchino en la Córdoba cofrade
Ya lo vimos antes. La diferencia entre Sánchez y sus socios europeos es que él es el único que le lleva la contraria a Trump en público. Sánchez no es más pacifista o de izquierdas que nadie, pero es el rey del eslogan, un artista pescando en río revuelto. Algunos lo definen como un depredador desalmado y quizá sea todo junto a la vez. Como no tiene nada que perder, arriesga sin darle explicaciones a nadie. Y al anticiparse con un discurso a medida del sentir popular frente a las bravuconadas de Trump, obliga al resto de líderes europeos a posicionarse a regañadientes.
La mayoría piensa como Sánchez en el fondo, pero critica su afán desmedido por ir por libre para llamar la atención en detrimento de la unidad de acción. Que el ataque a Irán es ilegal es tan obvio como sus consecuencias económicas, pero ninguno se ha desmarcado para meterle el dedo en el ojo a Trump dando lecciones ante las cámaras, por más que éste delire y sostenga una cosa y la contraria en la misma frase. Los aliados han sido más discretos que nuestro Gobierno al sugerirle a Trump que buscara otra base para sus aviones para evitarse conflictos internos. Incluso Meloni, poco sospechosa de entenderse con Sánchez, no está lejos de sus planteamientos, lo que ha forzado a Trump a tocar todas las puertas hasta que Alemania ha cedido. Si España le hubiese dicho a EEUU que no podía contar con Rota y Morón en privado, el republicano tal vez lo habría entendido. Pero Sánchez ha preferido, como pasó con Gaza, buscar el rédito electoral con el no a la guerra. A la vez que desafiaba a Trump, enviaba su mejor fragata a Chipre, para sorpresa del personal. Sus acólitos nos anuncian que no participará en la guerra y que sólo actuará en defensa de la UE. Seguro que nos quedamos mucho más tranquilos. El presidente de EEUU parece dar por zanjado el rifirrafe, después de que su portavoz deslizara que Sánchez se había plegado. Ahora toca confiar en que no traslade sus advertencias a la realidad, porque podría dejar nuestro poderío militar a la altura del de Nigeria. Toda nuestra fuerza depende del apoyo y de la tecnología norteamericana. La guerra durará lo que quiera Trump y lo que manden sus encuestas. Pero que confesara desde el primer día que había perdido a sus tres interlocutores en Irán, porque cayeron en el ataque inicial junto a Jamenei, ofrece una idea de en manos de quién estamos, en mitad de una contienda tan grave. Es tanta la improvisación y son tantos los bandazos, que ni Gila lo superaría.
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