Monticello
Víctor J. Vázquez
Nobleza obliga
Es insoportable. No hay progreso, ni transformación, ni legislación, ni gobierno con verdad y propósito. El único criterio es que Sánchez aguante hasta las heces. Ese objetivo confesado (no convoco, porque perdería) lo envuelve en celofán de regalo para intentar ocultar sin éxito su fracaso y retrasar la consulta, con el sueño de que los errores ajenos le libren del severo juicio final que merece el tipo que más ha ensuciado la presidencia.
Es insoportable ver que, con el calor de la moqueta en sus pies, jalean la derrota de los valores de izquierda que supone consagrar el principio de ordinalidad (en romano paladín, que más reciba quien más da) en detrimento del de solidaridad (que se explica solo y que consagra la Constitución, otra vez pisoteada por este desastre). La ordinariez de llamar progresista a la ordinalidad no esconde su naturaleza reaccionaria.
Es insoportable el desprecio al sistema parlamentario gobernando por decreto-ley. Es penoso admitir que gobierna sin el Congreso. Poco importa que los decretos solo se convaliden si riegan, exprimidos, chantajes. Poco importa vivir sin presupuesto ni intentarlo. Poco importa no tener mayoría parlamentaria, a pesar incluso de regalar recursos de todos.
Es insoportable escuchar el silencio de 120 diputados socialistas, mientras en privado admiten la deriva. ¿A qué carajo esperan para jugársela, a que este Nerón de pacotilla incendie Roma para culpar de ello a otros y seguir gestionando las cenizas? Si les dijera, “compañeros, compañeras, se acabó votar: yo soy y continuo”, ¿le seguirían e intentarían vendernos el cielo mesiánico de un narcisista?
Es insoportable que miles, ¡miles!, de políticos de este país, alcaldes y concejales de ciudades y pueblos de España, 8.132, al pie del cañón, de todos los colores, dando lo mejor de su vida y capacidades, padezcan descrédito y oprobio por estos gerifaltes indolentes. No es la política, amigos, esa salva y es noble; es este político, compatriotas, hunde y es infame.
Esto que pasa aquí tiene que acabar. Pongamos la democracia antes, al país entero, y, luego, lo demás. Cómplices: tengan un ataque de dignidad. Y de pragmatismo.
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