Pilar Cernuda

La cumbre incompleta

Crónica personal

Sánchez, como sus antecesores, está más en premiar a los que se portan bien. Con el Gobierno

01 de agosto 2020 - 02:37

Acudieron todos menos uno, Quim Torra volvió a dar la nota; pero seguro que no se le echó de menos. El presidente catalán, más allá de que ande siempre a vueltas con la independencia, no se caracteriza por ser conversador ameno y de argumentos interesantes. Íñigo Urkullu actuó de Íñigo Urkullu y hasta el último momento negó su asistencia para fortalecer la negociación con La Moncloa. Se sumó en el último minuto, cuando arrancó las promesas apetecidas a un Gobierno que necesita su apoyo. Aunque también Urkullu necesita a los socialistas: ha incrementado sus escaños hace un par de semanas, pero le conviene repetir el acuerdo con el PSE.

El Rey presidió la Conferencia de Presidentes, cumbre incompleta pero relevante, y su presencia dio el máximo toque institucional a una reunión en la que se iban a poner sobre la mesa los muchos problemas que tiene planteada hoy la España autonómica. No es el independentismo el más relevante, sino la financiación, porque no se acaba de asumir que todos los españoles deben tener los mismos derechos residan donde residan. Quienes manejan los hilos financieros - el Gobierno-, premian a aquellos que prestan su apoyo a cambio de ventajas económicas sobre el restos. Urkullu recorrió a toda velocidad los 60 km que le separaban de San Millán de La Cogolla sólo cuando le llegó de La Moncloa luz verde para sus exigencias sobre el déficit y la deuda vasca.

Los otros presidentes, en cambio, tenían la vista puesta en dos asuntos que consideran prioritarios: el reparto de los fondos europeos y que se impulse una coordinación entre las distintas autonomías respecto a las medidas sanitariascontra el coronavirus y los rebrotes.

Sánchez, soberbio como siempre aunque presume de escuchar más que nadie -a Urkullu, sí, siempre- advertió a los presidentes regionales que será él quien tome las decisiones sobre el reparto de los fondos que lleguen de Europa. Olé su empeño de presentarse como un presidente volcado en conciliar y apagar fuegos… Luego critica a los demás porque, dice, se resisten a cualquier negociación.

Esta cumbre estaba obligada a abordar con rigor el presente y sobre todo el mal futuro que espera a todos si no se toman decisiones de la máxima relevancia en el plano sanitario y económico. Se han pronunciado muchas palabras, la mayoría en un mismo sentido: el de la necesidad de la armonización. Pero Sánchez, como sus antecesores, está más en premiar a los que se portan bien. Con el Gobierno.

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