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De reojo

Ángela Alba

aalba@eldiadecordoba.com

Lo que nos contaron

La contradicción entre lo que pasaba en China y lo que nos contaban aquí hacía pensar que era una exageración

Hace un mes -o incluso menos- pocos españoles pensábamos que la expansión de ese nuevo virus que había surgido en China iba a cambiar nuestras vidas y nuestro futuro. Cuando veíamos en la televisión cómo en ese país se llevaban arrastrando a algunos ciudadanos infectados hasta los hospitales y los internaban sin posibilidad de ver a sus familias nos resultaba exagerado, muy al estilo del régimen chino. O cómo se construían complejos hospitalarios a toda prisa porque no daban abasto con el número de contagiados, de enfermos graves y de fallecidos. O cuando los obligaron a confinarse en sus domicilios para parar la expansión del nuevo coronavirus.

Desde aquí mirábamos todos los movimientos de China con escepticismo; todo ello empujados por los mensajes que nos llegaban de que esto era solo una gripe un poquito más dura que la normal, pero que no pasaba nada y que los principales problemas los tendrían las personas mayores o con patologías crónicas. Esa contradicción entre lo que ocurría en el país asiático y lo que nos decían aquí empujaba a pensar que allí estaban exagerando, incluso a tomárnoslo un poco a broma. Nos pillaba muy de lejos, pero en un mundo globalizado en el que no existen las fronteras, era cuestión de semanas que comprobáramos cuánta razón tenían los chinos.

Lo que nos contaron no tiene nada que ver con la realidad que estamos viviendo. En España ya hay 85.195 personas contagiadas por el covid-19 y 7.340 víctimas mortales (según el último parte del Ministerio de Sanidad), una lista negra que en los últimos días se está incrementando en más de 800 fallecimientos diarios. Incluso se han eliminado los velatorios para que el proceso entre la muerte y la incineración (porque el entierro del cuerpo no está permitido) sea más rápido. Miles de familias están despidiendo a sus seres queridos como si fueran apestados, por lo que al drama de la pérdida se une el sentimiento de soledad. Además, más de 5.230 enfermos están graves en las Unidades de Cuidados Intensivos, unos servicios que están saturados y a la espera de que se produzca el tan temido pico. Están muriendo personas que no pertenecían a grupos de riesgo y a esto hay que añadir los estragos que el coronavirus está causando en las residencias de mayores, la población más vulnerable. En definitiva, este drama no se parece en nada a lo que nos habían contado.

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