Gafas de cerca
Tacho Rufino
Viva Páramo
Dicho por un majareta anónimo en el vertedero de las redes la cosa no tendría mayor importancia. Dicho –y a gritos– por quien fue diputada en las Cortes Generales y ministra del Gobierno de España, y es diputada y vicepresidenta del Grupo de La Izquierda en el Parlamento Europeo, debe preocupar. Ya saben lo que dijo Irene Montero: “Ojalá, teoría del reemplazo, podamos barrer de fachas y de racistas este país con gente migrante, con gente trabajadora. Claro que yo quiero que haya reemplazo, reemplazo de fachas, reemplazo de racistas, reemplazo de vividores…”.
“Barrer” no debe aludir a desplazar legítimamente del Gobierno de España tras unas elecciones a quienes ahora gobiernan. Porque se supone que lo hace una mayoría de progreso apoyada por su partido. De lo que se debe tratar es de “barrer” –que en su tercera y cuarta acepción significa “eliminar por completo una cosa o un conjunto de cosas o de personas de un lugar” y “acabar con algo o con alguien o destruirlos”– gracias al voto de migrantes y trabajadores a fachas, racistas y vividores. Quienes sean estos no depende de sus palabras y de sus actos (lo que tampoco autorizaría a “eliminar por completo”), sino de lo que quien los barre decida. Normalmente, cuando “barrer” se utiliza en la vida política, suele aludir a todos los que no son de su cuerda. La historia es pródiga en ejemplos de barridos que en el siglo pasado se llamaron, por orden de aparición, comunismo, fascismo, nazismo o franquismo.
Lo de utilizar la teoría conspiranoica del “reemplazo”, que Vox toma de la extrema derecha francesa (“le grand remplacement”), dándole un enfoque positivo, confirma en qué acepción se usa la palabra “barrer”. Ninguna sorpresa. Los radicales, ahora en versión populista, se necesitan los unos a los otros para retroalimentarse. Y confluyen –también lo enseña la historia– en su odio a lo que consideran democracias burguesas: “La república democrática es la mejor envoltura posible para el capitalismo” (Lenin, 1917). “¿Es que vivimos en una democracia? Pues ¿qué hay hoy, más que una dictadura de burgueses?” (Largo Caballero, 1933). Afortunadamente no estamos ni en 1917 ni en 1933. No quiero darle más importancia de la que tienen a estos discursos populistas de odio. Pero deben preocupar.
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