Brindis al sol
Alberto González Troyano
Un par de libros
Consternados, no faltan investigaciones ni datos tras Adamuz. Y son serios y preocupantes. Validan sospechas quedas por el luto.
El ministro, la Moncloa y portavoces entregados muestran cifras sesgadas. Millones invertidos, kilómetros modernizados, sistemas actualizados… números como escudo. La inversión no absuelve, provoca recordar que la cifra que miramos es 45. La rara habilidad del gobierno ha conseguido que hasta la verdad, puntual y extraña, parezca mentira.
Muy por encima del asqueroso empujón de Montero, hay responsables que se ganaron mi respeto. Y por eso los nombro de otro modo. No por cercanía, sino por consideración. Por eso, y porque me da la gana.
Juanma ha puesto cordura. No todo exige verbo alto. Gobernar es también no estorbar, no convertir la tragedia en tribuna. Juanma calma donde otros (y otras, incluso suyas) colocan ansiedad y oportunismo. Salvador a lo que toca: trabajar. Estar, coordinar, sostener. Salva no falla. Sin épica impostada ni declaraciones huecas. Trabajo del que no luce, pero sostiene. Y Rafa, el alcalde (y con él, más alcaldes, Paco, Lola, José María…), estuvo como están quienes no representan un papel. Con una naturalidad ejemplar, cercana, contenida, humana. Sin cálculo. Sin pose. Con la dignidad serena de quien sabe que su papel no es explicar el mundo, sino acompañar a los suyos.
Conviene que no perdamos ese hilo porque es nuestra esperanza: frente a la miseria de los ausentes o figurantes, taimados y calculadores, tenemos la política seria en el mejor sentido: Juanma, Salva, Rafa y otros miles, silenciosos, constantes. La política que no se defiende con cifras, sino con presencia. Mientras unos convertían la tragedia en escaparate y, ahora, el dato en coartada, otros hacen lo único decente: trabajar sin hacerse notar.
Necesitamos verdad comprensible, responsabilidades claras y decisiones que eviten la repetición; rendir cuentas no amenaza a la política, es respeto a los ciudadanos. Invertir es imprescindible; proteger, obligatorio. Y una cosa no siempre garantiza la otra.
Cuando el sistema se felicita a sí mismo en mitad del duelo, algo esencial ya venía roto. Cuando alguien pone cordura, trabajo y humanidad sin reclamar foco, todavía queda país.
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