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la tribuna

rafael obrero

Patios, revisión o empobrecimiento

LOS patios de Córdoba y especialmente el concurso que invita a visitarlos en los primeros días de cada mes de mayo, siguen siendo un atractivo turístico de primer orden en nuestra ciudad.

Sin embargo, la fiesta-concurso da señales de fatiga y hay algunos síntomas que se vienen repitiendo en los últimos años y que merecen una reflexión. La incómoda aglomeración de visitantes de fuera de la ciudad, el aburrimiento de algunos cordobeses que dicen ver siempre lo mismo y la reiterada polémica por la mezcla de usos en determinados patios, circunstancia que los inhabilita para participar en el concurso, podrían ser las más significativas.

En un primer acercamiento hay una causa que podría estar tras estas tres circunstancias, y es que el concurso se celebra bajo el mismo esquema desde el año 1933. En todo este tiempo no ha habido una revisión o actualización profunda en el formato de concurso, que sigue premiando, con ligeras variaciones, los estándares ya tópicos de ornamentación y estructura tradicional, sin abrir ventanas a nuevos enfoques. Tampoco ha habido continuidad en las propuestas alternativas que podían habernos ofrecido una relectura del patio desde una visión más contemporánea, casos muy concretos y aislados como El Patio del Colegio de Arquitectos durante 2006 y 2007 y alguna iniciativa promovida desde la Fundación Córdoba 2016 son ejemplos de ello.

A esto se suma el cambio radical en los usos y modo de de vida en estos recintos, cambios que no han tenido un reflejo en las bases del concurso. El patio cordobés tenía entre otras, dos funciones principales que configuraban su carácter, una función relacional y otra espacial. Se utilizaban como espacios de comunicación e intercambio entre vecinos, papel que ha perdido en la mayoría de los casos… ya se ocupa Facebook de mantenernos relacionados sin tener que deslomarnos blanqueando o limpiando el empedrado. Y por otra parte, en conjuntos de infraviviendas con espacios privados muy reducidos, se hacía necesaria la existencia de un lugar amplio, ventilado, soleado que sirviera de desahogo espacial, vital, al núcleo familiar. Las transformaciones que se han venido efectuando en las distintas casas patio han ido encaminadas a dotar a las viviendas que las componen de las habitaciones necesarias, integrando cuartos de baño y cocinas y habilitando ventilación, iluminación y superficies mínimas adecuadas a las necesidades actuales lo que supone no tener la necesidad perentoria de un espacio suplementario común que sirva de desahogo. En el acontecer diario del vecindario de una casa de vecinos, el patio ha pasado de ser un espacio de intersección a ser un punto de tangencia.

Otra modificación funcional que han sufrido estos espacios es la de los usos a que se destinan parte de sus dependencias. Evidentemente, dado que el concurso es de "casas" patio, es decir viviendas, el uso principal debe seguir siendo ese, pero debería regularse la posibilidad de que determinadas ofertas que se pueden encontrar actualmente en algunos patios y que no desvirtúan el concepto básico de vivienda privada, puedan acceder al concurso. De lo contrario estamos ahogando la posibilidad de que los propietarios tengan una aportación extra a sus recursos para poder cuidar, mantener y abrir el patio al público. ¿Hay alguna diferencia entre alquilar un local para producir y vender artesanía y alquilar un estudio para pernoctar? Siempre y cuando la superficie destinada a ello no implique la pérdida del carácter de vivienda privada del conjunto, no veo por qué se permiten unos usos lucrativos y otros no.

Por tanto, es necesario trabajar para que la propuesta anual sea cada año diversa, compleja y diferente del año anterior, y además buscar las vías para hacerla sostenible, porque de lo contrario, corremos el riesgo de estar ofreciendo algo que se agota en si mismo. El actual modelo atrae muchos autocares de mayores que repiten año tras año su estresante circuito (con inversión cero para los negocios de la ciudad) y algún enamorado de la fiesta que renueva su devoción por el chino cordobés y la exuberante vegetación, pero por lo general, el visitante que viene una vez no repite, a nadie le agrada hacer colas y recibir empujones para ver de nuevo lo mismo que el año anterior.

En definitiva, hay un tronco sólido que debe mantenerse, los patios tradicionales, pero hay que apostar por ofrecer otras visiones del concepto de patio de un modo más contemporáneo, promovidas y apoyadas por las instituciones o la empresa privada, propuestas que consigan sembrar en el visitante la curiosidad por ver que se ofrecerá el año que viene. Hay precedentes válidos en Córdoba e iniciativas muy recientes como Los Patios de Viana que apuntan a una revisión del modelo, pero hay que buscarlos también en propuestas como Temps de Flors de Girona o Laussanne Jardins, por citar algunos ejemplos. Manos a la brocha.

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