Su propio afán

Pase por caja

No halla uno donde posar los ojos que no tenga añadido un impuesto, una multa, una tasa, un peaje

Supongo que será demasiado exacto para ser cierto, pero la etimología de la palabra "multa" bien podría ser el latín multa, que significa "muchas". Al menos, es la etimología que tendrá en la cabeza este Gobierno macarrónico. Ahora ha eliminado el margen de los 20 km/h de más para adelantar. Y lo hace, como ha reconocido, porque así 1) podrá poner más radares de tramo, que son los que más multas cascan; 2) esas multas no se podrán recurrir; y 3) se inducirá a los conductores, como ha invitado explícitamente Jorge Ordás, subdirector de Movilidad y Tecnología de la DGT, a cambiar de trayecto. Escúchenlo: "Los automovilistas tienen que ser conscientes de que circulan por vías más peligrosas y, si quieren ir más rápido, deberán buscar alternativas". O sea, todos a las autovías y autopistas, esto es, a los peajes.

La medida ha abierto el lógico debate sobre la seguridad, que no está cerrado. Unos explican que esos 20 km/h de más son esenciales para evitar accidentes mientas se adelanta; y otros dicen que al revés, aunque se les entiende luego que lo que evita accidentes es no adelantar, y entonces sí, claro. Pero se ralentiza la circulación. El caso es que no hay estudios, por lo visto, sobre la incidencia de este supuesto, pero la medida ya se ha tomado, porque lo seguro es lo de las multas-multas.

Esto es muy inquietante por dos razones. Muestra la prioridad extractiva del Gobierno o del Estado. En esta España nuestra no halla uno donde posar los ojos que no tenga añadido un impuesto, una multa, una tasa, un peaje, un tributo, un canon, un arancel, un recargo, una retención, etcétera. Son conceptos distintos, sí, pero con el común denominador de que el ciudadano siempre paga. Chesterton decía que la única diferencia entre el impuesto y la multa era la cuantía del primero; aunque lo de las cuantías habría que sumarlo.

La segunda razón es el poco peso que tiene nuestra libertad y responsabilidad de ciudadanos en la adopción de medidas públicas. Primero se dispara (la recaudación), luego, si acaso, se pregunta. Todo indica que la multa no es un efecto sobrevenido, sino el fin. Y en cualquier caso, el hecho permanece: cada vez tenemos menos libertades reales. Ni siquiera pesan lo suficiente como para mantener en suspenso una decisión hasta que haya datos fehacientes e incontrovertibles de que esa nueva prohibición generará un bien mayor. En la duda, prohíben. Sin duda, cobran.

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