La otra orilla

Paraguay

Vive esa paradoja que se repite tanto en tantos lugares, con el 90% de la tierra en manos de un puñado de personas

Paraguaysiempre ha sido uno de esos países latinoamericanos de los que cuesta situar en el mapa, pequeño en proporción con sus vecinos, atrapado entre Brasil y Argentina y pagando errores e injusticias históricas. Es un país de gente acogedora y orgullosa, con una naturaleza exuberante que mancha de verde cada rincón, con recursos naturales poderosos como la presa de Yguazú, con paisajes sobrecogedores como el Chaco.

Pero Paraguay vive esa paradoja que se repite tanto y en tantos lugares: está por un lado el Paraguay que podría ser, y luego está el Paraguay que es, la realidad, el presente. Y en ese presente hay mucha oscuridad. Asunción, su capital, está rodeada de un cinturón de chabolas con muchos miles de personas en condiciones durísimas, sobre todo por la falta de oportunidades. Es población que, mayoritariamente llegó de entornos rurales. Porque esos entornos rurales se hicieron inhabitables.

Y es que la concentración de la tierra en este país es escandalosa: un puñado de personas controla más del 90%, para explotaciones que generan muy poco empleo, como son la industria ganadera (la cabaña de vacas en Paraguay dobla a su población) o la industria sojera. Ambas están roturando el país, expulsando de su tierra a comunidades rurales, a indígenas, a todo aquel que impide la expansión de estos lucrativos negocios.

Toda esa población que rodea Asunción va a seguir ahí por largo tiempo: es un problema de oportunidades. Pese a que Paraguay está subiendo escalones lentamente en el IDH (Índice Desarrollo Humano) sus macrocifras siguen maquillando la realidad de miles de ciudadanos paraguayos que no tienen acceso a una vivienda digna, ni a la educación, ni a la sanidad… viven privados de sus derechos, y es posible que sigan así a medio plazo.

Espero de verdad que en el largo plazo Asunción pueda quitarse ese vergonzoso cinturón de la miseria. Espero que sus próximos gobernantes sean capaces de romper con los lobbies que ahora controlan su parlamento y pongan los derechos humanos en primer lugar. Espero que los paraguayos sean capaces de forzar las necesarias transformaciones sociopolíticas para que su país ponga en el centro de la actividad económica a la persona y al medio ambiente. Y que los indecentes negocios que hoy los mantienen en la miseria sean arrinconados o desterrados para siempre. Lo harán, seguro, porque esta gente es tozuda y soñadora, y siente un profundo orgullo por su tierra.

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