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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Migración: problema y tragedia

Ni xenofobia, ni ceguera buenista: realismo humanitario, solidaridad actuante y rigor legal

Un muerto y dos heridos graves en la pelea que enfrentó en Badalona a dos bandas paquistaníes armadas de cuchillos, catanas, hachas y bates de béisbol. Frente a los problemas y retos que plantea la migración se pueden adoptar tres posturas, dos de ellas indeseables y de graves consecuencias. Se la puede demonizar articulando un discurso xenófobo y racista. Se pueden negar o minimizar estos problemas y acusar de racista y xenófobo a quien los señale, como si ignorar los problemas les hiciera desaparecer. Éstas son las dos posturas indeseables que, además, se retroalimentan: cuanto más se mire para otra parte más graves y frecuentes serán los problemas y más crecerán la xenofobia y el racismo. La inmensa mayoría de los españoles no son xenófobos ni racistas, no rechazan a los migrantes por su país de origen o su raza; rechaza comportamientos incívicos y violentos que en algunos casos están unidos a formas de violencia importadas a nuestro país y en muchos a las condiciones de marginación en las que muchos migrantes se ven forzados a vivir.

La única postura humanitaria y realista es actuar con decisión en los países de origen para que nadie se vea obligado a dejarlos arriesgando su vida, luchar contra las mafias que trafican con seres humanos, controlar los flujos en la medida que pueda hacerse y, sobre todo, garantizar tanto la dignidad de las condiciones de vida de los migrantes como su obligación de respetar nuestras leyes y normas de convivencia.

Si no se actúa con realismo humanitario tendremos los dos extremos no deseables de la tragedia de los ahogados en el Mediterráneo o de los 39 migrantes asiáticos muertos en un camión en las afueras de Londres; y los de las nuevas formas de delincuencia, el irreversible deterioro de los barrios marginales o las broncas entre bandas paquistaníes, como la de Badalona, o latinas, como la que tuvo lugar hace un mes en Puente Vallecas (Madrid). Ni xenofobia, ni buenismo: realismo humanitario, solidaridad actuante y rigor legal contra los delincuentes. Entre la provincia de Nghe An, una de las más pobres de Vietnam, y el desgarrador mensaje de la joven Pham Thi Tra My desde el camión de la muerte -"Lo siento, mamá. No he tenido éxito en mi viaje. Te quiero mucho. Me estoy muriendo porque no puedo respirar"- estamos nosotros, todos nosotros. Y los nuevos traficantes de esclavos que provocan tragedias como la iniciada en Vietnam y culminada en Londres.

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