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Mecenazgo

Si triste es la desaparición de 'Mercurio', entristece aún más el fenómeno que revela: la falta de mecenazgo en Andalucía

En Andalucía no abundan los mecenas. Quizás circulen otras muestras de generosidad, pero este gesto de desprendimiento de un particular para favorecer económicamente la cultura local se ha prodigado poco por el sur. Se trata de un modelo civil de comportamiento que, por causas analizables, en estas tierras no ha logrado arraigar. Por eso hay que agradecer el ejemplo de los allegados de José Manuel Lara Hernández, por la creación y mantenimiento de la Fundación que lleva su nombre. Este andaluz del Pedroso, como tantos otros andaluces, encontró en Barcelona, en los momentos duros de la posguerra, la ocasión para levantar, casi de la nada, una poderosa industria cultural. La ciudad catalana ya contaba con plataformas de este tipo, pero Lara tuvo voluntad y perspicacia para convertir la publicación de libros (hasta entonces, una empresa casi siempre deficitaria) en un expansivo y lucrativo negocio. Fue como un milagro, y el establecimiento de su Fundación en Andalucía mostró un reconocimiento hacia sus orígenes que, a sus beneficios en el mundo de la cultura, añadió el incentivo de servir de ejemplo para que otros andaluces siguiesen el mismo camino. Por fortuna, durante muchos años la Fundación ha realizado un ambicioso despliegue de actividades y, a este respecto, la labor de su directora Ana Gavín, y su equipo, ha sido más que encomiable. Pero en tiempos recientes este potencial de mecenazgo parece ir agotándose y, en estos días, uno de sus patrocinios mejor acogidos, la revista Mercurio, anuncia su final. Un cierre del que también se lamentaba, en estas mismas páginas, Pablo Bujalance, porque Mercurio, durante muchos años, ha sido uno de los focos literarios, a favor del libro, que mejor ha funcionado en nuestro país. Desde sus ya lejanos orígenes, artesanales y heroicos, con Javier González-Cotta como promotor, Mercurio ha inundado generosamente las librerías, aportando, por una parte, la información que las novedades literarias requieren, pero sustentadas, además, con las más exigentes críticas y reflexiones. ¿Cómo llenar el vacío de un mecenazgo que había tenido tan apreciables efectos en sector tan abandonado y vulnerable como la lectura? Con todo, si triste es la desaparición de Mercurio, entristece aún más el fenómeno que revela: el mecenazgo privado apenas cobra cuerpo en Andalucía. No solo es un problema de legislación (que lo es), sobre todo es una cuestión de mentalidad y hábitos. Sería todo un reto cambiarlos: digna tarea para los nuevos responsables políticos.

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