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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Juventud, divino tesoro

Lo mismo que proclamó la derrota del virus en 2020, Sánchez decreta el final de las mascarillas e invita a sonreír

Eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra se queda corto. Algunos hombre tropiezan varias veces. Por voluntarismo, por autocomplacencia o por interés, repiten sus errores sin inmutarse por las injerencias de la realidad.

El presidente del Gobierno anunció en la primavera de 2020 que habíamos derrotado al coronavirus. Desde entonces hemos sufrido tres nuevas oleadas del bicho de distinta extensión y gravedad. Ahora estamos ante la quinta, una vez que Pedro Sánchez proclamó, desde su pedestal de único heraldo de las buenas noticias, el fin de las mascarillas y el retorno de las sonrisas, en buscada coincidencia con el, más indigerible, indulto a los independentistas catalanes presos. Por cierto que en muchos sitios nadie se quita las mascarillas, no le tendrán mucha confianza al Gobierno.

Ha sido desescalar Pedro Sánchez y caernos encima la quinta oleada de covid-19, en esta ocasión de la variante delta, más contagiosa que las otras y que escapa más fácilmente a la primera dosis de la vacuna. Es menos grave que las anteriores acometidas del virus debido precisamente al éxito de la vacunación y a que afecta sobre todo a adolescentes y jóvenes, más resistentes a sus consecuencias y con escasa repercusión en hospitales y UCIs, pero sí en los colapsados centros de atención primaria.

La gravedad, no obstante, continúa en cuanto estos muchachos que hacen botellón y otras celebraciones, mayormente alcohólicas, sin ninguna precaución, no están aislados, sino que conviven con padres, abuelos y otro personal de riesgo al que pueden contagiar. Es políticamente incorrecto todo lo que no sea masajear a la juventud más preparada de la historia, pero ¡son los datos, estúpido!: la incidencia del virus entre los jóvenes veinteañeros es de 911 casos por cada 100.000 habitante en dos semanas. El triple de la media nacional. Lo cual denota un fallo estructural en la educación de estas generaciones que implica tanto a las familias como a la escuela, los medios de comunicación y la sociedad en general. Están educados más bien en el hedonismo, la incapacidad de soportar la frustración y una combinación atroz entre la inacabable exigencia de derechos y la inútil contraprestación de deberes. Hay una minoria ruidosa que lo quiere todo y lo quiere ya. Como niños.

De momento la quinta ola está poniendo en peligro la esperada recuperación del turismo europeo. Vamos, que algo grave sí que pasa en la España de las sonrisas.

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