Su propio afán

Juego de caballeros

Una serie sobre fútbol que defiende algo escandaloso: tampoco importa tanto el fútbol

La serie Juego de caballeros (The English Game), escrita por Julian Fellowes, que es el autor Downton Abbey, tiene doble interés. Como habla de los orígenes del fútbol moderno (allá por 1870 en Inglaterra), gustará mucho a los fervientes futboleros, aunque tantas escenas del deporte no hay. Un segundo interés, mucho más específico, pero más enfocado, se despertará en quienes andamos empeñados en cobrar por nuestro trabajo, especialmente cuando se trata de actividades muy impregnadas del espíritu amateur, de afición y de vocación, como la del escritor.

La serie pone el foco (como ya había tocado, por cierto, la espléndida película Carros de fuego, Hugh Hudson, 1981) en el momento en que el deporte se plantea la posibilidad de profesionalizarse o no. En la serie, el tema se trata con gran seriedad, sin dejar de sopesar los problemas que se producirán tanto en un caso como en otro. Si no se paga, se limita la victoria a quien tenga recursos para permitirse mucho tiempo libre y entrenamientos epicúreos, además de buenas condiciones de salud y alimentación. Si se paga, se introduce una distorsión en la sana competitividad en los equipos. Se deja que lo manosee la fría mano invisible del mercado. Todo eso puede llevarse, mutatis mutandis, al mundo de la literatura y sus aledaños, que es quizá uno de los pocos campos donde quedan defensores acérrimos de la gratuidad.

La serie se decanta al final por las ventajas de la profesionalización, que pesan más que sus perjuicios. Además de la honradez de ponerlo todo en una balanza sin maniqueísmos tópicos, transmite un poderoso mensaje definitivo. La caballerosidad y la sensibilidad no dependen de si se cobra o no, que son cuestiones instrumentales, sino de las virtudes humanas desarrolladas en el campo. Y fuera del campo. Como la forma física y el talento para el deporte, la vida buena no es algo dado por la posición social ni irremediablemente ausente en caso contrario. Qué va. Siempre puede ganarse, como un partido vibrante, cuando se juega de acuerdo con las reglas escritas y con las no escritas, con fidelidad al fair play.

Inesperadamente, el gran mensaje de la serie Juego de caballeros es que el gran conflicto de la serie no era para tanto, ni lo es tampoco el fútbol. Pasa igual en la vida y en el deporte: lo importante no es el juego en sí, sino los principios que se ponen en juego o que salen a relucir durante el partido.

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