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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Fugas

Ciudadanos no tenía en Andalucía banquillo ni cultura de partido y ahora lo está pagando

Parece que la de viceconsejero, en particular, o la de alto cargo de la Junta de Andalucía, en general, se ha convertido en una profesión de riesgo. Sobre todo, si se está en una de las consejerías al mando de Ciudadanos. Ahí el Gobierno del cambio se ve obligado a cambiar, con una frecuencia que ha llamado la atención, eso que en lenguaje administrativo se ha dado en llamar los segundos escalones. No hay que alarmarse demasiado. Hasta cierto punto entra dentro de lo normal que en un periodo de adaptación a circunstancias tan particulares como las que se dan en la nueva Administración andaluza se produzcan sobrecargas de tensión que haga que algunos se pregunten si no ha hecho, dejando sus ocupaciones anteriores, el peor negocio de su vida y coja la puerta lo antes posible. Lo que no deja de sorprender es que las fugas se reproduzcan en un número tan alto y que, además, en un Gobierno de coalición la epidemia afecte sólo a uno de los socios. El virus de las dimisiones y ceses sobrevenidos se ceba en Ciudadanos, mientras que el Partido Popular permanece prácticamente inmune.

Dice el consejero de la Presidencia, Elías Bendodo, que es el encargado cada martes de trasladar a los medios el pensamiento oficial del Gobierno, que todo se debe a una casualidad y que no hay que darle más importancia. Vale: eso es lo que se llama echar balones fuera. Está claro que hay una diferencia notable entre los equipos que el PP y Ciudadanos tuvieron que montar cuando por sorpresa y con el auxilio necesario de Vox lograron echar al PSOE de San Telmo. Los que llegaron de la mano de Juanma Moreno eran personas con experiencia y bagaje político y llevaban décadas soñando con un cambio que nunca llegaba. En cambio, los que lo hicieron aupados por Juan Marín eran todo lo contrario: profesionales que vieron de pronto que la política podía ser un apasionante paréntesis en sus carreras. Ciudadanos en Andalucía no tenía banquillo ni cultura de partido y tuvo que echar mano de voluntarios con un compromiso político que, como el valor a los militares, se les suponía, pero que no estaba demostrado.

Luego, por mucha ilusión que se ponga en el empeño, la realidad de cada día es dura y compleja. La política es ingrata, sobre todo para el que tiene que estar detrás con la misión primordial de que su jefe se luzca a costa de su trabajo sin horas ni días. Y cuando la política no es un refugio, irse no sólo es fácil sino gratificante. Eso es lo que le está pasando a Ciudadanos. Y le seguirá pasando.

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