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Estrategas

Los asesores son individuos sospechosos cuya especialidad consiste en no tener especialidad ninguna

Nuestra era de los comunicadores, palabra vacía e incluso ofensiva para quienes ejercen el periodismo, un oficio felizmente innoble pero bastante más esencial de lo que piensan los que no acaban de comprender su función en las sociedades libres, ha multiplicado el número de oscuros gurúes que se dedican a asesorar a los personajes notables, individuos sospechosos cuya especialidad consiste en no tener especialidad ninguna. Dejando al margen a los que han destacado en otros ámbitos, los asesores -de profesión, sus asesorías- ofrecen una mezcla de desahogo, demoscopia y mercadotecnia para magnetizar a los incautos, que si se trata de políticos llegan a delegar en ellos decisiones acerca de materias sobre las que sus validos, chamanes o rasputines no tienen la más remota idea. A veces se los llama estrategas, palabra con la que los griegos designaban a sus generales y que resulta un tanto excesiva para definir a los aduladores a sueldo. Porque los principios, desde luego, no parecen ser su guía. Antes de aplicar su ciencia infusa a la carrera del presidente del Gobierno, el mercenario que dirige su gabinete entre los elogios de los aficionados a esas mismas exitosas series en las que cierta clase de charlatanes ha aprendido a seducir a los clientes ambiciosos, gente por lo que se ve fácilmente impresionable, ya dejó muestras de su audacia clarividente. Entre los celebrados triunfos del oráculo está el haber convencido a los habitantes de una ciudad catalana, notoria por los incidentes xenófobos, de que le dieran la Alcaldía a un jugador de baloncesto que prometía mano dura con los inmigrantes. Luego sugirió al bombero, abogado y candidato a la presidencia de Extremadura que resaltara la primera de esas condiciones, pues no sin razón presuponía que los electores -o mejor dicho el público, término más preciso para referirse a la política como juego o espectáculo- iban a simpatizar con el cuento del honrado apagafuegos que degenerando, como sentenciara el maestro, llegó a mandarín autonómico. Ahora, reconvertido en mano derecha del resistente y al parecer en inestimable enlace con sus aliados, el consejero en la sombra ha entrado a formar parte del comité técnico que sigue las evoluciones de la crisis, aunque es poco probable que su aportación contribuya a resolver los graves problemas que enfrentamos, en unos momentos en los que por desgracia -según afirman los que de verdad saben- vamos a necesitar algo más que vendedores de humo. Pero así son las cosas, el hombre lo vale y no cabe descartar que en su irresistible ascensión alcance metas aún más altas. Nuestro pobre país se queda corto para premiar tanto talento.

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