En tránsito

Dostoievski no es Putin

¿Qué diría Dostoievski de Putin? Es posible que viera en él a uno de los siniestros personajes de 'Los demonios'

Hace pocos días, alguien decidió prohibir una conferencia sobre Dostoievski en una universidad italiana como protesta contra la invasión de Ucrania. Si esto es cierto -y parece que lo es-, estamos cometiendo un error monumental. Ahora mismo, en Rusia, hay miles de personas que se juegan el tipo protestando contra la guerra. Y jugarse el tipo significa una condena a quince años de cárcel y la pérdida automática del puesto de trabajo. El que proteste sabe que está condenado a convertirse en un paria social sin derechos de ningún tipo (y eso que en Rusia nadie anda muy sobrado de derechos). Pues bien, aun así, miles de personas siguen protestando. Y entre esas personas hay miles de lectores de Dostoievski.

Si ahora estuvieran vivas, dos de las mujeres más admirables que vivieron en Rusia en el siglo XX -la poeta Anna Ajmátova y su amiga Nadezhda Mandelstam- estarían protestando contra la guerra en las manifestaciones callejeras. Anna Ajmátova y Nadezhda Mandelstam nacieron las dos en Ucrania -una cerca de Odesa y la otra en Kiev, o Ky´iv-, y aunque las dos se consideraban rusas hasta la médula, las dos estarían indignadas contra la invasión vergonzosa ordenada por Putin. Si esas dos mujeres se atrevieron en su día, y en tiempos mil veces más sombríos, a oponerse a la dictadura inconcebiblemente cruel de Stalin, es fácil suponer que ahora estarían gritando en la calle contra ese Putin paranoico y demente que es el heredero natural de Stalin en la Rusia del siglo XXI. ¿Sería lógico cancelar ahora a Ajmátova y a Nadezhda Mandelstam sólo porque eran rusas?

Es ridículo boicotear a la cultura rusa o a la población rusa que no tiene culpa de nada. Lo que hay que hacer -aunque para ello haga falta ser muy valiente- es lo que hizo hace poco un marinero ucraniano al servicio de un oligarca ruso cuando intentó hundir en Palma el mega-yate de cien metros de eslora de su patrón. Eso es lo que único que vale la pena: tocarles las pelotas a todos los oligarcas y a todos los compinches del autócrata Putin -que todavía son muchos y muy poderosos-, y dejar en paz a los pobres rusos que encima están viendo cómo sus hijos mueren en Ucrania por una paga de 89 euros.

¿Qué diría Dostoievski de Putin? No lo sabemos, pero es muy posible que viera en él a uno de los siniestros personajes de Los demonios. Y a uno de los peores.

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