El duende del Realejo

Destierro de la corbata... y el corbatín

Parece ser que el actual (des)Gobierno de nuestro país ha acordado que a partir del año 2034 sólo se fabriquen automóviles que funcionen con electricidad. Se acabó el gasóleo y la gasolina. Esta nueva ocurrencia, que sería estupenda idea de poder llevarse a cabo, está aún algo coja, especialmente si tenemos en cuenta que los mismos sabios gubernamentales no han descubierto, todavía, de donde se va a obtener la inmensa cantidad de energía añadida que se haría necesaria para mover el enorme parque automovilístico que pueda existir en España en la fecha indicada, pues ya sabemos que la producción nacional de electricidad, junto a la que se adquiere mediante compra a terceros países, ha abocado a nuestro inteligente presidente, Pedro Sánchez, a recomendar vivamente y como solución definitiva, el exilio de las corbatas en el atuendo algo formal para, así, liberados de esa estúpida e innecesaria presión en el gaznate, reducir con eficacia asombrosa la temperatura corporal y no tener que elevar la potencia en el uso de los aparatos acondicionadores del aire que, como se sabe, todavía funcionan con energía eléctrica.

Tengo que reconocer, ante tamaña admonición presidencial, que el tocino, en la mente privilegiada del doctor Pedro Sánchez, tiene que ver, inequívocamente y sin resquicio a duda, con la velocidad, en un preclaro, aunque extraño silogismo o pensamiento complejo que estando fuera de las leyes de la lógica común, está, por ello, vedado al vulgar y general entendimiento, pues debe de ser circunstancia que sólo alcanzan a entender mentes brillantes y maravillosas, como es el caso del encomiable ingenio y talento presidencial, a mucha diferencia de los de la mayoría de los ciudadanos comunes, que andamos por la vida, como bien se sabe, sumidos en la simpleza, con nuestras obtusas, rudimentarias y en muchas ocasiones casi lerdas mentes y torpes pensamientos.

¡Pues claro que hay que prescindir de las corbatas, faltaría más! Y sin dejar ni una que pueda servir de muestra y tentación. Hay que prescindir de las corbatas de toda clase, materia, color, forma y tamaño, pues es evidente que esa propuesta de Sánchez es la definitiva y genial solución para el ahorro de energía que hace falta en la nación. Hay que desterrarlas todas y hacer que su desuso sea acto patrio y de concordia nacional. Destiérrese, pues, la de bolo, que es prenda tejana y nunca de uso nacional, elimínense de igual modo la corbata larga, la de dos puntas que, además, enredada en el pescuezo, asemeja pellejuelo de culebra entre el chaleco y el camisón. Nada, pues de las de lazo, llamadas de pajarita, de moño o corbatín. Y fuera sea el corbatón, la corbanda y el plastrón. ¡Se acabaron las corbatas! Así, audaz y asombro del universo, salva Sánchez la nación. ¡Uff, que descanso! ¿O no?

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