EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Hace nada de los cuartos, las campanadas, de aquello de los deseos y la ilusión. El guiño cómplice del calendario para activar el botón de Reinicio. Todo de nuestra parte para inventarnos la temporada. Hoy, jornada señalada en ese almanaque como uno de los días más especiales, cobra un tono diferente si hay pequeños cerca. Cómo no afrontar hoy el asunto de la ilusión, cómo no mirar de reojo a los niños y niñas que nos rodean. Sentirnos afortunados por mirar a través de sus ojos, todo lo que hoy verán y descubrirán de nuestra mano.

Parece ser que esta tarde nada se interpondrá para que disfrutemos de nuestra Cabalgata. Expectantes por el espectáculo y por las críticas que inevitablemente seguirían al mismo. Ya saben, tradiciones navideñas de nuestra ciudad. Junto al roscón, las valoraciones a las carrozas, al lugar que ha ocupado Bob Esponja, a las reminiscencias al carnaval y a lo cortito de caramelos que ha venido Gaspar.

Supongo que eso era así hasta ahora. Se acabó todo aquello. Este año, este año que por fin hemos recuperado la ilusión, la alegría y la emoción, la cosa cambiará. Este año, que este Ayuntamiento nos la ha devuelto entre luces -muchas luces- y al son de Miliki y Mariah Carey -muy alto-, ahora por fin podremos disfrutar de una Cabalgata en condiciones. Ansiosos por descubrirla, les imagino a todos. Esta tarde, las tres carrozas con escenas bíblicas, resituarán nuestra Cabalgata al lugar que se merece. Bob esponja relegado a su merecido discreto segundo plano, y por qué no decirlo, mucho más conectados a Oriente, gracias a nuestro jeque del Arcángel. Ahora que tenemos de todo, muchas luces, mapping incluido, belenes vivientes en los barrios y hasta Príncipe de Oriente entre nosotros, doy por hecho que el nivel de los caramelos estará acorde con el poderío de la nueva navidad cordobesa. Ilusionante.

Sea como fuere, el plan es para nuestros pequeños, atentos al espectáculo y a los comentarios del vecino que nos ha tocado al lado, con cierta angustia por si resulta perfil resabiado y enterado de esos que con imprudencia o impertinencia, pudieran verbalizar en voz alta alguna verdad innecesaria, de esas que hoy no pega y que puede complicarnos el espectáculo o hacer peligrar ensoñaciones tan esenciales en estos días.

En cualquier caso, disfrutemos. Y a los de oriente, o no tan lejanos, pidámosles, entre otros, grandes dosis de tolerancia, la enseñanza de mirar al diferente de la misma manera que hemos mirado a nuestros nuevos jeques cercanos, dejando en segundo plano -como Bob Esponja- si tienen más o menos caramelos.

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