"La globalización no puede consistir en la dictadura de un punto de vista"
Emil Abossolo-Mbo. Actor
El intérprete camerunés recibe un homenaje en el 12º Festival de Cine Africano de Córdoba, que proyecta algunas de las películas en las que ha participado y de cuyo jurado forma parte.
Actor, escritor y director de teatro, Emil Abossolo-Mbo (Camerún, 1958) es uno de los miembros del jurado del 12º Festival de Cine Africano de Córdoba, que además le rinde homenaje. Vivió su primera experiencia en la pantalla en Greystoke de Hugh Hudson y posteriormente ha trabajado con directores teatrales como Daniel Mesguish y Peter Brook y cinematográficos como Jim Jarmusch (Noche en la tierra) y Jean-Claude Brisseau (Les savates du Bon Dieu).
-¿Cómo y cuándo empezó a manifestarse su vocación de actor?
-Decidí convertirme en actor a la edad de nueve años. Todavía estaba en la escuela elemental. Me encanta contar esta historia. Yo soy de Camerún, un país en el que se juega mucho al fútbol. Cuando entré en la escuela tenía cuatro años. Un amigo me invitó a jugar al fútbol en el patio de recreo. Me explicó en qué consistía el fútbol: me dijo que cogiera la pelota, la golpeara y la intentara meter en la portería. Cogí la pelota e intenté darle una patada, pero él me dio una patada en el pie y yo le dije que eso no formaba parte del juego. Él me dijo: sí, forma parte, lo que yo tengo que hacer es detenerte y evitar que le des una patada al balón. A mí eso me parecía más cercano a la guerra que a un juego y provocó que dejara de ir al patio y que dedicara mi tiempo a leer. Es así como descubrí que las historias podían resonar a través de mi voz y de las imágenes que obtenía. Afortunadamente tenía también un abuelo muy espiritual que me decía que los libros vienen de los árboles, que un libro es como un bosque o como un universo, con sus árboles, sus flores, sus ríos... Cada vez que yo leía, estaba viajando. Y así empecé a entrar en contacto con lo que luego sería la actuación.
-¿Cómo fue el proceso de preparación para convertirse en actor?
-Vuelvo a mi abuelo espiritual, porque él me enseñaba todo a través de juegos. Para mí fue mi primera escuela de arte dramático. Cada tarde me contaba historias: sobre la creación del mundo, los dioses y las diosas, la vida diaria... Me decía: antes de irte a dormir tienes que coger estas historias y llevártelas contigo, porque en el mundo de los sueños es así como uno crece. Cuando yo tenía unos 12 años y estaba ya en el instituto me topé con unas personas escandalosas que tenían armas de madera, de juguete, estaban peleándose y yo pensé que lo hacían igual que en el patio de recreo. De repente pararon y empezaron a reírse. Yo quería escaparme pero me atraparon y me dijeron que necesitaban a alguien como yo. Pregunté para qué. Y me dijeron que sólo estaban aparentando que se peleaban. Les pregunté qué juego era ese y me dijeron que se llamaba teatro. Ese fue mi primer encuentro con el teatro. Cada año, en el instituto, yo participé en dos obras hasta que me gradué. Y al llegar a la Universidad decidí realmente optar por el arte dramático, el canto, la danza..., aunque por supuesto mi padre me dijo que tenía que estudiar y sacar un título. Lo hice, pero desde entonces no he dejado de actuar.
-Usted ha hecho teatro, cine, televisión... ¿En qué ámbito se siente más cómodo?
-Me siento más cómodo en el cine y el teatro. La televisión está bien pero se trabaja con demasiada presión y no se da tiempo al proceso creativo. Y a mí me gusta tener tiempo.
-¿En qué situación se encuentra el cine en África?
-Si hay un cine o varias formas de cine que no han sido descubiertas aún y que el resto del mundo necesita ver, son las de África. No solamente por su contenido histórico o político o las historias a las que pueda dar lugar. Esto sería sólo un 1%. El otro 99% tiene que ver con los puntos de vista filosóficos, espirituales, incluso médicos, y la aritmética, la geometría, las tecnologías..., muchas cosas que se han inventado u originado en África. Lo que pasa es que esto no lo escuchamos tanto. Lo que tenemos a día de hoy en un ordenador, el código binario, cero-uno, es el mismo que utilizamos en los tambores africanos. Es el mismo lenguaje binario que utilizamos en la tecnología de la programación actual. Y hay otras ciencias como la astrología, la astronomía... África tiene todo eso y más que contarle al mundo. África tiene muchos idiomas, y cada uno de ellos posee un secreto que puede reflejar un aspecto más de la evolución humana. Yo hablo varios idiomas, y cuando no entiendo una palabra en inglés la busco en español o en italiano..., y tengo una imagen más total, más global de la realidad. La humanidad necesita a cada persona y cada cultura y cada lengua para completar un punto de vista verdaderamente global. Para mí la globalización no puede consistir en la dictadura de un único punto de vista. Necesitamos tantos puntos de vista como sea posible.
-¿Qué le parece este festival?
-Es algo maravilloso. Lo digo en primer lugar de una manera un poco egoísta porque me han invitado y están haciéndome un homenaje y una celebración de mi trabajo, proyectando seis películas en las que he participado. Los actores y las actrices del continente africano no suelen recibir mucha atención mediática, así que proyectar esta serie de películas y permitir que me dirija al mundo a través por ejemplo de esta pequeña grabadora que está utilizando usted es tremendamente importante. He llegado a conocer a muchas personas inteligentes, con mucha conciencia humana, y que Córdoba haya sido un lugar en el que la espiritualidad africana y la oriental y la occidental han convivido de manera pacífica supone a día de hoy en nuestro mundo un ejemplo muy importante. Para mí, como actor, el cine es un círculo en el que no se habla de ser negro o ser blanco, ser hombre o mujer; eso es la superficie, lo que se busca en el cine es qué tipo de hombre o de mujer, de hombre negro o blanco, se es. El objetivo primero es el ser humano y tener el sueño de una humanidad, porque todavía no estamos llegando a la humanidad deseada: estamos en un proceso de búsqueda. La manera en la que yo busco es el mismo modo en que me conozco a mí mismo. Y para poder comunicarme mejor con los otros yo escojo como método la actuación. Cada vez que hay una posibilidad de juntar personas alrededor de la luz del arte dramático o el arte de contar historias, para mí es mágico, es una gran contribución para esa evolución necesaria hacia una humanidad mejor.
-¿Qué proyectos tiene a corto plazo?
-Estar en un sitio como este me provoca una corriente de ideas... He escrito una obra de teatro ya editada en Francia y tengo que hacer giras con ella. Llevo trabajando un tiempo en institutos con esta obra y los niños, franceses, blancos, se vinculan tanto a la historia que me llaman hermano mayor. Esto para mí muestra el poder de una historia contada desde un punto de vista sobre todo humano, y no excluyente. No se puede tratar la humanidad desde la superficie sino desde el corazón, desde la conciencia, el espíritu, la respiración. Y desde un sueño: el de comunicar más amor, armonía y paz. Porque yo creo que toda la humanidad tiene ese sueño.
También te puede interesar
Lo último