Mercedes Ruiz | Crítica

Puerta grande para toda la agrupación

Un momento del espectáculo de Mercedes Ruíz en el Gran Teatro. Un momento del espectáculo de Mercedes Ruíz en el Gran Teatro.

Un momento del espectáculo de Mercedes Ruíz en el Gran Teatro. / Juan Ayala

La brillante y sugerente profesional hoy por hoy, de danza, baile y coreografía Mercedes Ruíz, tras su paso por el Ballet de Flamenco de Andalucía, desde entonces incluida en el imaginario cuadro de honor de las figuras maestras del baile –aunque ya lucía antes un currículo envidiable y destacado–, como sus predecesores en dicha institución viene logrando con sus sucesivas puestas en escena ser admirada en los foros donde danza y baile flamenco tienen la consideración más elevada. Algo de lo que alegrarse por aquello de más vale tarde que nunca, permitiendo superar los siempre inevitables imponderables que cualquier empresa lleve a cabo, y para la jerezana, el mejor aporte a su carrera.

Pero, no solo las virtudes señaladas le son reconocidas, sino que cada día habrá que celebrar con Mercedes Ruíz, además, su valía creativa cuando decide implicarse en trabajos de montaje de espectáculos como Tauromagia, del distinguido guitarrista Manolo Sanlúcar, que el pasado martes trajo al Gran Teatro incluido en la programación del Festival de la Guitarra 2019. Un trabajo que de nuevo encontró el merecido acogimiento del público, denotando que con él ha puesto la cota a la altura esperada, rodeada de un admirado elenco femenino en el baile y del resto de componentes del espectáculo, incluyendo al cordobés Francisco López.

Destacaron importantes detalles con las 12 maravillas que componen la obra del sanluqueño –aquí con su voz en off–, desde Nacencia al que clausuró, levantando expectación como la música al cabo de sus tres décadas, ahora dedicándolos esta agrupación con su directora a la cabeza, al baile. Bulerías al golpe, tangos, rondeñas, varias bulerías, por fandangos, minera, martinete-seguiriya y alegrías, y todo lo que se puedan imaginar con el arte que derrocharon. Porque, Mercedes Ruíz, admirado animal de la farándula flamenca que se precie, llena de contenido una programación ella sola, y en este caso siempre atenta cuidando la estética y atuendo propio de ella y su grupo, incluidos mantón, bata de cola y castañuelas, como el atrezzo, luz y sonido, recurriendo con acierto a sus pasos, seguros zapateados, punta y tacón, escobilladas mudanzas, giros y movimientos dibujando flamenco perfil y briosos desplantes.

Duende y esmerada técnica, incansable ante el baile y danza que la edifica, asentando el por qué de lo que alabamos quienes fuimos testigos. Lo que se manifestó en toda la resolución de la importante Tauromagia coreografiada, y cómo al respetable tampoco escapó, arrancándole sus espontáneos olés y muchos aplausos, dejando el fehaciente respaldo de su agrado.

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