Orquesta de Córdoba | Crítica

Soberbio Chaikovski

Domínguez-Nieto, al frente de la Orquesta en el primer concierto de la temporada. Domínguez-Nieto, al frente de la Orquesta en el primer concierto de la temporada.

Domínguez-Nieto, al frente de la Orquesta en el primer concierto de la temporada. / Lolo Agredano

Considerada a menudo como la primera obra de su período neoclásico, el ballet con voces Pulcinella de Ígor Stravinski (1882-1971), parcialmente basado en temas antiguos del Barroco italiano, fue convertido en suite instrumental dos años después de su estreno en 1920. Stravinski muestra una habilidad asombrosa para hacer moderna una obra con aires antiguos y para crear contrastes afortunados entre lo lírico y lo bufo.

La Orquesta de Córdoba me pareció más afortunada recreando las atmósferas encuadrables en el primer tipo (magnífico el oboe) que en las de carácter burlesco, si bien mantuvo en todo momento un alto nivel.

Este nivel artístico subió hasta la excelencia en la Sinfonía cuarta de Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893), en la que orquesta y director me parecieron estar en estado de gracia. Los vaivenes entre las sombras y las luces que incluye el programa del primer movimiento fueron planteados con una fuerza y una claridad pasmosas, sobrecogiéndonos desde la primera a la última nota.

La melancolía del segundo tiempo, el scherzo pintoresco y de nuevo los claroscuros del soberbio movimiento final sonaron con tal intensidad, maestría y contundencia que arrancaron una larguísima ovación del público que Domínguez-Nieto repartió generosamente entre todos y cada uno de los miembros de su equipo, a los que hizo saludar por turnos. Noche memorable.

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