Festival de la Guitarra de Córdoba

Miguel Ríos baja el telón del Festival con su rock de altura

  • El cantante granadino presenta su ‘Symphonic Ríos’ ante un público entregado en el que dio un repaso a toda una carrera repleta de 'hits'

Miguel Ríos en el Teatro de la Axerquía Miguel Ríos en el Teatro de la Axerquía

Miguel Ríos en el Teatro de la Axerquía / Juan Ayala

El que tuvo retuvo. Miguel Ríos es la resistencia rockera. Su carisma, su timbre, su tenacidad y su relación con el rock –fiel hasta la muerte– lo convierten en el rockero inmortal de este país. Como si de un concierto de aquellas míticas giras suyas de los 80 se tratara, Miguel Ríos se metió en el bolsillo desde que apareció en el escenario del Teatro de la Axerquía a un público que iba a ir entregándose poco a poco en un concierto destinado a poner punto y final a la 39 edición del Festival de la Guitarra de Córdoba.

Ese fiel público estaba preparado para digerir esa vuelta de tuerca a unos éxitos clásicos que mantienen su pureza rock barnizada con melodías de música clásica. El espectáculo comenzó con la Obertura interpretada por la Orquesta Sinfónica Universal Music, dirigida por el maestro Carlos Checa –medio centenar de músicos embelleciendo las melodías, entre otros hits, de Un caballo llamado muerteSanta Lucía, Bienvenidos y el Himno a la alegría–, para inmediatamente emerger los componentes de su banda, Los Black Betty Boys. O lo que es lo mismo, José Nortes a la guitarra, Carlos Gamón a la batería, Luis Prado al teclado y Javier Saiz al bajo.

Tras rebautizar a la orquesta como la de la Colina de los Quemados -por ser como se le llamaba en Córdoba al lugar en el que se emplaza el Teatro de la Axerquía-, el pionero del rock en castellano, conocido hace décadas como Mike Ríos, comenzó el repaso a su repertorio envidiable con Memorias de la carretera, uno de esos sus clásicos más modernos que apareció en su LP de 2008 Solo en compañía de otros. Tras este no tan conocido tema por muchos de los que asistieron al concierto llegó ese chute de rock, ese clásico entre los clásicos, Bienvenidos, con el que Miguel Ríos ha abierto tantos y tantos conciertos desde que lo estrenara en 1982 en su Rock and Ríos. “Buenas noches, Córdoba” y al lío.

Todo un clásico directo al corazón del respetable para ir abriendo boca y saborear lo que está por venir: Directo al corazón –de su álbum titulado de igual forma en 1991–; Boabdil El Chico (se va al Norte) –que cerraba en 1986 su LP El año del cometa–. Todo un homenaje a su tierra: Veo la silla del Moro / y la sierra que queda atrás. / Veo la Alhambra que flotando se va. A partir de ahí empezaron a sucederse clásicos como El río –compuesta por Fernando Axber, de Los Brincos–, No estás sola y Reina de la Noche. Como prólogo a No estás sola, Ríos aplaudió la sentencia contra unos "cafres que acorralaron a una chica en un portal", en clara alusión a la Manada, y lanzando el mensaje a todas las mujeres de que “no estáis solas”, entre gritos de "No es no", salidos del público.

Un momento del concierto del granadino Un momento del concierto del granadino

Un momento del concierto del granadino / Juan Ayala

Posteriormente, el artista granadino tuvo tiempo de ponerse guerrero y políticamente incorrecto en Un caballo llamado muerte, advirtiendo al respetable de los peligros de la heroína, y se entregó a los acordes de Todo a pulmón -que dedicó al "grandísimo trabajo que realiza desde ha ya 40 años" el equipo de trasplantes del Hospital Reina Sofía de Córdoba-, ese clásico del LP de 1984 La Encrucijada que Miguel Ríos ha asegurado que "define la condición humana". 

Luego, El blues del autobús fue recibido como ese himno se merece, y había que bajar el pistón "para ir a miccionar, que uno está ya muy mayor", con Estoy gordointerpretado por su teclista y del grupo Señor Mostaza, Luis Prado– y volverlo a subir con Antinuclear y con El rock de una noche de verano, una noche de verano en la que no faltó ese medley rockero de clásicos de Bill Haley, Elvis Presley o Ray Charles que interpretaba como Mike Ríos en los 60 demostrando que, como predica en otro de sus hits que se echó de menos, Los viejos rockeros nunca mueren. En la frontera, Santa Lucía, Vuelvo a Granada y el Himno a la Alegría -"oda a la paz" con el que condenó "los fascismos que están resurgiendo y vuelven a recorrer Europa"- sirvieron para poner el mejor de los broches de oro con un concierto inolvidable y de rock de altura al punto y final de la 39 edición del Festival de la Guitarra de Córdoba.

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