Alberto Pellegatta. Poeta

"En Italia, la poesía es como un laboratorio"

  • El escritor afincado en Barcelona es uno de los nuevos valores de la lírica italiana

  • Participa junto a Abraham Gragera en el ciclo 'La voz de los poetas' leyendo sus versos

Alberto Pellegatta, ayer, antes de su participación en Cosmopoética. Alberto Pellegatta, ayer, antes de su participación en Cosmopoética.

Alberto Pellegatta, ayer, antes de su participación en Cosmopoética. / jordi vidal

Alberto Pellegatta (Milán, 1978) es una de las nuevas voces de la poesía italiana. Ha publicado Mattinata larga (Lietocolle, 2000), L'ombra della salute (Mondadori, 2011) e Hipotesis de felicidad (Mondadori, 2017) y sus textos se han recogido en antologías como I poeti di vent'anni (Stampa, 2000), Nuovissima poesía italiana (Mondadori, 2004) y en Almanacco dello Specchio (Mondadori, 2006).

Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Milán y en 1999 obtuvo una beca para la Universidad de Barcelona, ciudad en la que lleva afincado unos años. Entre sus reconocimientos se encuentran el Premio Cetona, el Nacional de Meda y el Premio Amigos de Milán. Pellegatta dirige la colección Poesía di ricerca/Edb Edizioni, colabora con revistas y periódicos y es crítico de arte. El autor participó ayer en Cosmopoética, donde leyó algunos de sus poemas junto a Abraham Gragera.

Para mí, la frecuentación de los clásicos es fundamental porque de ahí venimos"

-¿Conocía Cosmopoética?

-Sí. Llevo en España unos años y también en Italia había oído hablar de este festival. Me parece que es uno de los más importantes de España.

-¿Qué tienen en común la nueva poesía italiana y la española?

-Las dos son muy similares en el sentido físico pero también del lenguaje. Veo que hay diferencias en la manera de proponer editorialmente la poesía, por ejemplo. Noto que en España se hace con más cuidado y se intenta fomentar la lectura. En Italia ahora pasamos por otro momento y esto es en lo último en lo que piensan los políticos. La calidad de lo que se propone también va bajando. Pero en la poética y manera de entender la poesía y el lenguaje veo que, como en otras cosas, estamos muy conectados. Siempre hubo intercambios culturales y eso se nota.

-¿Qué momento vive la poesía italiana?

-En Italia la poesía es como un laboratorio. En otros países, por ejemplo, los jóvenes investigan el lenguaje a través de novelas o ensayos. En Italia siempre ha sido la poesía la que se encargó de esto, y aún sigue así porque veo que hay muchos jóvenes que están interesados. No obstante, hay menos revistas y una dificultad para encontrar a veces editoriales, lo que se compensa con internet. Veo que los mejores, aparte de un estudio férreo sobre el lenguaje, también utilizan en sus obras la fantasía sobre la mera descripción de los hechos o las cosas. Creo que esto es interesante y contrasta con la idea que muchos tienen de que la poesía es algo aburrido porque no hace reír. Yo he reunido una antología para la Fundación Mondadori sobre jóvenes autores que han nacido a finales de los años 60 hasta los años 80 y principios de los 90 y la verdad es que hay mucha variedad y mucha calidad.

-¿De dónde beben estas generaciones de autores jóvenes?

-Hemos tenido una gran suerte de tener en el siglo XX buenísimos poetas. Hubo una concentración inusual de autores como Giuseppe Ungaretti, Eugenio Montale, Vittorio Sereni, Giovanni Raboni o Luciano Erba, que han sido influencia también para nuestros maestros, como Maurizio Cucchi o Vivian Lamarque. Son los que nos han inspirado de alguna forma y enseñado el pulso del lenguaje contemporáneo. Para mí, por ejemplo, la frecuentación de los clásicos es fundamental porque de ahí venimos y es importante para una obra contemporánea tener los pies, la base, en algo que ha venido antes.

-¿A qué autores españoles se lee en Italia?

-Hay bastantes autores españoles que se conocen; poco a poco está llegando la generación de Jaime Gil de Biedma y también se lee a Luis García Montero. Yo he traducido a Antonio Gamoneda y Gil de Biedma. Veo que en España las editoriales empujan para que las obras lleguen al extranjero y eso se nota. Quizás se vea menos en las ediciones italianas porque hay poca inversión.

-¿Cómo es el nivel de lectores de poesía en su país?

-Creo que el número está subiendo, claro que hablamos de una elite porque la poesía es complejidad y hay que escucharla, no es como poner una canción en la radio; es algo que necesita tiempo y no todos lo tienen ni están interesados en ello. Veo que los números de ventas se mantienen. Hay quien intenta atraer a lectores, por ejemplo, bajando los precios de los libros y hay una respuesta. Sobre todo, ahora que hay crisis, veo que la gente busca algo más profundo.

-¿Cuándo empezó a escribir poesía?

-Las primeras pruebas que hice fueron poco antes de Bachillerato. Me puse a hacerlo de una forma más consciente a los 18 años. Cuando era muy joven tuve la fortuna de conocer en Milán a poetas que son ahora muy importantes en Italia como Vivian Lamarque, Maurizio Cucchi o Milo De Angelis, y esto seguro que me ha dado muchas más posibilidades.

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