Carmina Burana | Crítica Un canto a la vida

Una escena de 'Carmina Burana', en el Gran Teatro. Una escena de 'Carmina Burana', en el Gran Teatro.

Una escena de 'Carmina Burana', en el Gran Teatro.

La rueda de la fortuna giró este fin de semana sobre el escenario del Gran Teatro  de la mano de La Fura del Baus y su singular visión de Carmina Burana. Los poderosos e inconfundibles acordes de Carl Orff sonaron para introducirnos en esta composición de 25 temas inspirados en los cantos goliardos descubiertos en el siglo XIX en un códice de la Baja Edad Media.

Sus versos profanos escritos por religiosos que entremezclan el latín junto al francés y alemán antiguos nos revelan una realidad distinta a la vida eclesiástica que promulga devoción y austeridad entre sus fieles.

Sus canciones  exaltan la belleza del mundo y los placeres terrenales: el agua del deshielo que limpia y purifica nuestros cuerpos, la explosión de color que inunda los campos con la llegada de la primavera, la recogida de sus frutos que fermentan para embriagar en compañía del buen comer y la entrega sin complejos al amor carnal son algunas de las ideas que toman forma gracias al inconfundible genio musical del compositor alemán del siglo XX.

El montaje rompe con las barreras típicas del teatro y sumerge al espectador dentro de la acción

Seguro que Orff habría disfrutado como un niño pequeño con la propuesta que Carlus Padrissa, miembro fundador de La Fura dels Baus, ha realizado con su dirección escénica. Solistas, coro, orquesta, figuración y personal técnico se emplean a fondo para trabajar en los límites del riesgo que tanto identifica a la compañía.

Un magnífico equipo humano que, unido a los recursos tecnológicos y creativos que siempre les acompañan, brinda al espectador la oportunidad de contemplar un montaje completo que rompe con las barreras típicas del teatro y lo sumerge dentro de la acción. Digna de elogio es también la dirección musical de César Belda, que gracias a su adaptación saca el máximo partido a la reducida orquesta que ocupa el interior de cilindro donde proyectan imágenes.

Ante tanto derroche de talento y medios, el equipo artístico fue largamente ovacionado al finalizar la representación y como agradecimiento obsequiaron de nuevo con el Fortuna imperatrix mundi que por mucho tiempo seguirá resonando en el interior de quienes fueron testigos de esta inolvidable producción.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios