Crítica de Teatro

Vivir sin la otra mitad

José Sacristán, durante una escena de 'Mujer de rojo sobre fondo gris'. José Sacristán, durante una escena de 'Mujer de rojo sobre fondo gris'.

José Sacristán, durante una escena de 'Mujer de rojo sobre fondo gris'. / Jordi Vidal

Por cuarta vez un texto de la extensa obra de Miguel Delibes, que nunca escribió para teatro, toma forma sobre el escenario y en esta ocasión ha sido con su novela más personal. Señora de rojo sobre fondo gris es un texto de carácter biográfico que Delibes dedicó a su esposa Ángeles de Castro.

En la ficción, el escritor se convierte en Nicolás, un pintor al que tras la repentina muerte de su mujer le sobreviene una depresión mayor que le impide retomar su labor creativa. Visitar la estancia donde tiene instalado el estudio de pintura vuelve a convertirse en la enésima ocasión para rememorar los últimos y fatídicos meses que vivió junto a su compañera.

A través de un monólogo íntimo conoceremos a la protagonista de sus recuerdos; la mujer vital, inteligente y sensible, y la mejor socia que ha podido tener. Así, comprenderemos la incapacidad de volver a ser uno mismo cuando sentimos que nos han cortado por la mitad.

Sacristán respira sobre el escenario y lo colma de humanidad sin necesidad de recurrir a artificios

Inés Camiña, José Sámano y José Sacristán firman una magnífica dramaturgia que sintetiza el relato y selecciona los pasajes relevantes por los que el personaje transita sin despreciar el resto de historias conectadas al contexto histórico y social de la España que está en el punto de partida de la transición.

Sámano también realiza la lectura adecuada en su dirección con habilidad y llena de sutileza, pues tampoco precisa de grandes esfuerzos cuando tienes para interpretarlo en las tablas a alguien que solo le faltó nacer sobre ellas. José Sacristán respira sobre el escenario y lo colma de humanidad sin necesidad de recurrir a aspavientos ni artificios. Cuerpo y voz en equilibrio constante al servicio de la necesidad de comunicar. Ante proverbial ejercicio de interpretación, el público solo debe relajarse, disfrutar y dejarse llevar a lo largo de noventa minutos de teatro en esencia pura.

Pocas son las personas que optan voluntariamente por una vida en soledad. Buscar la compañía de los demás cubre necesidades fundamentales que van más allá del puro instinto de relacionarnos o reproducirnos. Son esas compañías las que dan significado completo a nuestra existencia y, por desgracia, en muchos casos descubrimos su importancia cuando ya no están. Démosle valor ahora mientras permanezcan aquí con nosotros. Cuando aún queda tiempo.

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