Amarillo limón y azabache: Superstición y leyenda urbana

Historia taurina

Luis Francisco Esplá plantó cara a las creencias populares sobre la mala suerte del amarillo encargando un terno que lució en las fiestas de San Juan de Alicante en 1976

Traje amarillo y azabache de los hermanos Esplá.
Traje amarillo y azabache de los hermanos Esplá.

Se cuenta y afirma que el amarillo es un color maldito. Todo viene por la tradición oral de que el comediógrafo francés Molière falleció sobre el escenario cuando representaba su comedia El enfermo imaginario vestido de ese color. Eso se cuenta, y eso se afirma, aunque la verdad sea que el dramaturgo galo, que por cierto vestía de color amaranto, falleció en su domicilio horas más tarde. Como también es cierto que el color maldito por excelencia en Francia entre los actores no es el amarillo, sino el verde.

Por las razones que sean, el amarillo está considerado un color con mal fario en el mundo del toro. Resulta curioso, sin embargo, que las vueltas de los capotes y los forros de las muletas sean de este color, salvo contadísimas excepciones en el que es sustituido por el blanco, el morado o el azul.

La creencia del gafe del amarillo está tan extendida en el planeta de los toros que es un color que no está bien visto por la mayoría de la gente de coleta, que lo ve como algo nefasto y pregonero de tragedias y desgracias. Puede que la muerte de Alberto Balderas, vestido de canario y plata, por las astas del toro Cobijero de Piedras Negras, en México, acentuara los tintes trágicos de este color.

Alicante está de fiesta. La ciudad levantina celebra un año más las Hogueras de San Juan. Sabido es que en este país con forma de piel de toro la liturgia taurina está ligada a la fiesta. Alicante no podía ser menos. Cuando el mes de junio comienza a tomar su final, los toros se hacen presentes para mayor alborozo del pueblo alicantino. Con aroma a mar, con perfume a huerta y con el característico olor a pólvora, Alicante celebra su fiesta mayor. Es 1976. España ha iniciado un nuevo camino. La sociedad española tiene ganas de cambio y de nuevos tiempos. El toreo también.

En esa feria de Alicante se presenta como matador de toros el último, por el momento, torero de la tierra. No hace dos meses que Luis Francisco Esplá se ha doctorado como matador de toros en Zaragoza. En las paredes, pegados con rústico engrudo, se anuncia su debut en la plaza de su tierra el día 23 de junio. Toros de Juan Pedro Domecq para Ángel Teruel, Paco Alcalde y Luis Francisco Esplá. Un cartel de matadores que dominaban con suficiencia el segundo tercio. Luis Francisco, sabedor de una fecha tan señalada, se prepara a conciencia para ese día. Consciente de que tendrá que lucir con los rehiletes junto a matadores consagrados, hace que para esa fecha elija un terno bordado en azabache, más ligero y más llevadero en el ruedo.

Por sugerencia del doctor y gran escritor taurino Fernando Claramunt, Esplá se ha hecho coser por el sastre Fermín un terno de color amarillo limón y azabache, como uno que luciera Gallito, y cuya combinación cromática ha sido del gusto del nuevo espada alicantino, gran admirador de Joselito El Gallo. Así pues, aparcando supersticiones y manías, Esplá decide vestir del color maldito en tan señalada fecha.

Todo está dispuesto en la casa de campo donde los Esplá se visten de toreros cuando torean en su tierra. El día de la corrida, debido a una lesión de Ángel Teruel, la empresa decide que el espada del madrileño barrio de Embajadores sea sustituido por el local José María Manzanares. La nueva rivalidad entre toreros de la tierra puede volver por donde solía hacerlo.

Esplá ha llegado al patio de caballos pronto. Saluda a sus paisanos con su peculiar jovialidad. Luce el traje en cuestión. De pronto, un revuelo en la entrada a la plaza: ha llegado José María Manzanares con gran expectación del público. Todos quieren saludar al torero que abrirá cartel. José María, que siente una enorme animadversión hacia el color amarillo, se percata del color que viste su paisano y compañero de cartel. Dicen quienes vieron la escena que el maestro de Alicante cambió de color. Su estado anímico cambió de forma radical. Tanto es así que se retiró todo lo más que pudo de la visión de ese color que tanto aborrecía.

La leyenda urbana dice que incluso tuvo que ser atendido de un ataque de nervios en la enfermería. La polémica estaba servida. ¿Fue aquello un gesto del joven Esplá para sacar de sus casillas a su compañero y rival? Siempre se afirmó que así fue. La verdad no fue otra que el resto del ropero de Luis Francisco se encontraba en Benidorm y no dio tiempo material –hablamos de los años 70 en España– de ir en busca de un nuevo terno.

La tarde fue gris. Manzanares se estrelló con un lote imposible. Alcalde y el novel Esplá solo pudieron lucirse con las banderillas. Si no hubiera sido por el incidente del amarillo aquella tarde hubiera quedado en el olvido.

Esplá regaló el terno en cuestión a su hermano Juan Antonio cuando este tomó la alternativa. Aún así, el hermano mayor ordenó hacerse otro similar años más tarde. Ambos vestidos de amarillo limón y azabache, los dos hermanos Esplá hicieron el paseo en Villanueva del Arzobispo dando de lado a las supersticiones, supercherías y leyendas urbanas.

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