RUTA DE PATIOS ALCÁZAR VIEJO Maestros de los patios

  • Duartas, 2; Postrera, 6; Martín de Roa 7 y 9; y San Basilio 14, 15, 20,22 y 44 forman parte de uno de los itinerarios que más turistas reciben cada año durante el concurso 

Un grupo de turistas en Martín de Roa, 7 Un grupo de turistas en Martín de Roa, 7

Un grupo de turistas en Martín de Roa, 7 / Juan Ayala

¿Pero usted le habla a las plantas?”, pregunta una turista de Barcelona a Ana de Austria, propietaria de San Basilio, 22, quien responde con total normalidad que “claro”, que conversa con ellas. El de Ana de Austria es uno de los patios que pueblan este barrio de la capital, una zona en la que los turistas se cuentan por miles en mayo y donde las colas, en algunos casos, superan la media hora para ver lo que esconden sus afamados espacios.

Como el de esta mujer que nació en 1935 y que sigue al frente de su casa en la que por haber, hay hasta claveles de color verde cayendo de manera elegante por una de las paredes engalanadas. “Esto me da la vida y lo disfruto todo el año”, explica, mientras no pierde tiempo en recordar que también hay un pozo, “que es de paso y que tiene nueve metros de profundidad”.

En este paseo por los patios de San Basilio, una de las rutas más demandas por los turistas durante el concurso, no hay tiempo para el descanso, ya que las casas a visitar se encuentran a poca distancia. Prueba de ello es que al lado de la casa de Ana de Austria, justo en el número 20, se encuentra la de Juan Jiménez e Isabel Gutiérrez. Una coqueta vivienda con un patio que sorprende por su belleza y singularidad. Prueba de ello es el limonero en espaldera que ocupa buena parte de una de las paredes o lo que denomina Paqui Hidalgo –madre del cuidador– como “UCI” de las plantas.

Turistas en San Basilio, 20 Turistas en San Basilio, 20

Turistas en San Basilio, 20 / Juan Ayala

Se trata de la azotea de la casa y a la que suben algunas plantas para “revivirlas” cuando están mal. Otra de las particularidades de este patio –en el que también hay hueco para un taller artesanal– es un olivo que hace 17 años plantó Hidalgo en una pequeña maceta y que no mide más de 30 centímetros de altura, pero del que nacen aceitunas del mismo tamaño que un olivo normal.

Unos pasos más adelante y en la otra acera –en la de los números impares– está Angel Araújo, el propietario de San Basilio 15, patio de arquitectura moderna, presidido por el color blanco y en cuya entrada han dispuesto este año una cesta con limones y naranjas.

“Cada año intentamos mejorar el patio y, por ejemplo, este hemos puesto unos herrajes centenarios”, explica, al tiempo que alude al hecho de que tiene la sensación de que a lo largo de este concurso “tenemos el mismo público que el año pasado, aunque notamos que vienen menos grupos grandes, será porque los autobuses aparcan más lejos”.

Será cuestión de sensaciones o impresiones de Araujo, quien reconoce también que eso de estar en el patio recibiendo a los turistas día tras día es una tarea compleja, tanto que “tenemos que hacer encaje de bolillos” con el trabajo. Además, destaca que visitar el patio es diferente por el día que por la noche. Es más, alude a que en su caso encienden velas y colocan focos de manera estratégica para ofrecer otro ambiente.

Ignacio Álvarez, por su parte, ofrece al mediodía a los turistas un pequeño vaso de vino en el número 14 de San Basilio, donde no falta música flamenca. Según sus cálculos, “aquí vienen entre 2.500 y 3.000 personas cada día”. Begonias, claveles en pendiente, gitanillas, geranios y “la reina de la casa, que es la medinilla magnífica” componen el patio desde el que se puede comenzar esta ruta y en el que este año, además, han incorporado un pequeño espacio en el que hay un antiguo retrete para asombro del que lo visita.

Varias personas fotografían el patio de San Basilio, 14 Varias personas fotografían el patio de San Basilio, 14

Varias personas fotografían el patio de San Basilio, 14 / Juan Ayala

Mientras, una joven se encuentra en el medio de los patios de Martín de Roa 7 y 9 y es la que dice a qué recinto entrar en primer lugar. En este caso, el 7, en el que desde hace cuatro décadas está Juan Collado recibiendo a turistas durante el concurso. “Mira, prácticamente esto es igual desde hace cuarenta años”, resume, si bien, advierte de que “antes no había macetas, sino que las plantas estaban en latas”.

Collado no tiene reparos en resolver las preguntas de cuántas personas acceden a este patio, en el que confiesa que después de la comida se sienta, descansa y se toma un café a la espera de que lleguen más turistas. “Lo que más preguntas es cómo se riegan las plantas”, explica, al tiempo que enumera algunas, como la “buganvilla, que está preciosa o la gamba”. “Todas las horas que se echan aquí son pocas, aunque te relaja”, considera.

En el otro lado, en el número 9 de Martín de Roa, dice Manuel García que hay unas 1.500 plantas, entre geranios y gitanillas y claveles, las plantas que, a su juicio, no deben faltar en ningún patio. Recuerda que JuanRodríguez Medina, conocido como El Langosta, fundó en 1979 el patio, en el que ahora hay siete viviendas. “La gente no colabora mucho, pero vienen muchas personas”, asegura.

La Asociación de Amigos de los Patios, por su parte, también tiene su propio espacio en San Basilio, en concreto, en el número 44, otro de los grandes exponentes de la fiesta y otro de los que registra más visitas, y en el tampoco falta ni el más mínimo detalle. A su entrada y poco antes de que abrieran las puertas, un grupo de turistas espera pacientemente su turno. “Nos han recomendado que empecemos por este patio”, dice Susana Suárez, procedente desde Barcelona y dispuesta a conocer y visitar cada patio que le fuera posible en apenas dos días.

Decoración del patio de Postrera, 28 Decoración del patio de Postrera, 28

Decoración del patio de Postrera, 28 / Juan Ayala

Los patios del Alcázar Viejo no se acaban en San Basilio. A penas hay que callejear un poco para alcanzar el número 28 de la calle Postrera, donde está Rafael Córdoba. “El sábado esto fue una feria de gente. La fiesta de los Patios tiene cada vez más fama”, insiste Córdoba, que participa en el certamen desde 1987 y quien ha obtenido bastantes premios desde entonces.

Su patio está en una casa del siglo XVI y este año ha cambiado el suelo del mismo y ha instalado piedra rodada. No desaprovecha la oportunidad de recordar que sus flores no son de plástico, y que alguna de sus plantas tienen incluso un cuarto de siglo de vida. Eso sí, una de las plantas con más –digamos– experiencia es un ficus, con más de 60 años, según dice.

“Aquí llega menos gente”, asegura Isabel Luque, propietaria de Duartas, 2. Y lo dice mientras en la puerta de su casa hay más de medio centenar de personas esperando a entrar. Alegrías, begonias bien cargas de flores, verbenas o geranios lucen en este patio que durante todo el año cuida Isabel junto a su hermano José Luis.

“Han pasado ya cinco generaciones y estamos acostumbrados a abrir el patio”, explica Luque, quien reconoce que para atender las visitas y participar en el concurso renuncia a un mes de su sueldo. Añade que “Córdoba, sin mayo estaría coja”. Cuánta razón.

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