Ciudad de Lucena - Sevilla FC | Ambiente Que vengan más partidos así

Aficionados lucentinos reciben a su equipo a la llegada al estadio. Aficionados lucentinos reciben a su equipo a la llegada al estadio.

Aficionados lucentinos reciben a su equipo a la llegada al estadio. / Juan Ayala

Lo normal era que perdiera. Y perdió. Pero el 15 de diciembre de este 2020 inolvidable, por todo el mal que ha traído el dichoso coronavirus, siempre tendrá un lugar en la historia del deporte lucentino. Por primera vez, un equipo de Primera División, y no precisamente un cualquiera, sino un hexacampeón de Europa y claro aspirante a todos los títulos en juego como el Sevilla, jugó un partido oficial en Lucena. Además, con respeto y señorío, tirando de los mejores, dándole a la cita la trascendencia que merecía.

Desde dos horas antes de que la batalla arrancara en el verde, desafiando el frío del atardecer, ese que baja de la Sierra de Aras y se va calando en los huesos como si tal cosa, la bulliciosa afición celeste empezó ya a darle forma a su partido. Apostados en las puertas del moderno y práctico Estadio Ciudad de Lucena, de gala para la ocasión -redes nuevas en las porterías, videomarcador, decenas de medios...-, alrededor de un centenar de seguidores calentaron el ambiente con un recibimiento como el de los días grandes.

Llegó primero la expedición del Ciudad de Lucena, que arribó en autocar, agasajada con vítores y cánticos de ánimo, agradecidos para lo que se venía encima. Minutos más tarde lo hizo el Sevilla, que venía de pasar la tarde en un hotel de la vecina Cabra; los decibelios subieron, los ánimos pasaron a ser afrentas, con el único objetivo, loable, de intimidar al favorito, acostumbrado a ambientes más calientes, pero que empezó a percatarse de que no venía al corazón de la Subbética de paseo. Para eso, cualquier fin de semana es bueno, y disfrutarán más, sin duda.

Cumplido el protocolo, todos juntos como hermanos, pero respetando las medidas de seguridad, fueron cumplimentado su ingreso en el recinto. Apenas 400 tuvieron el privilegio de ver el encuentro en vivo y en directo… en sus asientos, pues otro centenar lo presenció en la ladera que da a la autovía, desafiando todas las leyes, las de la gravedad incluidas. Unos y otros, pero sobre todo los de dentro, sonaron como miles, dando color y calor a la batalla, continuando los recibimientos, con el reparto equitativo para locales y suplentes, pero dando ejemplo de cómo debe comportarse una afición que quiere regalarse más de cuando en cuando partidos de este calibre.

Para ello será fundamental mantener el ritmo competitivo que desde la llegada al club de los hermanos Carrasco se ha autoimpuesto un equipo que ya peleó hace unos meses por el ascenso a Segunda B -el premio final fue para el Betis Deportivo, y la pedrea esta Copa con el Sevilla- y que ahora camina por la misma exitosa senda. De momento es segundo en el Subgrupo X-B de Tercera División, un puesto que pondrá en juego el domingo en Puente Genil ante el Salerm. Esa es la verdadera guerra de un club y una ciudad que ya están puestos en el mapa futbolístico.

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