Virtuosismo en la jungla
Lucena-betis b · la crónica
El Lucena despacha al Betis B con una lección de fútbol total, culminada con un quinto gol sublime · La grada se decanta por Montero en su conflicto con Jon Ander
El Lucena rubricó su actuación más completa como equipo de Segunda División B (firme en defensa y con un portero de lujo, resolutivo a balón parado y preciso en jugadas de tiralíneas capaces de entusiasmar, con mención especial para un quinto gol propio de un conjunto de otra dimensión) para vapulear a un Betis B que con la de ayer acumula ocho derrotas en nueve partidos y ve incluso peligrar una permanencia que creía asegurada meses atrás, cuando Paco Chaparro se sentaba en su banquillo. Mientras, el combinado aracelitano firmó su primer triunfo en el angosto campo de la Ciudad Deportiva y apunta a la zona alta de la clasificación al afrontar el sprint final de la temporada con la moral por las nubes. Que se lo digan a su entrenador, Antonio Montero Nene, quien fue vitoreado por la afición en el simbólico punto y final a una semana que ha dejado al desnudo sus discrepancias con el presidente del club, Jon Ander López, y el director deportivo, Ricardo Albis. Es una pena, pero se puede decir que el magnífico 5-0 no se celebró con la misma pasión -hay verdades a medio camino- en los diferentes estamentos de un club inmerso en la vorágine, que está creciendo demasiado deprisa.
Con el césped artificial recién regado, el sol en todo lo alto y los béticos con las energías intactas, el triángulo defensivo del Lucena (Argüello-Rezzonico-Romero) cometió algunas imprecisiones que mosquearon a Antonio Montero. También falló Cabello en la primera ocasión de la tarde, cuando recibió el balón de Diego Herrera en un error en la salida de Álex Ortiz y cruzó su disparo en demasía. En la siguiente acción, Velasco no se atrevió a tirar después de amortiguar un excelente cambio de orientación de Gato Romero. Y en el córner sucesivo, Cabello la puso, Diego Herrera tocó y Belfortti no acertó a remachar. El Lucena estaba desarbolando a su rival y Herrera retó a René merced a un gran pase al hueco de Velasco, pero se equivocó en el intento de vaselina. Sólo habían transcurrido ocho minutos y la cosa pintaba muy bien.
Solventado el arreón inicial, el Betis B se estiró un poco. Isidoro, tras un envío en largo de Zamora, probó fortuna desde el pico del área. Toni García blocó un testarazo de Diego Segura y Rubén mandó una falta a pie cambiado a un metro de la cruceta.
La reducción de espacios provocaba encontronazos -los visitantes se llevaron sendas tarjetas en las dos primeras acciones bruscas- y pifias y Nene reclamaba concreción en los últimos metros. Nada de florituras; pegada. Nada de caricias; puñetazos al mentón.
Le hizo caso el obediente y aplicado Diego Herrera. Con un cabezazo impecable, el argentino puso la guinda a una combinación de manual: apertura de Romero hacia la izquierda, control de Velasco pegado a la cal, apoyo de Dani Lanza, centro medido al corazón del área y remate. Un gol agradable a la vista y ejemplar para cualquier entrenador.
El cuadro sevillano no se vino abajo. De hecho, no marcó en el minuto 36 porque medió una demostración de reflejos de Toni García, quien sacó una mano tremenda después de que Diego Segura metiera la bota en un centro de Isidoro que hizo dudar a Rezzonico -fue su único desliz-. El meta también se estiró de forma providencial en un golpe franco ejecutado por Zamora. El descanso vino de perlas a un Lucena que, superado por el toque de Cañas y los escarceos de Isidoro o Rodri, había ido perdiendo gas con el paso de los minutos.
Montero movió ficha en el intermedio: Cabello fuera, Guille dentro. La chispa, no obstante, la ponía Velasco, entre otras cosas porque el recién salido se escurrió en sus dos primeras intervenciones. El gran problema era que al Lucena le faltaba fuelle en la medular, y su técnico se desgañitaba para que el equipo no reculara.
El preparador aracelitano corrigió el defecto con la inclusión de Sarmiento en detrimento de José Jesús Lanza. No obstante, fue el otro volante, Sergio Iglesias, quien tendió una alfombra roja hacia el tanto de la tranquilidad. El gaditano sirvió un balón de oro a Guille y el de Cañero hizo el resto con un par de golpes de cintura.
José Luis Mena sabía que el encuentro se le iba y realizó un doble cambio en el 64', poblando el ataque con Carlos Valverde y Carreño. La apuesta, obviamente, limitaba la fiabilidad defensiva de los verdiblancos. Y Guille, ya con las botas de repuesto para evitar resbalones, tuvo el tercero en el cuero cabelludo en el colofón a una asociación con Diego Herrera.
El 3-0 estaba bastante más cerca que el 2-1. Con Rezzonico inexpugnable en el juego aéreo, el bando local trató de rasear el esférico y abrirlo a las bandas para aprovechar los metros cuadrados del campo. Pocos, pero son los que hay. Nene metió a Fernando Carralero para percutir por la izquierda, y el ex heliopolitano dejó un pase atrás que Gato Romero convirtió en un obús centrado hacia los guantes de René.
Toni García impidió un disgusto con otro alarde de reflejos a pies de Carreño. Y el Lucena, en plan martillo pilón, añadió luces a la fiesta en sendas acciones de pizarra con acento argentino: Belfortti estrenó su cuenta en este campeonato y Herrera registró su doblete con una maniobra plena de garra y contundencia. Bravísimo.
Con todo visto para sentencia, Zamora se libró de los últimos coletazos de la humillación al ver la segunda amarilla. Al bello cuadro le quedaba la pincelada definitiva: en una jugada prodigiosa, de auténtico tiki-taka, Sarmiento halló otro pasillo interior y Velasco asesinó con sutileza a René. La grada, encantada, dictó sentencia: "¡Nosotros te queremos, Nene quédate!". Seguramente se irá, pero digno, con la cabeza muy alta. Y la frente marchita.
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