Ahí te quería yo ver (0-1)

Tenerife-córdoba

El CCF suma su cuarta victoria consecutiva a domicilio para regresar a la zona de 'play off'. Los blanquiverdes exprimieron sus virtudes defensivas tras el golazo inicial de López Silva.

Foto: LOF
Foto: LOF
Cisco López

Córdoba, 17 de mayo 2014 - 21:50

A falta de tres jornadas para que la temporada regular eche el telón, el CCF vuelve a estar en puestos de play off (a expensas de que el Recre no gane hoy por tres goles). Está ahí tras superar en su propio feudo a un rival directo como el Tenerife, al que le gana además el goal average particular, enlazando así su cuarta salida consecutiva sumando los tres puntos. Un dato para nada baladí, sobre todo si se tienen en cuenta los problemas que el equipo tiene para vencer en casa. Pero es que a domicilio es donde mejor se plasma el estilo impuesto por Ferrer, basado en el orden, el equilibrio y la sobriedad defensiva. Si encima a todo eso se le añaden los chispazos de calidad de un frente ofensivo al que mientras la sangre le llega al cerebro es capaz de inventar jugadas como la del golazo de López Silva, la ecuación no puede tener un final mejor. El cuadro blanquiverde depende de sí mismo para pelear por el ascenso, un desafío impuesto desde el verano que se ha ido convirtiendo en un sueño real a medida que en el vestuario se han olvidado de él, dejando de lado una presión innecesaria.

El CCF ya sabe todo el mundo a lo que juega. No va a cambiar porque le está yendo bien a pesar de los disgustos que cada dos semanas tiene que soportar el aficionado que acude a El Arcángel. Es por eso que nadie puede llevarse a engaños cuando ve que el equipo se tira atrás, renuncia a la pelota y se blinda con cambios cada vez más defensivos. Es un estilo que sólo es bueno si va acompañado del resultado, aunque invite a tirar de tilas y otros remedios para pasar el mal rato. Un sufrimiento que luego queda en anécdota si el enemigo, como ayer el Tenerife, está negado de cara al gol y, sobre todo, si el entramado defensivo rinde a un nivel sobresaliente. Y eso, afortunadamente, pasa cada vez con más frecuencia, aunque haya disgustos notables como el del Zaragoza de la pasada semana por un fallo que ha costado a Raúl Bravo perder su sitio en el equipo.

Así, la ausencia del valenciano fue una de las novedades en el Heliodoro; Fran Cruz ocupó su sitio para formar pareja con su hermano Bernardo, relevo del sancionado Iago Bouzón. Arriba, Xisco entró en lugar de Arturo. Enfrente, el Tenerife salió con todo, liderado por esa joya llamada Ayoze a la que todavía debe pulir. Era el arma elegida por Álvaro Cervera para tratar de romper su racha negativa de tres derrotas consecutivas, todas por la mínima y sin marcar gol alguno; ahora, ya son cuatro. Porque el CCF supo aguantar de la mejor manera posible el arreón inicial chicharrero. Las incursiones de Suso Santana por el costado derecho obligaron a Pinillos a multiplicarse, y a Juan Carlos a tirar de lo mejor de su repertorio a las primeras de cambio. El portero alcarreño evitó el primero a los tres minutos con una buena estirada y luego se convirtió en el destinatario de todos los balones colgados desde la cal. A los visitantes les costaba salir, aunque ese papel de dominados cada vez lo intrepreta mejor. Así, tras un aviso de Xisco y un centro-chut de Pedro al que no pudo dar continuidad Uli Dávila, llegó el 0-1 en una rápida acción del mexicano bien culminada por López Silva. Era la mejor manera de frenar el ímpetu local.

El gol sirvió de estímulo para el Tenerife y reforzó al CCF en su patrón de juego. Como en otras tantas ocasiones, hecho el trabajo en ataque, ahora tocaba dejarse la vida en defensa para mantener esa exigua renta. Y ahí rindió a las mil maravillas este grupo solidario y currante que ha construido Ferrer en el último mes y medio. Agazapado atrás, amurallado con dos líneas de cuatro bien juntitas y corriendo como si no hubiera un mañana, el cuadro cordobesista tapó cualquier vía de agua por la que los insulares pudieran atacar. Con todo, Aridane tuvo una muy clara al ganar la espalda a Fran, si bien su disparo se fue al lateral de la red, antes de que otro cabezazo del gigantón y una jugada individual de Ayoze encontraran respuesta en Juan Carlos. Pero no todo fue defender, pues antes del intermedio Abel buscó el gol olímpico en un córner y Uli Dávila, tras una contra conducida por Luso, sacó astillas del poste de Roberto con un derechazo sutil.

Como últimamente, el CCF había firmado una primera mitad de nota, de menos a más, en la que pudo incluso haber hecho algún gol más. Pero todo ese volvió a variar tras el paso por los vestuarios. Otra vez el culo metido en el área propia, otra vez la línea de presión retrasada, otra vez el balón para el rival y a sufrir y sufrir. Sin embargo, el Tenerife no fue capaz de meter una marcha más, ni siquiera con los cambios, y sus ataques se convirtieron en previsibles, fáciles para la zaga cordobesista. Sólo la conexión Aridane-Ayoze creó verdadero peligro, aunque el remate cruzado del segundo, al plantarse ante Juan Carlos, fue repelido por el poste. Era sólo el minuto 55. Pero Ferrer ni se inmutó porque confiaba plenamente en su plan. Y éste pasó desde ahí a ser más reservó sin cabe. Garai, Campabadal y Pelayo se montaron en el autobús y el partido pasó a ser un monólogo chicharrero al que sólo le faltaba el gol. Pero éste no llegó porque salvo un cabezazo de Bruno al que respondió bien el meta, el CCF no concedió apenas ocasiones en un final plácido que permite soñar.

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