Al pasar de los años | Crítica

La inteligencia impar

  • Casi a los cuarenta años de su muerte, ve la luz una exigente selección de artículos de Álvaro Cunqueiro, añadida a las ya conocidas, obra, en esta ocasión, del periodista Miguel González Somovilla 

Imagen del escritor mindoniense Álvaro Cunqueiro (1911-1981) Imagen del escritor mindoniense Álvaro Cunqueiro (1911-1981)

Imagen del escritor mindoniense Álvaro Cunqueiro (1911-1981)

La oportuna y minuciosa introducción de Miguel González Somovilla nos pone en suerte el componente humano y la textura histórica de la que emerge la obra toda de Álvaro Cunqueiro; y en particular, aquel aspecto de su literatura que, probablemente, esté destinada a una perduración ulterior, de altísima categoría: su articulismo periodístico. Con esto no se quiere decir, obviamente, que la poesía, el teatro y la novela de Cunqueiro sean materia de segundo orden; pero sí que los artículos de Cunqueiro, tanto por su formidable calidad estilística, de fuerte y maravillosa imparidad, como por el tono fantasioso que los distingue, hacen del escritor mindoniense uno de los grandes escritores europeos de la segunda mitad del XX.

Las imaginaciones de Cunqueiro son imaginaciones felices, melancólicas, vagamente medievales, en las que el hombre comparece con sus ensoñaciones y apetitos.

Y ello no sólo por su pericia o por el rubro de conservador, con el que suele reputársele. La obra de Cunqueiro, ya se ha dicho, viene expresada en una de las herramientas de la modernidad, cual es el artículo literario. Y dentro de esta vía contemporánea, el mundo Cunqueriano orbita alrededor de una de las grandes realidades abrazadas por el Romanticismo y la vanguardia surreal, a la que Cunqueiro fue tan próximo: la fantasía, lo improbable, el apagado resplandor del mito. Existe, sin embargo, una peculiaridad mayor que acaso postergara la fama y el prestigio del escritor, y que hoy nos lo hacen aún más extraordinario. Contra toda la tradición del XIX y el XX, las imaginaciones de Cunqueiro son imaginaciones felices, melancólicas, vagamente medievales, en las que el hombre comparece, no sólo con sus miedos, sino con sus ensoñaciones y apetitos. De ahí que, junto con el membrete de imaginativo, Cunqueiro sea también, con Nestor Luján, uno de los grandes escritores aperitivos, vale decir, gastronómicos, que ha dado España. Lo cual vale para el siglo XIX, donde impera justamente el Doctor Thebussem, como en la centuria actual, donde no hay una voz coquinaria que se le iguale.

Tiene el lector ante sí, pues, dos magníficas tareas para estas tardes de verano: descubrir el vasto itsmo cunqueriano, todavía secreto. Y trepar a la altura del escritor, si ello le fuera posible.

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