Córdoba CF - Linares Deportivo | La crónica Está vivo, y ya es mucho (2-1)

Los jugadores del Córdoba CF abrazan a Luismi tras el gol de la victoria. Los jugadores del Córdoba CF abrazan a Luismi tras el gol de la victoria.

Los jugadores del Córdoba CF abrazan a Luismi tras el gol de la victoria. / Juan Ayala

¡Está vivo! ¡Sí, está vivo! Sufriendo, siendo sometido por el líder, tras firmar un mal partido, y con dos goles nacidos de la nada, a la contra, para firmar una efectividad plena, el Córdoba CF enterró su depresión y se reenganchó a la pelea por una de las tres primeras plazas del Subgrupo IV-B que asegura un billete para la futura Primera RFEF. Al final, hizo lo más importante, pero también lo más difícil. Porque llegados a este punto, la clave era ganar, volver a ganar, y el cómo importaba un poco menos. Sobre todo porque ahora hay dos semanas para encarar el siguiente encuentro con algo más de serenidad, apartando los nervios y viendo una clasificación que se aprieta cuando apenas quedan nueve puntos en juego gracias a los goles de Nahuel y Luismi, que abren una nueva puerta a la esperanza.

"Vencer o morir" rezaba una de las pancartas que el viernes, cuando ya caía la noche, aparecieron en los aledaños de El Arcángel. Un mensaje que más allá del destinatario reflejaba a la perfección la situación con la que el equipo encaraba el partido ante un líder con colchón de sobra como para tomarse las cosas con más calma, casi a verlas venir. Todo lo contrario que el CCF, que tras una semana de obligada reflexión, se veía empujado a exponer sobre el verde, a recuperar sensaciones, a a recobrar el pulso, daba igual el modo.

Alfaro entendió que el primer paso lo tenía que dar él mismo con la alineación, que revolucionó con hasta cuatro cambios, algunos arriesgados e inesperados, como la vuelta de Edu Frías a la portería o el relevo de Djak Traoré por Mario Ortiz; otros esperados como la inclusión de Xavi Molina para relevar a Del Moral -Bernardo entró en el eje de la zaga- o De las Cuevas por Moutinho, aunque el capitán actuó por dentro. La idea, sobre el papel, ya apuntó a buscar solidez, crecer de atrás hacia adelante y jugar a la contra.

Y quizás no era mala del todo, teniendo en cuenta que la confianza azulilla para exponer con la pelota bajo su manto ya ha quedado más que demostrada en cuatro meses de competición; pero sobre todo viendo la incapacidad manifiesta para dominar que el Córdoba ha tenido desde el inicio del curso. El problema es que jugando en casa y teniendo que ir a ganar sí o sí, cuanto menos era chocante. Tanto o más como el cambio a la hora de ejercer la presión, que ahora comenzaba casi en la medular, tal vez buscando reducir el espacio entre líneas cuando la posesión es del enemigo y dejando hacer en su campo propio.

Nahuel Arroyo dispara para hacer el primer gol del Córdoba CF al Linares. Nahuel Arroyo dispara para hacer el primer gol del Córdoba CF al Linares.

Nahuel Arroyo dispara para hacer el primer gol del Córdoba CF al Linares. / Juan Ayala

Así, desde el arranque del choque ya los papeles parecían cambiados entre local y visitante. El paso adelante constante de los linarenses para apretar arriba provocaba un aluvión de pérdidas, y muchos riesgos, pues el plan era no rifar la pelota, intentar tenerla; tarea que se complica cuando los que tienen que recibir son dos mediocentros de otras características bien distintas. Al final, el juego directo, a veces a la espalda de los centrales y otras directamente a las bandas para las carreras de Ródenas y Nahuel, era vía de escape.

El ex del Albacete firmó el primer susto con una carrera cayendo al perfil contrario para recoger un balón suelto, pero luego se precipitó a la llegada de Piovaccari y De las Cuevas por el centro. No fue la única vez, dado que las prisas, fruto de una sobre excitación mal entendida, fueron tónica habitual durante la mayor parte del encuentro. Y eso que antes del cuarto de hora Nahuel se estrenó como goleador tras una segunda jugada bien entendida por Xavi Molina, que lo dejó solo ante Razak, que esperó la carrera sin achicar, bajo el larguero, y solo pudo recoger la pelota ya de la red.

Quedaba por ver si verse con ventaja serenaba al CCF. Pero nada de eso. Y lo cierto es que más allá del temor a las ocurrencias del árbitro, de gatillo fácil y con el listón de las amonestaciones bajísimo, no le fue mal por unos instantes, en los que se asomó por campo rival, fallando siempre en ese último pase que diera opción a finalizar. Pero el primer despiste atrás, como casi siempre, fue letal. Una salida de la cueva de José Cruz cogió al equipo dormido y terminó con el gol de Fran Lara tras el toque de Hugo Díaz, el más listo para recoger un mal despeje de Edu Frías que repelió el poste. Tres cordobeses echando una pala más de arena.

Del dominio azulillo, al golpe blanquiverde

De ahí al descanso no hubo nada de nada. Unos por incapacidad para dar tres pases con criterio que, más allá de dañar al enemigo, te sirven para coger aire y no tener que acumular carreras en la presión; y otros por su falta de necesidad. Claro está que la exigencia estaba en los primeros, contra las cuerdas, lo que llevó a Alfaro a probar con un perfil de punta diferente, dando entrada a Willy por Piovaccari; la respuesta del Linares fue doble: Irizo y Julio Gracia entraron por Morante y Peque, lo que llevó a Lara a incrustarse como central, con lo que su equipo ganó aún más claridad para iniciar el juego desde su área.

Xavi Molina gana por alto un balón a Fran Carnicer. Xavi Molina gana por alto un balón a Fran Carnicer.

Xavi Molina gana por alto un balón a Fran Carnicer. / Juan Ayala

Precisamente el montoreño tuvo la primera de la segunda mitad, aunque su testarazo tras un córner, libre de marca una vez más, salió muy alto. Julio Gracia lo intentó acto seguido con un disparo desde 35 metros que se marchó también arriba. Entre una y otra, Alfaro por fin se decidió a arriesgar un poco: Mario Ortiz relevó a Djak para dibujar un doble pivote ya con criterio para jugar y Moussa Sidibé ingresó por De las Cuevas, ocupando la banda derecha y llevando a Ródenas a situarse por dentro, cerquita de Willy.

Ajustes sobre la pizarra -y sobre la marcha- que no tuvieron efecto inmediato, ni mucho menos, en una fase del partido en la que el Linares pasó a dominar por completo, a placer, jugando de continuo en campo rival. Irizo, tras una buena acción combinativa amenazó con un derechazo que halló en su origen el pie salvador de Xavi Molina. El Córdoba sufría, y no poco; Alfaro, de haber podido, hubiera pedido tiempo muerto. Pero tocaba rehacerse desde dentro, y ya con Mario poco a poco entrando en dinámica, los blanquiverdes trataron de hacerlo teniendo algo más de balón.

Y encontrando con más espacios a Moussa que, fresco, se convirtió en el principal arma ofensiva local. El maliense probó primero el disparo desde media distancia y poco después exigió de verdad a Dani Sánchez. Sin ser nada definitivo, al menos el lateral ya no podía desdoblarse, y el resto del cuadro linarense tenía por fin un motivo real para preocuparse. En cualquier otra situación, se tomaría como algo nimio, pero en la que estaba el equipo, ya era lo más parecido a un oasis en el desierto.

El partido entró con todo por decidir en su fase decisiva. El Córdoba sabía que tenía que agarrarse con todo, y se encontró entonces con la lesión de Xavi Molina. Con el Linares apretando y sin nadie de contención en el banco, la solución fue dar entrada a Luismi y retrasar a Flores junto a Mario. Del doble pivote defensivo del arranque al creativo para acabar. El miedo recorría El Arcángel, sobre todo cuando Chendo se hizo hueco en el área tras un córner para sacar un disparo a la media vuelta que Edu Frías repelió cuando se colaba.

Y más aún cuando en la siguiente casi, el ariete repitió jugada desde el otro perfil y Rubén, en el segundo palo, la empujó a la red. El banderín arriba del asistente fue un alivio. Pero nada que ver con lo que estaba por venir, pues en el siguiente ataque cordobesista, Manu Farrando buscó en largo a Willy, el delantero no llegó y el balón le cayó a Luismi solo ante Razak, al que encaró y batió con un tiro ajustado por bajo. Del 1-2 al 2-1 en un suspiro. Quedaban cuatro y el alargue, que se fue hasta los cinco, pero el Córdoba se dejó el alma, defendió con todo y no concedió más para terminar agarrando una victoria clave que cierra la crisis y devuelve la esperanza para el futuro. Queda mucho por hacer, pero el primer paso ya está dado.

Luismi corre eufórico a celebrar su gol al Linares. Luismi corre eufórico a celebrar su gol al Linares.

Luismi corre eufórico a celebrar su gol al Linares. / Juan Ayala

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