Resaca de la eliminación en Copa

El efecto revulsivo se hace esperar

  • Curro Torres sigue sin dar con la tecla para hacer funcionar a su equipo, que muestra los mismos defectos incorregibles que con Sandoval

Curro Torres conversa con Rafa Berges durante un entrenamiento en El Arcángel. Curro Torres conversa con Rafa Berges durante un entrenamiento en El Arcángel.

Curro Torres conversa con Rafa Berges durante un entrenamiento en El Arcángel. / Jordi Vidal

La aventura de Curro Torres en el Córdoba no ha empezado de la manera esperada ni para el técnico ni para el club. En tres partidos con Torres al mando, los resultados aún no han aparecido y el cuadro cordobesista no ha logrado detener la decadencia en la que lleva inmerso toda la temporada. Ni siquiera el arreón moral que siempre se presupone con la llegada de un nuevo técnico ha dejado réditos a nivel de puntos y en cuanto al juego, las sensaciones no son mucho mejores de las que transmitía el equipo.

Las razones de este mal arranque en la andadura de Curro Torres son variadas, y muchas de ellas no dependen directamente del técnico, pero lo cierto es que el revulsivo que se esperaba aún no ha llegado y la situación del equipo es ahora peor que cuando Sandoval fue destituido.

Más allá de las diferencias futbolísticas personales de cada entrenador, el Córdoba repite los errores que ya venía mostrando en el inicio de la temporada y que le tienen instalado en los puestos de descenso prácticamente desde la primera jornada. El principal hándicap del equipo es su debilidad atrás, algo que de manera insistente se achacaba a la falta de trabajo por parte del anterior cuerpo técnico. Pero nada más lejos de la realidad, porque tres partidos han bastado –con el ejemplo sangrante del choque copero ante el Getafe– para evidenciar que el conjunto blanquiverde sigue defendiendo muy mal y es un equipo extremadamente débil en la retaguardia.

Los errores personales aparecen casi en cada partido, y en conjunto el CCF no es capaz de ser un bloque sólido. Basta con señalar que Curro Torres todavía no ha visto a su equipo dejar la portería a cero, algo que durante lo que va de temporada sólo se ha producido en cuatro ocasiones, una en Copa del Rey y las tres restantes en la competición liguera.

Poca pólvora arriba

El problema de la defensa se ve agravado ante la falta de pegada del equipo. A pesar de que sus números en ataque no son lo peor de su bagaje, lo cierto es que el Córdoba es un equipo sin mucha pólvora y con escasos argumentos ofensivos. De hecho, sus tres delanteros presentan unos registros muy discretos para la altura de temporada en la que ya se encuentran.

Piovaccari es el que más ha visto portería, pero sólo lleva cuatro goles (entre Liga y Copa), mientras que Andrés Martín ha aportado dos y Erik Expósito sigue inédito. Ante esa falta de pólvora, jugadores de segunda línea como Jovanovic –autor de tres dianas– o De las Cuevas –el máximo realizador con cinco– han asumido responsabilidades en ataque, aunque el equipo sigue echando en falta más aportación ofensiva de sus arietes.

Los jugadores del Córdoba calientan antes de un entrenamiento. Los jugadores del Córdoba calientan antes de un entrenamiento.

Los jugadores del Córdoba calientan antes de un entrenamiento. / Jordi Vidal

Las bajas lastran

Para colmo, en el momento de la temporada en que el Córdoba cambió de técnico, las lesiones han dificultado al grupo trabajar de la mejor forma en la asimilación de los nuevos conceptos que Curro Torres quiere ver en su equipo. Durante lo que va de curso, Carlos Abad, Marcos Lavín, Aythami, Fernández, Luis Muñoz, Jesús Valentín, Álex Quintanilla, Javi Lara, Álvaro Aguado, Sasa Jovanovic, Andrés Martín y Jaime Romero han sufrido algún tipo de dolencia. Un número demasiado elevado de contratiempos para pensar únicamente en la mala suerte como responsable de esa plaga.

Una idea por cuajar

Ese déficit a la hora de trabajar se le nota al equipo en la lenta asimilación de las ideas con las que ha llegado Curro Torres. El técnico se planteó el reto de hacer un equipo compacto, que defendiera con las líneas juntas y que hiciera por tener el balón, con la idea de atacar principalmente por las bandas. Ese planteamiento se ha visto a cuentagotas, pero el Córdoba sigue sin ser capaz de cuajar 90 minutos convincentes. A menudo es un equipo descosido al que los rivales sorprenden con facilidad, algo que unido a su endeblez lo está condenando y provocando que el revulsivo que suponía Curro Torres aún se espere en El Arcángel.

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