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Un verano 'fresquito' en Córdoba es posible: el éxodo a la Sierra

La vecina Paula Barbudo en su vivienda de Trassierra. La vecina Paula Barbudo en su vivienda de Trassierra.

La vecina Paula Barbudo en su vivienda de Trassierra.

Miguel Ángel Salas

Como cada verano las zonas periféricas de Córdoba se llenan de familias y amigos que aprovechan la época estival para alejarse del estrés de la ciudad y desconectar de la rutina pasando largas jornadas en plena naturaleza y a pocos minutos de la capital. Entorno natural, ambiente social y temperaturas agradables es lo que caracteriza a los planes de verano que se organizan en las viviendas de barriadas como Santa María de Trassierra, Cerro Muriano, Las Jaras o Las Siete Fincas. Es el verano fresquito de Córdoba, si es que tal cosa puede existir. 

Lo cierto es que todas estas zonas multiplican su vecindario en la época estival, llegando incluso a pasar de los 1.000 vecinos a casi los 4.000 en zonas como Santa María de Trassierra, o de 100 familias durante el invierno en Las Siete Fincas hasta las 3.000 personas en verano, según apuntan los vecinos. 

Estas cifras demuestran que la Sierra de Córdoba es una opción más para pasar el verano, convirtiéndose en un destino vacacional que rivaliza con la costa. Además, debido a la crisis sanitaria del coronavirus, muchas personas han girado su mirada hacia el campo y han optado por fijar su residencia de forma permanente en estas zonas. Las que anteriormente eran segundas viviendas, ahora se han convertido en una opción más segura para multitud de familias cordobesas. 

En este contexto, los vecinos de toda la vida se preguntan si estas zonas están preparadas para acoger un aumento de población tan significativo. Los primeros en notarlo han sido los comerciantes y hosteleros. El invierno pasado fue de los más concurridos que recuerda José Antonio Rueda, trabajador del bar La Tabernita, ubicado en la plaza de Santa María de Trassierra.

La clientela de la mayoría de estos negocios son los vecinos y personas que habitan temporalmente en las casas. Además de ello, gracias a las posibilidades que ofrece el paraje natural que lo rodea, algunos de estos locales, principalmente restauración, reciben a excursionistas, ciclistas y senderistas que disfrutan de las actividades al aire libre.

Exterior de un bar en la plaza de Santa María de Trassierra. Exterior de un bar en la plaza de Santa María de Trassierra.

Exterior de un bar en la plaza de Santa María de Trassierra. / Miguel Ángel Salas

Este trabajador lleva cinco años viviendo en la barriada y, como vecino, dice no tener “ninguna queja”. Destaca poder pasear con una temperatura agradable en cualquier época del año. “En invierno se puede estar a las siete de la tarde fresquito y sin nadie”. A pesar de ello, José Antonio Rueda encuentra algunas carencias en los servicios de la barriada, como la falta de un cajero, un elemento que se suprimió recientemente.

En el bar La Tabernita se encuentra la familia Merino, que tiene su segunda residencia en Santa María de Trassierra. Olga Merino afirma que, a pesar del aumento de personas en verano, la concurrencia por el pueblo no es elevada, ya que la mayoría de los inquilinos “se quedan en sus casas”.

Bares, supermercado, ferretería y farmacia son los negocios principales. En la frutería-panadería y cafetería Paco, en el centro de la plaza del pueblo, su propietario, Paco Peláez, afirma que en verano se triplica la población; y esto se une al incremento de las familias que ya se quedan durante todo el año, “algo que antes era impensable”. Para Peláez, las principales carencias de la barriada están en la falta de opciones para los más jóvenes, como zonas de ocio o instalaciones deportivas. 

Por la mañana y a última hora de la tarde, son las frecuencias horarias con mayor transcurso, como cuenta la propietaria de la farmacia, Inmaculada Maynez de la Calzada, quien asegura que su clientela es principalmente de las familias que llevan toda la vida en la zona.

Farmacia de Santa María de Trassierra. Farmacia de Santa María de Trassierra.

Farmacia de Santa María de Trassierra. / Miguel Ángel Salas

La principal ventaja que encuentra la farmacéutica para disfrutar de Trassierra es que “está a cinco minutos andando de la naturaleza, que es lo que buscamos después de este tiempo en el que hemos estado encerrados”. 

Desde la ferretería, su propietario, Carlos Jiménez, hace hincapié en la cantidad de personas interesadas en adquirir una vivienda por la zona, aunque desafortunadamente no hay suficientes infraestructuras para acoger a tanta población. “Los planes urbanísticos aquí están paralizados. No dan licencias, llevamos 30 años pendientes de un plan general urbano”, se queja Jiménez, quien lleva toda la vida viviendo en Trassierra

Según el empresario, la zona tiene una expansión muy lenta: “Al Ayuntamiento, Trassierra le importamos poco, no dan opciones de crecimiento”, critica. Esta problemática no afecta solo a los vecinos, sino también a quienes pretendan montar un negocio. Como vecino, entre las principales carencias encuentra la falta de pistas deportivas: “Las barriadas periféricas están obligadas a tenerlas”. O también la inexistencia de un punto limpio.

Su negocio tiene unos 20 años de antigüedad y su consumo mayoritario es de la población que habita en la barriada. Junto a Carlos Jiménez, se encuentra su hija Paloma, una joven que expresa las dificultades que encuentra a la hora de poder independizarse y quedarse a vivir en Trassierra. Las opciones de alquiler son algo complejas, ya que la mayoría de las viviendas están enfocadas al turismo o alquiler rural. “Las nuevas generaciones lo tienen muy complicado”, dice.

Un entendido en esta materia es Juanma Berni, un cordobés que cuenta con cinco propiedades para alquiler en Santa María de Trassierra. Su clientela es fija de un año para otro, y dos de las viviendas están arrendadas durante todo el año: “Ahora se alquila todo lo que tenga. Si dispusiera de 15 casas, las alquilaría sin problema”, confiesa. En esta época, según Berni, la barriada “se desborda” y “se echan en falta servicios”. Este fenómeno también se debe al resto de urbanizaciones cercanas, que acuden a Trassierra para realizar alguna gestión, como Campo Alegre o Puerto Artafi.

Algo que, según Berni, se está estilando entre los propietarios, alquilar las viviendas particulares aprovechando los días que sus habitantes se encuentren fuera, generando negocio con sus propias casas. Debido a la situación sanitaria, los inquilinos que acoge en sus casas proceden de Córdoba, algo que identifica como “un arma de doble filo”, dado que al estar tan cerca de la ciudad los alquilados tienden a invitar a subir a algún familiar o amigo; no obstante, si el alquilado es de fuera de Córdoba tiene la certeza que siempre permanecerán los mismos.

La cordobesa Paula Barbudo adquirió una propiedad en Trassierra como segunda vivienda junto a su familia cuando ella tenía tan solo dos años; ahora cuenta con 23 y desde hace dos habitan en dicha residencia de forma permanente. “Pienso que es lo mejor que hemos podido hacer”, confiesa. Esta situación también la han vivido varios de sus vecinos, quienes a raíz del confinamiento han decidido fijar su residencia en la Sierra. A pesar de no tener casas cercas que estén destinadas al alquiler, en la época estival el movimiento poblacional es considerable. “De estar acostumbrada a la tranquilidad, a escuchar una vaca o un gallo por las mañanas, ahora en verano escuchas todo el día coches pasando, la música alta y también se ve a la policía”, compara.

La vecina Paula Barbudo en su vivienda. La vecina Paula Barbudo en su vivienda.

La vecina Paula Barbudo en su vivienda. / Miguel Ángel Salas

Aunque está empadronada aquí arriba, para los servicios sanitarios baja a la ciudad, al igual que para realizar la compra. El transporte urbano es un hándicap que Paula ha vivido muy de cerca, pues siendo adolescente se tenía que adaptar a alguno de los tres autobuses diarios (08:00, 15:00 y 21:00) que salían desde su residencia. Actualmente, el horario se ha incrementado durante todo el año y más aún en verano.

“Libre” es como se siente viviendo en medio de la naturaleza. A pesar de ello, no todo son ventajas, pues lo que más echa de menos es no poder acudir a todos los planes que le surjan, ya que todas sus amistades las tiene en la ciudad. “Me dicen que baje a tomar algo y a mí para eso no me compensa. Si voy es para echar la tarde o a quedadas más largas”, dice.

Las Siete Fincas: una urbanización arropada por sus vecinos

En las parcelaciones de Las Siete Fincas también se nota el incremento de la población en verano, ya que a la cifra de los propietarios se suman los familiares o amigos que se desplazan hasta allí para disfrutar de jornadas vacacionales. En esta urbanización se integran 500 parcelas con unas 400 viviendas, en las que habitan permanentemente unas 100 familias, unas cifras que en verano alcanzan los 3.000 residentes. No obstante, la mayoría del vecindario es propietario de las casas, es decir, no hay tantas opciones de alquiler temporal. 

Así lo narran algunos de sus vecinos, entre ellos Juan Cruz, quien además es el presidente del vecindario. En su propio caso, Cruz afirma estar pensando en vender su casa en Córdoba: “No tenía pensamiento de quedarme aquí, venía con mas frecuencia pero la vida la hacía en Córdoba, y ahora llevo un año y medio”.

Vecinos de Las Siete Fincas. Vecinos de Las Siete Fincas.

Vecinos de Las Siete Fincas. / Miguel Ángel Salas

Esta comunidad de vecinos es un claro ejemplo de unidad ante la problemática que puede sufrir un vecindario de estas características. Por ejemplo, entre todos los vecinos han conseguido hitos importantes como la instalación de un desfibrilador o la limpieza de los viales a lo largo de sus 25 kilómetros de caminos.Aunque, sin duda, una de sus grandes aportaciones se debe al plan de prevención de incendios, con la existencia del Grupo de Voluntarios Siete Fincas, que este año ha recibido el premio Medio Ambiente de Andalucía en su categoría de Compromiso Ambiental.

La concienciación en prevención ha hecho que este grupo sea un referente y un cooperador para erradicar muchos de los incendios que se generan, no solo en la Sierra, también en toda la ciudad, tal y como destaca el vecino Rafael Fortea. Este operativo trabaja conjuntamente con el Infoca. El último servicio que realizó fue en el incendio de Trassierra a principios del mes de agosto.

Tal y como cuenta Paula Gómez, secretaria de la comunidad y partícipe del Consejo de Distrito, la urbanización lucha constantemente por instaurar servicios básicos; la siguiente aportación que quieren realizar es la aplicación de fosas sépticas ecológicas. “Vamos peleando como podemos, queremos mantener lo mismo que tenemos, sabemos respetar el campo”, subrayan.

La asociación de vecinos cuenta con dos bares donde se generan tertulias, además de espacio para realizar deporte. No obstante, otros vecinos, como Jesús Guardiola, mencionan la necesidad de implantar otras dotaciones para conseguir que una zona periférica como ésta pueda llegar a convertirse en un futuro, en una barriada más de Córdoba. “Las opciones son muy variadas, por ello se requiere asumir la realidad actual de estos nuevos barrios y repensarla para avanzar en los próximos años”, destaca. Este vecino hace alusión a las cifras en el aumento de la población para “hacer reflexionar a las administraciones” y apostar por estas zonas de la ciudad como una nueva zona residencial de Córdoba.

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