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Un santuario dedicado a la maternidad en Torreparedones

Recreación de un depósito de ofrendas en el santuario. Alumnos IES Luis Carrillo de Sotomayor de Baena. Recreación de un depósito de ofrendas en el santuario.  Alumnos IES Luis Carrillo de Sotomayor de Baena.

Recreación de un depósito de ofrendas en el santuario. Alumnos IES Luis Carrillo de Sotomayor de Baena.

En la antigua ciudad de Torreparedones, situada en el corazón de la campiña de Córdoba, dentro del término municipal de Baena, hubo un edificio de carácter religioso que estuvo en uso durante 400 años, un santuario consagrado a una divinidad que destacó por sus poderes sanadores. No sólo los habitantes de aquella ciudad, sino también otros muchos fieles procedentes del entorno, atraídos por esa fama sanadora, acudían a aquel lugar sagrado buscando el amparo y la protección de la diosa de la misma forma que lo hacemos hoy día en santuarios y ermitas dispersas por nuestra geografía. Se puede afirmar que no hay pueblo o ciudad, en la actualidad, que no tenga un lugar de culto en el que se venere su patrón o patrona, en la mayoría de la ocasiones la Virgen María, venerada bajo una de sus múltiples advocaciones: Guadalupe, Salud, Remedios, Rosario, Sierra, Araceli, Rocío, etc. cuya imagen es objeto de veneración y culto y a la que se solicita ayuda en momentos de necesidad.

Cabeza con inscripción en su frente alusiva a Dea Caelestis. Santuario de Torreparedones (Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba) Cabeza con inscripción en su frente alusiva a Dea Caelestis.  Santuario de Torreparedones (Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba)

Cabeza con inscripción en su frente alusiva a Dea Caelestis. Santuario de Torreparedones (Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba)

La imagen de culto venerada en el santuario de Torreparedones, entre el siglo II a.C. y el siglo II d.C., no tuvo forma humana sino que fue un betilo estiliforme, es decir, en forma de columna coronada por un capitel foliáceo de hojas almendradas y nervaduras marcadas. Estamos pues, ante un betilo artificial estiliforme que alude a la idea de axis Mundi que incide en la idea de eje divino de comunicación cielos/tierra/infiernos, adecuada para divinidades relacionadas con la fertilidad y la renovación. En cuanto al nombre de esta divinidad, al margen del posible teónimo indígena que pudiera haber tenido, se ha planteado la posibilidad de que la gran deidad púnica Tanit hubiese sido venerada en el santuario de Torreparedones. Datos, mucho más concluyentes, poseemos para afirmar que la deidad adorada en el santuario de Torreparedones fue Dea Caelestis gracias al epígrafe que tiene la cabecita de un exvoto, hallado en superficie.

De las tres posibles lecturas: DEA CAELIVS, DEA CAELE(STIS) V(OTVM) S(OLVIT) y DEA CAEL(ESTIS) IVS(IT) las dos últimas son las más frecuentes en la epigrafía votiva, pero quizás la tercera es la que más se ajustaría al contexto ya que nos pone en relación con el carácter oracular de Caelestis como veremos. Respecto de su cronología y a falta de contexto, se ha fechado por criterios paleográficos entre mediados del s. II a.C. y mediados del s. I a.C. o quizás más bien a mediados del s. I a.C., lo que la convertiría en el testimonio más antiguo conocido en la península ibérica.

Caelestis se asimiló con la diosa Juno integrante, junto a Júpiter y Minerva, de la Tríada Capitolina protectora del Estado romano. Juno fue una diosa especialmente honrada por las esposas y vinculada a la función maternal, alcanzando una extraordinaria difusión y no sólo entre las matronas, contribuyendo a definir un modelo femenino que promovió y reforzó la desigualdad entre las ciudadanas y los ciudadanos. Es muy posible que fuese venerada en Torreparedones bajo una de sus múltiples advocaciones, en concreto, la de Juno Lucina, según parece desprenderse de un fragmento de cerámica ibérica, decorada con motivos geométricos basado en bandas de color rojo, que contiene parte de una inscripción en caracteres latinos.

La inscripción está fragmentada pero parece aludir a una fecha calendárica, un día entre el 16 de febrero y el 15 de marzo y teniendo en cuenta el calendario romano, es probable que se tratara del 1 de marzo, festividad de Juno Lucina, diosa de las embarazadas y los partos, en cuyo honor se celebraba la fiesta llamada de Matronalia, fiesta matronal por excelencia en la Roma antigua, en la que se honraba a Juno Lucina.

A dicha festividad parece que asistían, especialmente, las embarazadas para pedir a la diosa un parto feliz para evitar daños y males en el alumbramiento, debían llevar el pelo suelto y su atuendo libre de nudos ya que estos podía ejercer una influencia negativa dificultando el parto, lo que se ha interpretado como una superstición de carácter popular que se introduce en un ritual establecido. Juno Lucina recibía igualmente una ofrenda en su templo de Roma con motivo de cada nacimiento y protegía a los niños nacidos de matrimonios legítimos que quedaban de esa manera consagrados.

El nombre Lucina se cree que procede de la palabra latina lux (luz) y parece que fue tomado en el sentido de “la que trae los niños a la luz” When a child was born it was said to have been "brought to light.".

Women who worshiped Juno Lucina had to untie knots and unbraid their hair lest lest these entanglements symbolically block delivery.

Exvoto que representa a mujer embarazada. Santuario de Torreparedones (Museo Histórico y Arqueológico de Baena) Exvoto que representa a mujer embarazada. Santuario de Torreparedones (Museo Histórico y Arqueológico de Baena)

Exvoto que representa a mujer embarazada. Santuario de Torreparedones (Museo Histórico y Arqueológico de Baena)

Este culto a Juno Lucina estaría avalado en el santuario de Torreparedones, además, por el tipo de exvotos recuperados, pues la mayoría son femeninos y parecen representar, en muchos casos, a mujeres embarazadas, indicando que dichos exvotos representarían a esas mujeres encinta que, previa invocación a Juno Lucina para que el nacimiento de su hijo se realizara dentro de la normalidad y una vez que habían dado a luz sin problemas, regresaban de nuevo al santuario para depositar dicho exvoto como prueba de gratitud por el favor recibido.