Salvador Giménez | Pregón del Costalero

"Un costalero de hoy en día puede tener más oficio que uno asalariado de los 70"

  • Reivindica de la figura de los Sáez, de Gálvez y Muñoz y entiende que la Semana Santa está politizada

Salvador Giménez. Salvador Giménez.

Salvador Giménez. / Juan Ayala

Salvador Giménez pronunciará, el próximo sábado, a las 20:30 en la Iglesia de la Magdalena, el Pregón del Costalero, un acto organizado por la Hermandad de la Sagrada Cena. En su alocución reivindicará el papel de los primeros costaleros y capataces cordobeses y, por supuesto, exaltará la figura del costalero.

–¿Cómo empieza su relación con el costal?

–Empieza por la amistad que tenía mi padre con Rafael Sáez. Rafael y sus hermanos eran hijos de El Tarta, y en aquel momento, cuando sólo había costaleros profesionales y asalariados, ellos eran de los pocos que conservaban cuadrillas. Aquel mundo me llamaba la atención, si no llega a ser mi padre amigo de Rafael Sáez no me hubiera llegado a gustar. Cuando era nene me hacía muchísima ilusión ver los pasos de costaleros, por entonces había tres cuadrillas de costaleros en Córdoba, la de la familia Sáez, la de Pepe Gálvez y la de Rafael Muñoz y para de contar, lo demás iba todo a ruedas.

–¿Está de moda ser costalero?

–Está de moda y no está de moda. La nueva generación de costaleros ha tenido acceso al mundo del costal antes que la nuestra. En nuestra generación no había prácticamente costaleros y hoy en día, quitando los dos pasos del Remedio de Ánimos, todos van a costaleros. Es un mundo más accesible ahora que en los años 60 o 70.

–¿Apoya que las hermandades obliguen a los costaleros a ser hermanos?

–El costalero, de por sí, es un servidor de la hermandad. Antiguamente era contratado a cambio de un sueldo y hoy en día, ¿qué mejor servicio puede hacer un hermano a su cofradía que salir de costalero? Ahora bien, no soy partidario de obligarlos a pagar una papeleta de sitio ni a que sean hermanos. El costalero que quiera ser hermano que lo sea, pero obligando por decreto ley a una persona a hacer una cosa que a lo mejor su interior no le pide no lo veo. Él va llamado por el amor al oficio y ya te está prestando un servicio, lo demás huelga.

"El costalero va llamado por el amor al oficio y ya te está prestando un servicio"

–¿Está profesionalizado el oficio?

La técnica que hay hoy en día es muy importante. Un costalero de hoy en día puede tener más oficio que el de uno asalariado de los años 70.

–¿Cree que aumentará poco a poco el número de costaleras?

–No lo sé. Hay una anécdota muy reciente. Publiqué que iba a ser pregonero en redes sociales y Gema Fernández (capataz de Las Palmeras) me contestó. Ella es hermana de un costalero que yo tuve en la Merced, Juan Fernández, y de niña iba con su hermano a los ensayos, a los conciertos... y fue una de las que me tocó la fibra. Le dije que seguirá siendo la pequeña. ¿Quién le iba a decir a ella que con el paso del tiempo pasaría esto? Si hay gente con esa afición y con ese carisma, ¿por qué no va a llegar? Es cuestión de darle tiempo al tiempo. Sé que hay capataces que no lo ven bien. Yo no soy partidario de las cuadrillas mixtas porque no puedes comparar el trabajo físico. Pero como la de la Encarnación, por ejemplo, sí. ¿Quién iba a decirle a los profesionales de Pepe Gálvez o a los de los años 20 de El Tarta que iba a haber mujeres debajo de los pasos?

"Sé que hay capataces que no ven bien que haya mujeres en las cuadrillas"

–¿Cómo definiría la Semana Santa de Córdoba?

–Es una gran desconocida porque se le acusa mucho de que tiene unos modelos copiados por el Trevillazo [decreto del obispo Trevilla por el que no hubo el mismo desarrollo que en otras ciudades de Andalucía]. Pero Córdoba ha sabido absorber lo bueno, está sabiendo desterrar lo superficial y todo eso lo ha mezclado con su propia personalidad y es una Semana Santa única.

–¿A favor de la carrera oficial en la Mezquita-Catedral?

–Totalmente. Desde el punto de vista cristiano, hacer una estación de penitencia en el primer templo de la ciudad es el objetivo en cualquier Semana Santa. Y también desde el punto de vista visual y de cara a la ciudad (comercio, turismo...) es un marco único.

–¿Entiende las críticas de algunos colectivos en este sentido?

–Las entiendo. Esto se ha politizado en exceso, a la Semana Santa le pasa lo mismo que al mundo de los toros, no tiene color político. Los ataques le vienen siempre porque se intenta politizar, porque se vincula la Semana Santa a un color político o a una ideología. Pero yo he tenido debajo de los pasos a gente que vota a IU y que llevan un mechero con las siglas de la CNT.

"Los ataques que sufre la Semana Santa vienen de que se quiera politizar"

–¿Qué va a contener su pregón?

–Es un pregón un poco distinto. Un pregón de contar batallitas le gusta a tu madre, a tu mujer, a tu amigo o al que ha ido contigo debajo. Por eso pretendo hacer un pregón distinto. Hago una exaltación al oficio de costalero y reivindico las figuras de los que nos han precedido. Ahora mismo Córdoba vive un momento de capataces y de costaleros magnífico con Curro Carrión u Ortigosa, gente joven que son grandísimos capataces, pero reivindico un poco la figura de los mayores, a los que no se les ha hecho apenas justicia. A Pepe Gálvez, por ejemplo. En Córdoba no se levantaba martillo, se levanta la voz y Pepe Gálvez, sevillano que estaba aquí como policía, introdujo el martillo. Reivindico la figura de sus discípulos Rafael Muñoz e Ignacio Torronteras y hablo de la dinastía de los Sáez. Y reivindico que el costalero debe ser servidor a Dios a través de la cofradía y por último me dejo llevar por la sensibilidad y hago un canto a Córdoba, a una imaginaria levantá.

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