MUJERES SINGULARES de córdoba

La pintora que dejó Nueva York por Córdoba

  • Rita Rutkowski. Relacionada desde sus inicios artísticos con la escuela neoyorkina, su pintura se aleja de la gestualidad y de la acción para indagar en las relaciones de las formas y el color

Exposición. La artista londinense en una de sus muestras en la Galería Carmen del Campo. Exposición. La artista londinense en una de sus muestras en la Galería Carmen del Campo.

Exposición. La artista londinense en una de sus muestras en la Galería Carmen del Campo.

Nacida en Londres en 1932, sus padres, polacos emigrados, decidieron marchar a Estados Unidos al año siguiente de su nacimiento, estableciéndose en Nueva York. Allí cursó sus primeros estudios, donde le inocularon la pasión por la lectura y por la música. Y a los ocho años descubrió la pintura. Justamente una mañana en que la sacaron a la pizarra a decorar con tizas de colores una composición del lejano oeste. Se formó con posterioridad en la Cooper Union, universidad privada de elevada calidad académica y cuya Escuela de Arte, donde estudió la artista, se regía según el concepto importado a Estados Unidos por antiguos miembros de la Bauhaus.

Amplió sus estudios con una beca en el Museo de Arte Moderno en en 1949, consiguiendo en 1953 una beca Fulbright con la que inició un viaje de estudios por Italia, con estancias en ciudades como Roma, Siena y Rávena. Durante esos años su obra bebió de las fuentes, de la denominada Generación Beat Norteamericana y de los artistas más significativos del expresionismo abstracto. Viajó por Europa y visitó España, volviendo en 1955 a Estados Unidos. En este mismo año se le concedió otra beca de estudios en el Museo de Arte de Brooklyn. En 1959 volvió a Europa, visitando de nuevo España e instalándose definitivamente en Córdoba.

Desde su llegada, se integró en los círculos artísticos e intelectuales, formando parte activa en el transcurrir cultural de la ciudad. Autora de una exposición individual en 1956 en la Galería Peter de Nueva York, expuso asimismo, antes de su establecimiento en Córdoba, en numerosas colectivas realizadas en los Estados Unidos así como en Italia, donde expuso en Il Camino Galleria (Roma) y en Galleria U.S.I.S. (Roma). Su participación en la Bienal Internacional de Arte Religioso (Salzburgo 1956) llevó la obra de Rita en itinerancia por varias ciudades europeas.

Relacionada desde sus inicios artísticos con la Escuela de Nueva York, la pintura de Rita se aleja no obstante de la gestualidad y la acción para indagar en las relaciones de las formas y el color. Contrajo matrimonio en 1961 con David Fernández, con quien tuvo cuatro hijos. Su primera individual en Córdoba tuvo lugar en la Galería Liceo del Círculo de la Amistad, en 1963, transcurriendo diez años hasta la siguiente, realizada en la galería Studio 52. Hacia 1970, se integró en la pintura andaluza, que la envuelve dentro de sus coordenadas universales. Pinta con admiración a los maestros Francis Bacon, Palazuelo y Richter, un pintor alemán.

En 1973 expuso en la cordobesa Galería Céspedes y debutó en Madrid por medio de la Galería Península. Y una de sus series, llamada Parados, se expusieron en el Posada del Potro hacia 1983. Son tiempos de democracia y el arte cambia como la vida. Realizó una veintena de exposiciones individuales más hasta que en 1998 la Diputación cordobesa organiza una primera retrospectiva de Rita Rutkowski con el significativo título de Looking back (Mirando atrás).

En 2013 la Sala Góngora de la capital acogió una exposición colectiva en la que se rendía homenaje a Rita Rutkowski, Hisae Yanase y Juana Castro. En 2013 también colabora en la muestra 60 años de arte contemporáneo en Córdoba (1953-2013), patrocinada por el Ayuntamiento de la capital, la Diputación, la Universidad de Córdoba y la Fundación Cajasur. En 2014 la galería Carmen del Campo presentó la última producción de la artista en la exposición titulada El ojo observador/The observing eye.

Su obra gozó de gran aceptación desde un principio, por su carácter moderno y vanguardista, a medio camino entre lo figurativo y lo abstracto, con indudables guiños a la pintura de los expresionistas americanos. En 2011 donó al Museo de Bellas Artes de Córdoba 11 de sus obras, reflejo de su trayectoria entre 1960 y 1990.Y han sido expuestas en marzo de 2017 en el Museo del Potro.

Ha llevado a cabo exposiciones individuales en Nueva York, Córdoba, Madrid, Sevilla y Vigo, existiendo parte de su obra en distintas instituciones y ha expuesto en ferias como ARCO y Artexpo. En 2015, uno de sus cuadros fue seleccionado entre las 84 obras participantes en la exposición Córdoba Luciente en sus fundaciones y museos, organizada por el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Vive en las alturas de un bloque de pisos en el Sector Sur, desoyendo el consejo de quienes le recomiendan mudarse a un barrio mejor; prefiere la terraza de su piso con unas vistas espléndidas del río y la Mezquita-Catedral. No es fácil entender que una artista joven y llena de inquietudes decidiera cambiar la Nueva York de los 60, por el ostracismo de la Córdoba de la segunda mitad del siglo XX, donde pocas mujeres formaban parte de la camarilla cultural más progresista. La tacharon de espía rusa o del FBI. Era su época existencialista y se vestía toda de negro, así que era una sospechosa por compartir esta posición con unos fuertes vínculos con la problemática social de su nuevo entorno. Y de telón de fondo, su elegancia natural y energía sigue trabajando a diario en el estudio que posee en el entorno de la Avenida de Granada. La Córdoba que hace medio siglo la enamoró.

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