Córdoba

Carlos de Castro Lozano

En memoria de Luis Ballesteros Olmo

Obituario

Luis Ballesteros Olmo, profesor de la Universidad de Córdoba / José Martínez

26 de enero 2026 - 18:05

Este jueves, en Córdoba, ha fallecido Luis Ballesteros Olmo, profesor universitario y miembro muy querido de la comunidad académica. Con su muerte se pierde no solo a una persona estimada, sino también una forma de estar en la Universidad y en la vida: discreta, firme, protectora.

Para algunos fue profesor; para otros, compañero; para muchos, un referente intelectual. Para quienes tuvimos la fortuna de conocerlo de cerca, fue además amigo del alma y presencia constante.

Luis nació en Pozoblanco y repartió su existencia entre su pueblo y Córdoba, sin abandonar nunca ninguno de los dos. En ambos dejó huella: por su rigor académico, por su compromiso humano y por una forma de entender el conocimiento como servicio, no como privilegio.

Su trayectoria universitaria —primero en el ámbito de la química analítica y después en el de las matemáticas— estuvo siempre marcada por la honestidad intelectual, la generosidad con el alumnado y el respeto profundo por el saber compartido. Pero quienes lo conocimos de cerca sabemos que su legado más importante no cabe en un currículum.

Además de su labor docente e investigadora, Luis asumió responsabilidades de gestión universitaria con la misma discreción y eficacia con la que hacía todo: fue director de la actual Escuela Politécnica Superior y formó parte del equipo rectoral en etapas clave del desarrollo de las infraestructuras universitarias y del campus de Rabanales, siempre entendiendo la Universidad como un espacio que se cuida.

Luis cuidaba, acompañaba, protegía. Creía en las personas incluso cuando ellas dudaban de sí mismas. Supo construir familia, amistad y hogar con la misma paciencia con la que se cultiva la tierra, quizá por eso amó tanto su cortijo: porque entendía la vida como algo que se trabaja con las manos y con el corazón.

En los últimos meses, cuando, con motivo de mi jubilación, yo iniciaba una nueva etapa vital y académica, Luis volvió a hacer lo que siempre había hecho: estar. Aceptó sin dudar una responsabilidad enorme —dirigir y cuidar todo aquello que yo había construido durante años en la Universidad— asumiendo la dirección del grupo de investigación EATCO, de la Cátedra Plenitas de la Universidad de Córdoba y la secretaría general de la Fundación Red Especial España (FREE). Lo hizo como sabía hacerlo: sin ruido, con rigor, con lealtad y con una generosidad que hoy, al faltar, revela hasta qué punto fue él quien hizo posible que ese proyecto existiera. Su muerte trunca ese camino compartido que apenas comenzábamos, pero no borra su gesto final: acompañar, una vez más, cuando más se le necesitaba.

Hoy la Universidad de Córdoba, junto a Pozoblanco y a la ciudad de Córdoba, está un poco más huérfana. Pero también más agradecida. Porque haber compartido tiempo con Luis Ballesteros Olmo ha sido un privilegio silencioso que ahora, al despedirlo, se vuelve evidente.

Gracias, Luis. Por todo.

Tu memoria seguirá viva en quienes aprendimos a mirar la Universidad y la vida contigo.

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