Serafín Romero | Presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos "Los médicos no están en una estantería para usar solo cuando haya problemas"

  • El facultativo cordobés resalta que el problema de la sanidad pública no está en la falta de profesionales, sino en la ausencia de políticas adecuadas de recursos humanos

  • Las próximas semanas las afronta con preocupación ante la posible llegada de una tercera ola del coronavirus

El presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, Serafín Romero.

El presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos, Serafín Romero. / Salas

El facultativo cordobés Serafín Romero ha afrontado en los últimos meses la etapa más complicada como presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), un cargo que espera revalidar en las próxima elecciones de este órgano, que se celebrarán en febrero de 2021. Ha tenido que defender a sus profesionales, ha denunciado la falta de medios de protección frente al covid-19 y también la saturación que han vivido en hospitales y centros de salud, lo que ha provocado alguna que otra discrepancia con el Gobierno central. Las próximas semanas las afronta con preocupación, al igual que el resto de trabajadores sanitarios, ante la posible llegada de una tercera ola del coronavirus.

-¿Cómo están viviendo los médicos la pandemia en este momento?

-Hay mucha preocupación. En agosto ya notábamos que la pandemia daba la vuelta, veíamos comportamientos que no nos gustaban y tuvimos esta segunda ola. Llevamos casi dos semanas advirtiendo de que estamos muy preocupados porque las cifras no solamente no se mantienen, sino que están subiendo. La realidad es que podemos encontrarnos en la puerta de lo que se ha denominado tercera ola. Nos preocupa porque coge al personal cansado tanto física como emocionalmente, porque no queremos seguir viendo escenas durísimas y porque nos coge en un momento en el que necesitamos que los recursos sanitarios se encuentren relativamente poco sometidos ya que viene una campaña de vacunación y hay que seguir atendiendo a los no covid.

-¿Cómo está la situación en Atención Primaria?

-Ha tenido un papel muy importante en la primera ola, pero muy poco reconocido o difundido, que ha sido el control de todos aquellos pacientes que han pasado el covid en sus domicilios. Esto ha tenido poca repercusión porque veíamos las UCI y hospitales desbordados, especialmente en las comunidades más afectadas. No hay que olvidar que el 80% de las personas infectadas en la primera ola, muchos mayores, pluripatológicos, polimedicados y en domicilios con poco apoyo familiar, han sido atendidos en Primaria. Aunque Primaria ha tenido un papel muy primordial, en todas las comunidades ha habido una falta de búsqueda de soluciones para que no se sobrecargara más aún. Tenemos un problema de recursos humanos y un problema importante de financiación. Forman parte de Primaria todos los aspectos que tienen que ver con la salud pública y lo sociofamiliar y, efectivamente, no se ha puesto en marcha ningún mecanismo -salvo contrataciones en la medida de lo posible- para darle una solución. Es la gran Cenicienta incluso en esta pandemia.

"La Atención Primaria es la gran Cenicienta incluso en esta pandemia"

-¿Esto es generalizado en todo el país?

-El problema de la sobrecarga de Primaria depende lógicamente del número de casos y la incidencia. No nos olvidemos que en esta especialidad ha habido que hacer una reconversión asistencial que ha generado insatisfacción en los pacientes y en los propios médicos. El hecho de tener unos circuitos covid y no covid ha puesto en escena la importancia que tiene la teleasistencia, el contacto no presencial, que tiene sus inconvenientes, pero creo que ha venido para quedarse. Sin embargo, se necesita que reúna las mismas características que tiene la consulta, que haya confidencialidad, seguimiento, conocimiento, que haya registro en la historia... Por otra parte, no olvidemos que rompemos una forma de atención, la presencial, que hace posible ver el lenguaje no verbal, tan importante en cualquier consulta. Ese es un hándicap que se está reconvirtiendo con algunos dolores de cabeza. El hecho de la seguridad hace que Primaria se haya tenido que blindar. Además, va a ser la que va a llevar las vacunaciones, lo que puede repercutir en la asistencia del día a día.

Serafín Romero. Serafín Romero.

Serafín Romero. / Salas

-La teleasistencia está causando muchas críticas a los médicos. ¿Cree que se deberían haber hecho campañas informativas para que los ciudadanos sepan por qué se está haciendo así?

-Esto tiene varios enfoques. Por un lado, las campañas que se han hecho han sido cortas y pocas. El papel de la Atención Primaria necesitaría de ese apoyo institucional para que el ciudadano entienda por qué se están produciendo este tipo de consultas. Las colas que vemos en las puertas de los centros de salud y la espera para conseguir una cita genera insatisfacción. Por otra parte, Primaria no ha sido lo suficientemente reforzada para quitarle esa sobrecarga que nosotros hemos denominado "burocracia pandémica" y que tiene mucho que ver con el seguimiento y el control, lo que se conoce como rastreadores, y algunas burocracias sobrevenidas por la pandemia, como bajas laborales de aislados y contactos. Esto se suma a la habitual carga burocrática que tiene Primaria y quita mucho tiempo asistencial. Luego, la consulta telefónica no es baladí porque hay que interpretar lo que te dice la persona y asumir esos espacios de incertidumbre. Muchos compañeros están trabajando más horas de las que habitualmente dedicarían a la actividad asistencial. Esto se hubiera solventado si establecemos una estructura de apoyo esencialmente para esas cargas burocráticas y se quedan médicos y enfermeros con su labor asistencial. Venimos con un problema crónico de recursos humanos que ha hecho casi inviable encontrar ahora enfermeros y médicos, sobre todo de estos últimos porque las plazas MIR son las que son y porque los médicos no están en una estantería para usar solo cuando haya problemas. 

-Los colegios y sindicatos lleváis años denunciando esa falta de profesionales. ¿Qué está fallando en la sanidad pública?

-Ante la pregunta de si hacen falta médicos en España, nosotros contestamos que no, lo que hacen falta son políticas de recursos humanos. Como país, tenemos unos 7.100 médicos que salen de los grados de Medicina al año. Hasta el año pasado, no hemos tenido un número de plazas para la especialidad equiparado al número de estudiantes que salen, con lo que se ha generado una especie de bolsa que se ha utilizado como empleo precario y contrataciones por debajo del 50% y el 75%. Eso ha provocado un escenario de fuga de talento a otros países donde tienen mayor reconocimiento. ¿Qué ha ocurrido? Al encontrarnos con una situación de necesidad, no los tenemos. Ya había pocos y no se estaba sustituyendo a todo el personal. Y no olvidemos que Atención Primaria es una especialidad, no es que uno salga del grado y tenga esas competencias. Con lo cual, no se puede convertir a aquel que no tiene esas habilidades en especialista. Deben de plantearle escenarios para solventar esa sobrecarga administrativa o para triaje de consultas menores y que médico titular mantenga su enfoque de responsabilidad. Por último, le hemos dicho al Gobierno central y a las comunidades autónomas que cuenten con nosotros: seguimos sin entender que se cuente poco con la profesión médica para algo tan importante como las políticas de recursos humanos. Este es un hándicap que deberíamos aprovechar y regularizar de una vez esta situación con un gran acuerdo a nivel nacional.

"Con el aspecto vocacional de los médicos se juega a veces porque saben que no vamos a fallar"

-Sin embargo, por el decreto 29/2020 se va a poder contratar a médicos sin especialidad y no comunitarios. ¿Qué va a suponer esto tanto para los profesionales como para los pacientes?

-Fue un decreto de SOS y posiblemente el Ministerio tuviera presiones de las comunidades autónomas, pero podía haber tenido una mejor redacción. Yo no puedo contratar de especialista a alguien que no lo es. Tendría muy poco sentido que en un centro de salud, un residente de segundo año de Medicina de Familia no pudiera hacer las cosas que ahora se le permite hacer a alguien que acaba de salir de la facultad, e incluso que no ha tenido nota para acceder al MIR. Esto no deja de ser una incongruencia y afecta a la seguridad de los pacientes. Otro tema es que la pandemia nos ha traído lo mejor de esta profesión en aspectos de organización. Esto lo hemos visto especialmente en los hospitales y lo llamamos gobierno clínico. Ha habido una reconversión de espacios que ha hecho que médicos de algunas especialidades que estaban viendo pocos pacientes acaben haciendo actividad relacionada con la covid en la medida en la que han entendido que había que apretarse y apoyar al resto de compañeros. Pero esto no se puede poner como obligatorio por decreto ley; uno no puede obligar a un endocrino a hacer de intensivista porque no tiene ni competencias ni el manejo. Nosotros entendemos que estamos ante un mal decreto que también va contra alguna norma europea, por lo que lo hemos recurrido, y además no se ha contado con nosotros porque hubiéramos sido agentes en positivo para facilitarlo.

Serafín Romero, durante la entrevista. Serafín Romero, durante la entrevista.

Serafín Romero, durante la entrevista. / Salas

-Aún siendo peligroso para los pacientes, no ha habido un movimiento ciudadano de queja ante el decreto...

-Los profesionales sanitarios no vamos a dejar a nadie atrás, esto va en nuestro código. El ciudadano es poco consciente de la realidad porque se le va a seguir asistiendo. Con este aspecto vocacional y de compromiso de los médicos se juega a veces, aunque no sea de forma intencionada, porque saben que no vamos a fallar. Por eso, la percepción del ciudadano sobre la seguridad puede ser más alta. Entendemos que el ciudadano se merece, viva donde viva, tener la misma asistencia, para lo que son necesarias políticas de recursos humanos y que no nos sobrecarguen más.

-Hace meses confesó que temía que los médicos pasarán "de los aplausos al banquillo de los acusados". ¿Se ha cumplido ese pronóstico?

-Sí que lo empezamos a ver especialmente en aquellos compañeros que tienen que ver con el espacio sociosanitario. Algunas determinaciones que se tomaron en su momento, como el no traslado de un paciente a un hospital en una determinada situación, están empezando a aparecer en el entorno jurídico. Esto es algo inevitable. Me refería a que no queremos ser héroes ni villanos. Ese aplauso que apareció espontáneamente nos ha ayudado a todos mucho como sociedad porque nace para los sanitarios, pero nos lo dábamos casi vecino a vecino. La pandemia nos ha traído decisiones complejas, pero esto no debería de ser un campo para la denuncia. Incluso en época de aplausos hemos tenido que salir a contrarrestar algunos comportamientos de desprecio e incluso amenazantes porque algún vecino ha entendido que tener un sanitario en el edificio era peligroso. Incluso ahora registramos un nuevo tipo de agresión, la telefónica.

-¿Cómo ha vivido estos meses de pandemia desde la presidencia del CGCOM, sobre todo los primeros?

-Fuimos el primer consejo que recomendó a sus profesionales que no acudieran a congresos. Esto fue un 29 de febrero, pero a primeros de ese mes habíamos advertido a los sanitarios de que debían tener precaución porque además de contagiarse ellos, eran fuente de contagio, y también pedíamos a los ciudadanos que hicieran un buen uso de los servicios sanitarios. ¿Qué ocurrió? Que lo que parecía que iba a ser, se desbordó entero. En marzo nos dimos cuenta de lo poco preparados como sociedad que estábamos para algo parecido y de que no teníamos material de protección. Esto fue causa principal de que hasta mayo 50.000 sanitarios se infectaran en España. Ahí vimos la solidaridad de los ciudadanos, que confeccionaron mascarillas y batas, y desde el mundo del agro usaron su material para desinfectar. Por esto sacamos una campaña que fue "Ni un día más". Nos dimos cuenta casi a la vez de que tampoco nos podíamos diagnosticar, así que sacamos otra campaña con el lema "Ni un día más, ni un test de menos". Hemos tenido que salir a hacer referencia a algunas opiniones en las que se dejaba entrever que los contagios eran fuera de los ámbitos sanitarios. Por supuesto que habrá habido algún caso, pero en un momento en el que ya había 50 médicos fallecidos era muy poco presentable tirar balones fuera. Hay que hacer una evaluación de todo lo que ha pasado, y ahí es donde hemos sido firmes. Y no era solo para proteger a los médicos. El problema es que un sanitario se convierte en un agente de infección cuando no se tienen todas las medidas de prevención. Por eso es un grupo prioritario en el tema de las vacunas. También hemos estado cerca de los que toman decisiones en situaciones que no han sido fáciles, pero ha habido un momento en el que no hemos tenido más remedio que pegar un golpe en la mesa y se ha dado educadamente.

Serafín Romero. Serafín Romero.

Serafín Romero. / Salas

-¿Cómo valora la apertura que se ha hecho esta Navidad?

-Consideramos que era inevitable hacer un plan para estas fechas, lo mismo que nos preparamos para el verano, pero hemos caído en lo mismo que ocurrió entonces. En Navidad ha habido una competición por ver quién desescalaba más, igual que en verano, y no todos los territorios estaban en la misma circunstancia. Desde agosto, como profesión planteamos que había que dar un golpe de timón a la gestión de la crisis y tener una sola voz desde la salud pública. No entendemos cómo teniendo una guía de parámetros no se haga lo mismo en todas las comunidades. Creo que está faltando lo que se viene pidiendo desde hace tiempo, que en un sistema con 17 autonomías con capacidad de gestión sanitaria hay algo fundamental que tiene que estar centralizado y cogobernado con el Ministerio, que es la salud pública. Tiene que haber un solo mando. Dejar que cada una haga algo diferente ha creado incertidumbre en los ciudadanos.

-¿Puede traer consecuencias ese grifo abierto en las navidades?

-Claro, por eso estamos preocupados. Primero porque hemos dado una imagen de la Navidad muy poco real. ¿Cómo se iba a controlar que hubiera seis o diez personas en una casa? La población ha tenido un comportamiento muy bueno, otra cosa es que haya actuaciones individuales que nos indignen. Había que haber dicho a los ciudadanos que sean responsables y que pongan sentido común. Tanto los ciudadanos como los profesionales necesitan unos criterios sencillos y comprensibles. El escenario de la semana que viene nos va a obligar a cambiar casi seguro, luego ¿qué estamos hablando de Fin de Año? También tenemos que ver lo que está pasando en Europa. Deberíamos endurecer las medidas porque hay que llegar lo mejor posible al escenario de vacunaciones.

-Cambiando de tema, esta semana se ha aprobado la Ley de la eutanasia. ¿Cuál es la postura del CGCOM?

-La postura está relacionada con el entorno de la profesión, luego nosotros no entramos en si tiene que haber o no una ley. Consideramos que una vez que se establezca nos toca un papel garantista. La hemos analizado y hemos concluido que no estamos de acuerdo de que por ley la eutanasia se convierta en un acto médico porque va en contra de nuestro propio código deontológico, que marca que el médico procurará la curación de todos los pacientes y en caso de que no sea posible, lo aliviará, aunque derivado de ese alivio proviniera la muerte. Por eso entendemos que la sedación paliativa o terminal es una buena praxis médica. También tenemos en el código que el paciente tiene total autonomía: si dice o escribe que no quiere ser tratado, no se le trata. Hay otra parte que dice que el médico no procurará la muerte intencionada de ningún paciente aunque este nos lo pida. La profesión no puede decir nada que esté en contra del código, entre otras cosas porque prometimos o juramos que lo íbamos a cumplir. Lo segundo es que como médicos no entendemos que esta sea la primera medida que pongamos en la mesa ante la ausencia de unos cuidados paliativos de calidad iguales para todos los españoles y también de una ley de cuidados relacionada con los recursos de asistencia social. Esta ley debería ser prioritaria, incluso se podía haber hecho una ley integral en la que se hubiera establecido ese escenario dentro del entorno paliativo. En España hay más demanda de personas que no quieren sufrir al final de su vida porque tienen miedo a tener dolor y ser una carga. Esto habría que facilitarlo. Como profesión no podemos dejar a nadie atrás y nos preocupa que alguien nos diga que no quiere seguir siendo un estorbo porque lleva seis años para recibir una ayuda y la única persona que la cuida es su pareja. En tercer lugar, en esto pasa como con la Ley del aborto: la profesión no está a favor del aborto, sino de la vida, pero eso no quita que haya médicos que lo estén realizando y no hay ningún tipo de problema ni sanción porque la ley está por encima del código. Respecto a la de la eutanasia, queremos saber más sobre la objeción de conciencia y no estamos de acuerdo en que haya un registro de objetores porque se trata de algo individual. Y, sobre todo, porque tenemos cierto temor a que ese registro se use para generar una discriminación a la hora de acceder a ciertas plazas. Nos gustaría saber quién será el médico que inicia el trámite, qué capacitación van a tener los facultativos que practiquen la eutanasia porque lógicamente no tenemos formación en eso y quiénes van a estar en el comité que decida sobre las peticiones que lleguen.

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