Pilar Pineda | Presidenta de la Plataforma del Voluntariado de Córdoba "Siempre he entendido el compromiso social como la única forma de vivir"

  • Esta cordobesa lleva vinculada al tercer sector desde que tenía 15 años, un ámbito al que sigue ligada al entender que su vida se completa "haciendo cosas por otras personas"

Pilar Pineda, presidenta de la Plataforma del Voluntariado de Córdoba.

Pilar Pineda, presidenta de la Plataforma del Voluntariado de Córdoba. / Juan Ayala

Pilar Pineda lleva unida al tercer sector desde los 15 años, cuando entró por primera vez en contacto con personas vulnerables para hacer voluntariado. Desde entonces, ha enganchado un proyecto con otro con el objetivo de impulsar una transformación de la sociedad y "hacer cosas por otras personas". Así, esta cordobesa está vinculada a la economía social de forma voluntaria y profesional desde hace más de tres décadas. En este tiempo ha sido una de las impulsoras de la Plataforma del Voluntariado de Córdoba, de la que es presidenta; también es secretaria de la plataforma andaluza y acaba de ser nombrada secretaria general de la Plataforma del Voluntariado de España

-¿Cuánto tiempo lleva en el ámbito del voluntariado y cómo entró en él?

-Toda la vida. Tengo 53 años y empecé con 15, así que llevo 38. Entré como muchas personas lo siguen haciendo, por conocidos. En este caso eran personas de mi familia que me dijeron que se necesitaba apoyo para un grupo de niños en situación de marginación. Mi hermano me dijo "¿te vienes?", me fui y hasta hoy. Tengo un recuerdo muy emotivo de aquella época porque las primeras personas con las que trabajé eran mayores que yo. Luego enganché un segundo campamento de verano con personas de la Fuensanta, que era donde vivía, y continué trabajando con ellos. Empezar a hacer voluntariado desde tan joven fue mi base de la conciencia hacia la transformación social. Hoy en día, cuando tengo alguna debilidad, me acuerdo de aquello y me refuerza enormemente. Yo no era igual que el resto de chicas con las que me relacionaba. De hecho, mi voluntariado era con personas marginadas y salir a tu barrio y hablarles a esas personas era muy cuestionado por parte de mis amistades. Evidentemente, ahí perdí amigas.

-Perdió amigas, pero le dio madurez…

-Me dio verdad y conciencia. Fue difícil compartir la conciencia social con amigos que no creen en esos valores porque pierdes a gente que quieres. Sin embargo, el beneficio que me ha dado por la cantidad de personas que tengo y he tenido en mi vida gracias a la actividad voluntaria es muy grande. Cuando creces, aprendes a sobrellevar todas esas cosas, maduras tú y tus emociones. Seguí haciendo voluntariado con estos grupos y, de hecho, mi primer trabajo fue con niños y niñas en circunstancias de marginación social en Cáritas. Siempre he tenido vinculación laboral a entidades sin ánimo de lucro de diferentes sectores. Creo que las cosas suceden por algo. Aquello me llevó a estudiar Magisterio porque me apasionaba el mundo infantil y de la educación. No hay nada en mi vida que haya influido tanto como mi compromiso social. Aparte, mucho de lo que soy se lo debo a mi padre y a mi madre. En cualquier momento de bajón hay un refugio grande que es la familia.

"Fue difícil compartir la conciencia social con amigos que no creen en esos valores"

-¿Se vive el voluntariado de forma más intensa desde la juventud?

-Depende. En la juventud tienes muchos campos abiertos, estás conformando tu futuro y hay muchas entradas a tu vida. Si estás vinculada a la acción voluntaria y las recolocas, cuando salen de ti lo hacen de forma diferente. Al final los apegos, las relaciones y amistades se vinculan a lo que estás haciendo. Yo no he tenido la experiencia de bajar el ritmo, quizás por haber estado vinculada también profesionalmente a lo social no he podido hacerlo. He entendido siempre el compromiso como una única forma de vivir, no como una opción de vida. Entonces, siempre tengo que estar enganchada a algo.

-¿Ha conseguido dejar a un lado los problemas de las personas con las que trata o se los lleva a casa?

-El voluntariado no es para solucionar los problemas a nadie. El otro día, en la celebración del Día del Voluntariado, alguien de Proyecto Hombre al que se reconoció dijo eso mismo y me emocioné mucho porque siempre he pensado así. Yo no hago voluntariado por los demás, sino porque lo necesito. Mi vida se completa haciendo cosas por otras personas y trabajando para que haya una transformación de la sociedad en la que vivimos. Necesito estar involucrada, pero lo necesito yo para sentirme bien, para que mi vida tenga el sentido que quiero; no lo hago para que tú te encuentres mejor. Es cierto que si lo hago bien, tendrá consecuencias positivas en otras personas, pero mi interés no es que tu vida mejore. Hay una reflexión sobre el tema del altruismo del voluntariado porque el hecho de que no sea remunerado no implica que sea altruista ya que tiene ese beneficio personal. Mi vida se fortalece así y los periodos en los que no lo he hecho, no he sido feliz.

Pilar Pineda, en la sede de la Plataforma del Voluntariado de Córdoba. Pilar Pineda, en la sede de la Plataforma del Voluntariado de Córdoba.

Pilar Pineda, en la sede de la Plataforma del Voluntariado de Córdoba. / Juan Ayala

-¿En qué organizaciones ha colaborado y trabajado?

-En Cáritas empecé a trabajar de forma voluntaria y después remunerada. A través de ellos conocí a bastantes más organizaciones en los barrios. También he estado muy vinculada al movimiento vecinal de las zonas en las que he vivido, menos donde resido ahora porque no me da la vida, pero sé dónde están y algún día me meteré. Por otro lado, he estado muy unida al movimiento de Acción Católica, que me ha llevado a estar muy cercana a las personas con más necesidades. El empujón fuerte de mi conciencia social me vino desde la Acción Católica y lo sigo manteniendo, no he perdido mi fe en ningún momento, pero no desarrollo mi voluntariado desde la fe, sino desde otro tipo de compromiso social. He estado vinculada a la cooperación internacional durante mucho tiempo en diferentes entidades y profesionalmente lo estuve con Paz y Desarrollo bastantes años. Antes de este proceso, también formé parte de la Asociación para la Defensa Social de Adolescentes y Menores (Adsam). Tras el paso por la cooperación internacional, me vinculé a una entidad de personas con discapacidad intelectual, que es donde estoy trabajando en Priego, y debo reconocer que llevo 15 años allí y para mí ha sido una experiencia vital. Jamás pensé que pudiera ser como soy gracias a lo que estoy aprendiendo en este trabajo.

-¿Cuándo llega a la Plataforma de Voluntariado de Córdoba y da el salto a la de España?

-La plataforma existía como entidad, pero estaba parada. Llegué en 2008 a través de la Junta de Andalucía, en concreto de Mayte Velasco, que en aquel momento era la coordinadora de la Agencia Andaluza del Voluntariado en Córdoba. Tuvo la deferencia de buscarme para dar formaciones a asociaciones y me enseñó que lo mejor que las personas tenemos es ponernos a disposición de los demás. Uno de los intereses que ella tenía era que la plataforma de Córdoba se impulsara y que yo me involucrara. Lo hicimos con José Almagro, que en ese momento representaba a la ONCE y nos prestó un espacio. Luego alquilamos una oficina en el edificio anexo. Pepe fue presidente y yo empecé de secretaria. Hace 12 años estábamos tres entidades y hoy somos 80. Cuando Pepe se jubiló, yo accedí a la presidencia de la plataforma de Córdoba. Pero esto ha llevado un trabajo en paralelo con la andaluza, de la que soy secretaria; y a través de ella accedí hace cuatro años a una vocalía de la estatal. El trabajo durante estos cuatros años ha sido muy potente, un proceso de aprendizaje espectacular en el que he podido compartir reflexiones con personas que para mí son referentes. En la plataforma estatal me he metido en todos los charcos que he podido.

"El cambio que ha habido de la acción voluntaria en las dos últimas décadas ha sido bestial"

-¿Qué papel habéis tenido en la elaboración de la Ley Andaluza del Voluntariado?

-Una vez que se aprobó la ley estatal, en 2015, había que ir desarrollándola a nivel de comunidad autónoma. La experiencia de trabajo ha sido muy intensa. Yo soy maestra, así que no tengo ni idea de leyes, pero de repente te ves dándole fuerza a un proyecto de ley así para llevarlo al Parlamento. El trabajo ha sido duro, pero enriquecedor al máximo. Le tengo mucha estima a la ley, aunque hay aspectos con los que teníamos que haber afinado mejor, pero sirvió mucho para poder enfocar bien la acción voluntaria, que estaba muy desperdigada y obsoleta. Teníamos una ley del año 1999 o 2000, que no era especialmente antigua, pero el cambio que ha habido en este tiempo de la acción voluntaria ha sido bestial.

-¿Qué hace la plataforma de Córdoba?

-La plataforma tiene una visión clara hacia la formación trasversal, tanto de personas voluntarias como de los ciudadanos que quieren iniciarse en este ámbito y de los responsables de voluntariado en las organizaciones. Luego, hay formaciones sobre funcionamiento organizativo en general y también uno específico de las áreas de voluntariado. Por otro lado, llevamos un par de años trabajando temas generales como el desarrollo de competencias transversales que se pueden acreditar gracias a la Ley de voluntariado. Luego, somos una red de entidades, así que cuidamos a los miembros de la plataforma. Nuestra filosofía ha sido siempre trabajar para las organizaciones, independientemente de que formaran parte o no de la plataforma. De hecho, las asambleas las hacemos abiertas y hemos visto que ha habido más incorporaciones tras asistir a estas reuniones. Evidentemente, tenemos un papel muy importante de conexión entre personas y asociaciones. Estas últimas nos dicen qué necesidades tienen y, por su parte, las personas que quieren hacer voluntariado nos dicen dónde o en qué ámbito les gustaría hacerlo. Insisto, esto se hace para que tú estés feliz, porque si vas a vivir con amargura un compromiso voluntario… No le hagas eso a las personas con las que trabajas. El mayor logro de la ley andaluza es dar el derecho a la persona que recibe el voluntariado a decir si quiere que tú estés con ella. Para mí eso es vital porque por el hecho de que necesiten un apoyo no tienen por qué aguantar que esté con ellos alguien que no quieren.

Pilar Pineda, durante la entrevista. Pilar Pineda, durante la entrevista.

Pilar Pineda, durante la entrevista. / Juan Ayala

-¿Cuántos voluntarios hay registrados en Córdoba?

-No hay un registro, ya quisiéramos. Cada asociación tiene el suyo propio, supuestamente en orden y conforme a la ley. Incluso hay muchas entidades que tienen a personas haciendo voluntariado que no consideran voluntarias y, por lo tanto, no tienen su seguro. Este seguro no es para fastidiar a nadie, sino que se hace porque esa gente tiene que tener una protección y también las personas con las que va a llevar a cabo su actividad. Hay asociaciones que incluso te dicen que así no tienen voluntarios y otras en las que los socios hacen ese papel. Es más, el registro andaluz de entidades no está actualizado. En los sondeos que hacemos en Córdoba hay una oscilación de entre 3.000 y 4.000 voluntarios, pero es muy difícil saberlo. Hay que aclarar que un aspecto esencial para ser voluntario es que haya una vinculación con una organización no gubernamental.

-¿Cómo ha afectado la pandemia al voluntariado?

-Ha dado a la línea de flotación, como en tantos sectores. Hubo muchas organizaciones que tuvieron que cesar su actividad en el confinamiento, sobre todo las que no tienen a personal remunerado. Si algo caracteriza a esta actividad es precisamente la cercanía con las personas y si no podemos juntarnos, no puede haber acción. Hubo una gran reconversión del trabajo y las entidades tuvieron que hacer un esfuerzo ingente para actualizarse en cosas que no sabían manejar. En este sentido, hay que reconocer que desde las plataformas ha habido un empujón fuerte al desarrollo tecnológico, sobre todo en el aprendizaje de recursos. Por otro lado, los mayores son un sector muy vinculado a la acción voluntaria y hay algunas organizaciones de la provincia en las que son una parte fundamental y se tenían que quedar en casa. Si me preguntas, yo seguiría recomendando que se queden en casa. Es difícil, pero hay necesidad de buscar otras formas de tener vínculos. Esta situación también nos ha llevado a una avalancha de solidaridad y creo que en un tiempo se asentarán cosas que se han experimentado ahora; es decir, a lo mejor ha servido para que algunos ciudadanos entiendan que pueden hacer cosas que no pensaban que pudieran hacer. Ojalá seamos capaces desde las organizaciones de transformar esa solidaridad en acción voluntaria.

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