Semana del Donante del Reina Sofía "Si no fuera por los donantes, cuántas personas hubiéramos muerto"

Carmen Carmona, trasplantada de hígado en junio de 2020.

Carmen Carmona, trasplantada de hígado en junio de 2020.

En los últimos 20 años, Carmen Carmona ha sufrido a diario unos picores que no la dejaban hacer una vida normal. Sentía esa molesta sensación en toda su piel a causa de una enfermedad hepática autoinmune que la llevó a recibir un trasplante de hígado en el Hospital Reina Sofía hace casi un año.

Carmen, que es de Puente Genil, fue diagnosticada "por casualidad" cuando tenía 30 años: le entró un dolor en el estómago y el médico de familia le mandó una analítica que mostró niveles muy altos de los parámetros relacionados con el hígado. "Pensaban que tenía hepatitis", señala, pero a partir de una biopsia comprobaron que se trataba de una enfermedad autoinmune.

A lo largo de estos años ha tenido tratamientos con medicamentos, pero con el paso del tiempo la enfermedad ha avanzado. Los picores eran ya insoportables, "no podía dormir" y no paraba de rascarse hasta el punto de que le han quedado cicatrices de las heridas que se hacía. "Era desesperante", recuerda.

Salía poco a la calle, solo vestía con prendas anchas y no podía ni ponerse sujetador con aros porque su simple roce le provocaba grandes picores. "Me hacía sangre de rascarme, eso no era calidad de vida ninguna", explica esta pontanesa de 50 años. Además, se le había oscurecido la piel debido a su patología y ya tenía cirrosis.

"Así no podía vivir", incide Carmen, que se trasplantó el 27 de junio de 2020. Antes había estado casi año y medio en la lista de espera. La llamaron desde el Hospital Reina Sofía a las 16:00 y la sensación que le entró fue "muy fuerte". Estaba en casa con sus hijos y empezó a llorar de emoción. "Yo solo quería ponerme buena, llevaba mucho tiempo esperando el órgano", manifiesta esta cordobesa. "Yo no he vivido mi vida", le decía a su especialista, el doctor Antonio Poyato, porque llevaba desde los 30 años con la enfermedad.

"Me hacía sangre de rascarme, eso no era calidad de vida ninguna", asevera

Nada más llegar al hospital, le hicieron la prueba del covid, dando negativo, y tuvo que esperar que llegara el órgano procedente de otro centro hospitalario. Una vez que los médicos comprobaron su buen estado y la compatibilidad, Carmen entró en quirófano. De esos momentos recuerda que "estaba muy tranquila".

La recuperación comenzó en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), donde "ya me levantaron" y, tras 15 días ingresada, volvió a su casa. Tuvo "un poquito de rechazo", pero los médicos lograron controlarlo con medicamentos y desde entonces todo "ha ido bien".

"Esto hay que vivirlo; ahora tengo calidad de vida, ya sin picores, estoy súper feliz de haber tenido otra oportunidad que me ha dado la vida", resalta Carmen. De hecho, "en la UCI me habían desaparecido los picores", una sensación que "a veces pensaba que era psicológica". Pero no lo era, lo causaba su hígado. Las secuelas son las cicatrices que le han quedado de las heridas que se hacía al rascarse, "pero hoy en día no le doy importancia".

Su familia ha vivido estos años con preocupación, pero ahora "me ven súper bien y dicen que me he recuperado muy rápido", aunque ella asegura que para eso ha puesto mucho de su parte y también tiene una actitud "muy positiva" que la ha ayudado.

Su operación fue en plena pandemia, por lo que estos meses los ha vivido con mucha precaución y al principio saliendo poco, solo a espacios al aire libre donde hubiera poca gente. Ahora está comenzando a hacer un día a día más normal, está "muy feliz" y "con muchas ganas de vivir".

Tras su experiencia, esta cordobesa es consciente de que gracias a los donantes "se salvan muchas vidas todos los días y nos dan otra oportunidad de vivir". "Estoy muy agradecida, si no fuera por los donantes, cuántas personas hubiéramos muerto", concluye.

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